Miguel Ángel Russo: "El fútbol ha cambiado: es mucho más vertical, pero mucho más impreciso"

El entrenador de Boca explica cómo se arma una charla, por qué decide volver a exponerse al fútbol argentino y analiza los cambios en la sociedad.

Es difícil encontrarle las nostalgias a alguien que hace más de 30 años tiene el mismo trabajo, pero a Miguel Ángel Russo le regalan un póster con una foto suya, en 2007, con la Libertadores en la mano y se la queda mirando -sin exageraciones- 10 minutos. Sonríe, encadena onomayopeyas y le muestra la imagen a sus compañeros como si fuera un recuerdo que se le hubiera olvidado.

- ¿Qué recuerdo le genera?
- Más que recordarla la quiero volver a vivir. Es la diferencia. La quiero volver a tener de la misma forma, de la misma manera.

Russo (63 años y 18 equipos dirigidos) le conoce hasta el polvo de los sótanos al fútbol. Es lunes a las 11 de la mañana, a las 4 de la mañana se bajó de un avión desde Córdoba, el equipo hoy no se entrena, pero él se acerca a Casa Amarilla para dar un par de entrevistas. Concibe a la relación con la prensa como un gajo más de este oficio. Está en los detalles, no rifa un milímetro, pero tampoco se exaspera. Boca trajo a un entrenador que ya sabía cómo era ser entrenador de Boca. