Wanchope escuchó a Alfaro y la siguiente pelota fue gol

Al delantero el entrenador le gritaba. Se fastidió y metió un zapatazo. Sin Benedetto, se perfila como la gran referencia del nuevo Boca.

Wanchope avanza sobre el mismo arco donde le dobló las manos a Franco Armani en la última final. Un instante antes, mira a Alfaro, que desde el banco mueve las manos de lado a lado, pidiéndole que se pare de espaldas a la jugada y pivotee. Él lo mira fastidiado, se queja de que no recibe y la pelota sigue. Marcos Díaz, el arquero suplente, se para a calentar y el entrenador lo agarra para dialogar, ahogar nervios y explicarle lo mismo que al centrodelantero. El juego se reaunuda. La jugada no tiene una alta elaboración, pero él es de los tipos a los que eso no le hace falta. Andrada saca largo y, ésta vez, lanza preciso. Nández salta, la peina y la bola le cae el delantero. Gira hacia el arco. En los videojuegos seria como que aprieta un botón para ir más rápido. Se arrastra una marca como si fuera un tren y Márcio Azevedo queda en el camino. Ni mira al arco. No importa a qué lugar va a ir la pelota. Lo fusila. Santos no va a poder hacer nada de nada.

Wanchope ya vio cómo la pelota entraba al primer palo, abre los hombros como para abrazar a toda esa tribuna a la que minutos después se quedará mirando embobado. Parece tan fuerte que Nández se le cuelga y no lo puede frenar. Siguen llegando compañeros y lo tumban en el piso. Al rato, va a acercarse al banco de suplentes a pedir algo para el dolor que le quedó en la mano porque un compañero lo pisó sin querer. Fue una avalancha sobre su cuerpo. Una tan potente como el viento que lo arrastró hasta el arco rival.

Se levanta y abraza a Carlos Tevez, su amigo fiel. No había estado cómodo Wanchope en algunos trampos del partido: insultó al aire, en el primer tiempo, cuando hizo un mal control y frenó un contraataque. Le dio un pase magistral a Nández en el minuto 16, cediendo su egoísmo. Pero el gol lo empuja. En la pelota siguiente al 1-0, recibe en el área, engancha, deja pintado a un rival y habilita a Zárate. Por la mañana, Benedetto se entrenó en Boca pero parece que emigrará a Europa. Los xeneizes incorporaron a Hurtado, de Gimnasia, para competirle en el puesto. Sin embargo, Ramón Ábila no va a ceder ni un tantito así su lugar: lo pagará con goles.

Wanchope está en Boca y va a ir por todo. Festeja los goles mirando a la tribuna, poniéndose una mano en la zona del bigote que no tiene. Las lesiones que nunca había tenido antes de haber llegado al barrio sur de Buenos Aires lo complicaron. Ahora el esquema lo favorece. El equipo de Alfaro necesita de un centrodelantero que se pelee con los defensores rivales, que gane de arriba, que juegue de espaldas y que patee fuerte y rápido. En el nuevo Boca, ese es el estilo que se pide. Él demostró estar para hacerse cargo.

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