Universidad Católica le robó la solidez a Gremio

En el primer tiempo, jugó con la posesión de la pelota. En el segundo, se replegó. Nunca estuvo nervioso y ganó un partido clave.

Jorge Sáez mueve las manos y agita a sus compañeros: "Dale, dale, no aflojemos, dale". El estadio corea su nombre. Gustavo Quinteros lo abraza y lo elogia al oído. Es el minuto 44 del segundo tiempo y la concentración se asume como una biblia indiscutible. El compromiso se ve en la corta distancia que hay entre las líneas del equipo: del arquero hasta el centrodelantero todos se mueven en pocos metros. No hay espacio para que les roben el resultado. Las manos de la hinchada flotan en el aire. Universidad Católica parece haberle absorbido todas sus virtudes al rival que tiene en frente.

Porque ésta victoria quedará para siempre. En el primer tiempo, el convencimiento de moverle la pelota a un rival que, en las últimas ediciones de la CONMEBOL Libertadores fue campeón y semifinalista, es más que destacable. En el segundo tiempo, el orden para que los rivales no puedan venirse encima es todavía más complejo. Ambos escenarios funcionan a la perfección. Nacen en todos los cruces de Benjamín Kuscevic y de Germán Lanaro. En el movimiento pendular de Aued, Pinares y Fuentes. En el desequilibrio de Puch y de Fuenzalida. En la definición certera de Sáez. 

Católica demuestra la importancia de lo anímico. Sus primeros 5 minutos en esta Libertadores fueron lamentables: perdía, contra Libertad, 0-2. Dos partidos más tarde acumula dos victorias claves. Los Cruzados vienen de ser campeones del torneo chileno, pero sufrieron un cambio de mando. Quinteros logró darle su propia impronta al equipo. Sumó posesión de pelota y convenció al equipo de juntar algunos pases más para no depender tanto de las transiciones veloces de Puch y Fuenzalida. Adaptó el esquema para que los dos centrales, precisos aunque lentos, pudieran lucirse. "Que se paren los Cruzados", grita la hinchada. Que se paren, porque esta historia recién comienza.

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