Una clase de fútbol con Daniel Garnero: "Maradona hubiera sido como Messi o más"

El entrenador de Olimpia habla sobre cómo se entrena la pegada. Cuánto le importa la estética. Su idolatría por Maradona y por Menotti.

Usa las palabras como si nunca hubiera salido del sur de la Provincia de Buenos Aires de hace algunas décadas. Tiene esa simpleza barrial de los soñadores capaces de explicar las cosas sin usar otro recurso que el barro clavado a los botines. Veinticinco años de su vida los pasó en Independiente. Quien sabe si las calles de siempre son una cárcel o un hogar, pero Daniel Garnero demuestra, en su andar por los pasillos del estadio Manuel Ferreira, que se puede entender otro país, ser tricampeón con Olimpia y seguir siendo el mismo. Sin colgarle soberbia a sus pensamientos, entrenador y enganche de lujos, permite abrir la bitácora de sus pensamientos futboleros.  

- Alguna vez, Gabriel Milito dijo que vos tenías la virtud de ser un líder sin tener que levantar la voz.

- Está bueno lograr eso. Nunca me lo propuse. Ahora que me lo decís, trato de ser escuchado sin levantar mucho la voz. A veces, es necesario levantarla. Pero cuando uno levanta la voz es porque está enojado y siempre es mejor tomar decisiones sin estar enojado.

- ¿Cómo te construís como líder?
- Nunca me propuse ser líder. Lo que pasa es que las obligaciones te vuelven. Me gusta involucrarme mucho en lo que hago. Yo estaba en el club (por Independiente), hubo recambio de futbolistas, yo seguí estando y pasé a ser uno de los más grandes. A mí me gusta involucrarme con los problemas de algún chico, de algún juvenil, hablar con los dirigentes, pelear algún premio. No me gusta sólo escuchar, me gusta involucrarme. Y ahí en Independiente fui quedando. En un momento era uno de los únicos grandes. Había muchos jóvenes de esa camada, como Gaby Milito, Diego Forlán, Matías Vuoso, el tano Pernía. Eran chicos que se veía que tenían un futuro bárbaro. Independiente es difícil de sostener con irregularidad de resultados y no pudimos sostenernos.

- ¿El enganche siempre tiene una personalidad específica?
- A nivel juego, es necesario. Porque el enganche es el que maneja el ritmo de un equipo. El que tiene que decidir cuándo acelerar y tener la precisión justa para sacar ventaja en el juego. Me parece que, con mayor o menor personalidad, el que juega de enganche se tiene que hacer cargo de la situación.

- Veía en una entrevista que, cuando eras pibe, antes de Independiente, jugabas con pibes más grandes, ¿cuánto te enseñó eso?
- Viste, en el barrio es así. En el colegio, era así: había campeonatos y, si quedabas eliminado, los más grandes te invitaban a jugar. Yo estaba en tercer grado, pero capaz jugaba para séptimo. En el barrio también. Casi todos los hermanos eran cinco o seis años más grandes que nosotros, entonces jugábamos con ellos. Se nos hizo costumbre. Era muy común. La verdad es que eso también te forma el carácter, la personalidad para saber jugar. Los más grandes te hacen saber que son más grandes.

- ¿Tus referentes futbolísticos?
- Yo, cuando empecé a jugar, era el esplendor de Diego. Maradona era obnubilante. No quería ser Maradona porque era imposible, pero me gustaba eso de hacerse cargo de todo. Era el líder juegue con quien juegue. No sólo porque era el mejor, porque era el líder. Ese tipo de cosas me gustaban mucho. Y, después, cuando me entrenaba en Primera, haber tenido al Bocha de compañero me hizo ver muchas cosas. Como espectador, quizás, no me llamaba tanto la atención, pero como compañero me llamó mucho la atención. Hacía cosas muy fáciles, que yo quería hacer y era muy difícil y él lo hacía con una naturalidad. Después, los compañeros que me formaron como líder fueron el Moncho Monzón, el Luli Ríos. También el regreso de Jorge Burruchaga, un futbolista del club y un fuera de serie. Quizás un futbolista con menos chapa que otros, pero a la altura de los que mejor vi jugar al fútbol.

- ¿Todos esos enganches jugarían en el fútbol de hoy?
- Yo no sé, pero el resto pienso que sí. Se adaptan a todo. Los partidos anteriores a nuestra época vos lo ves y era otro ritmo. Comparás a Pelé con Maradona y los ritmos de cómo marcaban a Pelé eran diferentes a los que marcaban a Maradona. Pero Pelé hubiera jugado igual, se hubiese adaptado. Hoy quieren comparar con los ritmos de Maradona y de Messi. Y Maradona hoy hubiera sido como Messi. O más. Sin ningún tipo de problemas porque creo que los buenos futbolístas se adaptan a las circunstancias.

- ¿Vos te adaptarías?
- Yo no sé. Sería dificílisimo. Hoy hay mucho ritmo. El primero que no corre sale. Es una complicación. No sé. Hoy, antes que futbolistas, son atletas. A mí me hubiera costado. 

