Una sonrisa exactamente así: River se entrena en Lima

Quintero y Gallardo con toda la alegría. Los futbolistas se hicieron bromas en el entrenamiento. El campeón disfruta la previa.

Una sonrisa exactamente así es el fútbol. Porque, más allá de la presión de los corazones y de los kilómetros viajados y los pesos gastados, esto es una fiesta. Juanfer tiene escrito en sus botines amarillos su sobrenombre. El de la izquierda el apellido y el de la derecha su apodo. Baja acelerado del micro y frena para saludar a un viejo amigo. Se ríe. Se saca fotos con un seguridad. Cómo se puede jugar una final de Libertadores sin perder la esencia del niño de Medellín. No sentir la presión que la última final fue por tu gol o porque la rodilla una tarde traicionó y se tomó vacaciones. Los tipos como Quintero hacen al fútbol y la pelota la inventaron para ellos.

El primero en bajar del micro es Marcelo Gallardo y estira la mano para saludar al personal del Matute de Alianza Lima. Luego agarra sus botines, blancos y con el talón cortado. Los 10 siempre tienen estilo. River parece de buen humor. calma. No con la alegría carnavalesca de Flamengo. Los países diferentes hacen a estilos diversos. El buen humor no tiene que ver con bailar y Gabigol parece siempre de zamba. Alguna vez, Ponzio explicó que él, como capitán, aprieta en el entrenamiento del día anterior y en el partido. Quizás, los ojos cambien y se vuelvan furia. Pero, por ahora, reina la simpatía en el estadio de Alianza Lima.

Al Matute le cambiaron el césped hace poco y es un billar. Los hinchas de Alianza suelen sentirse representados en Boca, pero el club está emocionado con la aparición del último campeón de América. La enorme delegación de River recibe una bienvenida de lujo. Afuera esperan hinchas peruanos con la camiseta de su Selección asegurando que es la misma que la del Millonario. Lima late la final.

El estilo de futbolistas oficinistas es una marca de elogio al intelecto de un equipo durísimo de la cabeza. River toma carrera para otra parada brava. En Lima arrancó su historia y aquí termina. Las únicas dudas son las religiosas que creen en la infinita sapiensia de Gallardo. El resto es lo de siempre: que la gente crea porque tiene en qué creer.

Cerrar