Talleres presionó con la táctica, con la gente y con el corazón

Un gran esquema táctico y la inteligencia de los jugadores sirvieron para complicar a Sao Paulo. Los golazos sirvieron para abrir la Fase 2.

Juan Pablo Vojvoda sabía que tenía que cortar los circuitos de juego de Sao Paulo. Entendía que el Mario Alberto Kempes ardería de pasión. La gente iba a empujar. La ansiedad sería enorme. El entrenador comprendió eso a la perfección. Organizó el equipo desde ahí: presión, presión y presión. Las piernas y el corazón de los jugadores de Talleres le respondieron.

Ningún sistema puede sostenerse sin corazón, pero mucho menos sin inteligencia. El mediocampo de Talleres tiene dos vértices con una diferencia de 18 años entre sí: Andrés Cubas, de 22 años, y Pablo Guiñazú, de 40. Ambos, a pesar de la diversa experiencia, gozan de una inteligencia clave para entender el juego. Lo cual no significa siempre ver pases. También es encontrar el momento justo en que se deben activar las presiones y los achiques de cancha.

Sao Paulo no pudo salir jugando, prácticamente. Talleres siempre ahogó la salida de los brasileños. Aprovechó el despliegue de sus jugadores y convenció a Dayro Moreno de que había que correr en cantidades industriales. Lo hicieron y apabullaron. La clave estuvo ahí: generar incomodidad para que los paulistas no encontraran, por ejemplo, a Pablo, un delantero de una clase extraordinaria que puede complicar en cualquier momento.

Guiñazú y Cubas cortaron 15 ataques de Talleres. Frenaron exactamente esa cantidad de transiciones. Ellos dos permitieron que sus compañeros brillaran en el mediocampo: justamente, Tomás Pochettino y Juan Ramírez convirtieron los golazos que sellaron la victoria de la T.

 

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