- ¿Sos permisivo con el que no corre?
- Sería, si fuera efectivo. Si sirve. Román fue uno de los jugadores que mejor vi jugar al fútbol en Argentina. Y no necesitaba demasiados traslados. Él era muy claro. Sabía cuándo sí, cuándo no. Cuándo jugar de primera y cuándo el lanzamiento preciso. Es raro. No podría hacer una comparación de verme jugar hoy. Hoy veo entrenamientos a una intensidad y a un ritmo que, quizás, no se hacen del todo bien, pero yo no podría sostenerlo.

- ¿El enganche es hoy el que juega en el 4-2-3-1 detrás del 9? ¿O es más un interior?
- A mí me gusta la idea de meterlo al lado opuesto. No me gusta tener gente por afuera tipo carrilero. Me gusta que se metan a jugar. A los futbolistas que ubico por afuera les busco característica de enganche. Y, si juegan con pierna cambiada, mucho mejor todavía, para tener siempre un mejor panorama para asistir al lado opuesto o para terminar de cara al arco o para el desdoble del lateral. Hoy, quizás, no juego con un enganche definido, porque quizás necesitamos cubrir defensivamente el campo de juego de otra manera.

- ¿Qué característica debe tener el buen armador de juego?
- Hoy, como se juega tan rápido, hay que mirar antes, tener un buen toque de primera, no se puede desperdiciar un tiempo con un control, entonces tenés que hablar bien con compañeros para que haya un buen circuito cosa de que le llegue la pelota por bajo, que no le pique antes. Todo ese tipo de cosas que te hacen pensar en el control y no en la ejecución de la jugada. Hoy hay que estar mucho más rápido en ese sentido.

- ¿La pegada se entrena o viene con uno?
- Las dos cosas. Viene, porque hay algo genético. Se mejora sin ningún tipo de duda.

- ¿Vos la trabajabas?
- Yo siempre pongo el ejemplo. En inferiores, el Chivo Pavoni me insistía y me dio un par de tips para pegarle de una manera o de otra. Nunca llegué a igualarlo, porque lo del Chivo era increíble. Te decía: “¿Querés pegarle así?” Y la colgaba de un ángulo. Tenía muchas variantes. Pero el entrenamiento es fundamental. Vos tenés tu manera, está bueno que te sugiera algo, pero cada uno tiene su manera de entrarle a la pelota. En 1994, en Independiente, teníamos grandes pateadores. Estaba José Serrizuela y Perico Pérez que habían hecho goles de tiro libre en toda su carrera y en el mismo torneo. Miguel Brindisi, durante todo el año, no me dejaba ir y me mandaba a patear. Y yo pensaba: “¿Para qué voy a hacerlo si después estos dos se pelean por quién patea?”. Y mirá cómo son las cosas, en el último partido en Huracán, agarré la pelota, ninguno de los dos dijo nada, pateé e hice el gol. No fue casualidad. Miguel me insistió. Yo le estaba agarrando la mano. Porque pateás de una manera y decís así sí o así no. A entrarle de una manera y la pelota termina yendo a dónde vos querés.

- ¿El entrenador que más te marcó?
- El Flaco Menotti. Siempre digo que al Flaco lo entendí más siendo entrenador que cuando era futbolista. El Flaco decía cosas que estaban en un nivel muy alto y yo no lo interpretaba del todo. Y hoy me doy cuenta de todo lo que me quiso decir en diferentes momentos y trato de transmistirle lo mismo, pero no con esa frecuencia. Es un tipo que ve el fútbol de una manera muy sencilla. Se basa en eso. Yo escuché una frase suya que me me deja muy marcado lo que pienso: “Jugar bien al fútbol es fácil, jugar fácil al fútbol es muy difícil”. Los equipos que logran jugar fácil son los mejores. 

- ¿Recordás alguna frase que te haya dicho? 
- Yo siempre me cargaba de la responsabilidad de que todas las pelotas que yo tocaran fueran de gol. No es siempre es así. Y el Flaco me dijo: “Vos te pensás que Beethoven fue y se sentó y tocó la Novena Sinfonía. No. Beethoven fue y tocó y tocó y en un momento le salió la Novena Sinfonía. Vos tenés que jugar y jugar y va a llegar el momento”. Uno, a veces, por ser rápido y vertiginoso se equivoca. Entender eso lleva un tiempo y, cuando lo entendés, ya estás sentado de este lado.

- ¿Cómo se trabaja que un jugador pueda ver espacios?
- Los espacios los tenés que fabricar. Debe haber movimientos sincronizados y precisión en ese toque. Y tiene que haber jugadores que en el mano a mano estén libres, no sólo en el mano a mano de frente, y tener un jugador que pueda girar con un jugador de espaldas. Los jugadores que logran eso son los que generan espacios donde al rival le resulta más incómodo.

- ¿Cuánto te importa la estética en el juego?
- No es que le doy la prioridad, pero yo creo que jugando bien y fácil es muy lindo. Yo quiero ser efectivo y quiero ganar, pero si jugás bien tenés más chances. Y si jugás bien y fácil, no tengo dudas de que jugás lindo.

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