Soldano: el obrero invisible de Boca

La paloma que presagió su gol. El festejo al cielo. La labor en Boca. El taxi en Atenas. A qué juega el centrodelantero de Boca que toca menos la pelota que su arquero.

Cada vez que Franco Soldano cuenta una anécdota, pareciera guardar en su discurso los vicios de un director de cine. O de un periodista o de un investigador. Como si lograra captar lo invisible de una escena y los detalles que construyen una historia. Sobre el 20 de julio de 2015, en el barrio de La Paternal, cancha de Argentinos, cuando encaró, pateó, se la atajaron, el arquero desatendió a la pelota, él lo vio, corrió, agarró el rebote, volvió a patear y la metió, relata: “Soñé muchas veces con el primer gol en Primera y nunca en los sueños fue tan feo como definí”. Ya en el segundo tiempo, pudo llevarse otra imagen a la almohada: Unión ganó 2-0 y él metió los dos. Y aunque el episodio le haya despertado felicidad, su relato, en un estudio de radio al que acudió personalmente, ya demostró una característica suya: poder diferenciar entre la belleza y lo estructural.

Soldano es cordobés y encontró su primer lugar en el mundo en Unión de Sunchales, una ciudad de Santa Fe, famosa por ser la cuna de una de las empresas lácteas más fuertes de Argentina. En ese tiempo, se fue a probar a Newell’s, a Belgrano y a Boca. Y en algún lugar le pusieron el visto bueno. Pero algo sintió. Otra vez, un detalle. Le dio miedo y decidió quedarse donde estaba. Ricardo Pancaldo, uno de esos señores con olfato para sentir el talento, entrenador nómade, dirigía a Libertad, el otro equipo de la ciudad. Unión de Sunchales estaba en una categoría más baja, pero tenía dos delanteros de nivel: Soldano y Molina. “Lo vi moderno en su juego. Tenía recuperación rápida entre los defensores rivales. Cuando le lanzaban peinaba bien. Y entonces me tomé el atrevimiento de un día llamar a Luis Spahn, presidente de Unión de Santa Fe, y recomendárselo”, recuerda.

Aunque de chico hay fotos que certifican que era de Boca y él confiese que tenía de referente a Martín Palermo, tuvo que bajarse del pedestal de los sueños y destacar su condición de delantero obrero. Leonardo Madelón encontró en él lo que quería, un talentoso con despliegue físico para ganar espacios y para recuperar pelotas: “Nos inculcó que quería algo más de los delanteros, además de convertir. Nos preparó para esto”, explicó Soldano sobre el juego del entrenador. Y, desde ahí, profundizó en su terreno narrativo. El de los detalles. Para hablar y para jugar. Una profesión que la jerga futbolera denominó “el trabajo sucio”.

El de qué se trata lo explicó el propio Soldano mejor que nadie días después de salir campeón con Boca. Del mediocampo hacia adelante, el equipo de Miguel Ángel Russo tiene forma de estrella: dos bases -Campuzano y Pol Fernández-, dos costados -Villa y Salvio- y una lanza -Soldano-. En el corazón de esa forma, está la razón de ese ecosistema: Carlos Tevez. El alma que todos cuidan. Y hay en Soldano un entendimiento de ese sistema astrónomo que va más allá de un talento o de un despliegue físico: su personalidad está preparada para trabajar en lo que no se ve. Aunque eso lo lleve a partidos como el último de la Libertadores, contra DIM, donde tocó menos de veinte veces la pelota y dio menos pases que Esteban Andrada. “Yo sé que generándole espacios a Carlos puede hacer una diferencia”, explica y eso es un sacrificio en la obra de teatro: nadie paga la butaca para ir a estudiar al que no toca la pelota. Se va al estadio por sentimiento o por arte. A un amigo, una tarde, le confesó que lo hermoso de todo esto es que cada quince días él va al lugar que siempre soñó. A Soldano, La Bombonera le alcanza como razón para ser actor secundario. Para eso, hay que saber mirar la vida. 

Llegó a Boca cuando emigró Darío Benedetto al fútbol francés. Uno de los centrodelanteros más estéticos de la última década de Argentina. En un club todavía groggi por haber perdido la final de la Libertadores contra River. Era momento de silencio y de trabajo. Soldano estaba viajando en taxi por las calles de Atenas, donde queda el Olympiakós, el club griego que lo compró a Unión de Santa Fe. Le sonó el teléfono y del otro lado estaba Nicolás Burdisso, exmanager de Boca. Jugaba poco ahí, pero a la vez, admitió, que estaba aprendiendo muchísimo. La vida va y viene. Una semana después, sin las grandilocuencias populares que suele tener todo lo que roza Boca, apareció como titular. Gustavo Alfaro, el entrenador que llegaba para sanar los dolores, necesitaba a alguien así.

No se trata de casualidades. Sino de mirar la vida en sentido panorámico. Su mamá murió cuando él tenía 19 años, pero él se encarga de llevarla siempre de alguna manera. Adonde va, elige el número 27 como carcaza, porque es el día en que ella nació y, también, falleció. Una noche, contra Independiente, jugando para Unión, su papá fue a verlo y le contó que sobre el travesaño para donde atacaba se posó una paloma. Al minuto, hizo un gol. Soldano lo siente como una señal. Por eso, cada vez que festeja un grito, señala al cielo para dedicarlo y abrazarse a su historia.

Pero no es el único episodio esotérico que marcha con el aura del delantero. Bajó del micro, iba caminando por los pasillos de la Bombonera, y en la zona donde se ubican algunos hinchas o periodistas, cambió de música en el celular y, en ese lapso entre tema y tema, en el silencio, escuchó que un cura lo llamaba. Se acercó y el sacerdote le preguntó si podía bendecirlo. Le dijo que sí, no perdía nada. Unas horas después, metía su primer gol en La Bombonera, contra Atlético Tucumán.

Hay gente que anda por la existencia sin mirar demasiado las cosas que ocurren. Suceden y ya. Soldano va más allá de la naturaleza. Vive observando. Aprende de lo que ocurre. Es consciente de su rol y convive. Es difícil decirle talento al sacrificio, pero hoy los entrenadores del continente andan fanatizados con este tipo de delanteros, modelo Rafael Santos Borré, capaces de sumarle a la técnica el roce de ser el primer defensor, el desmarcador perfecto o el trabajador invisible. Desde ese rubro, el centrodelantero titular de Boca defiende el lugar ganado. Quizás, en ese laburo sobre el detalle, también haya arte.

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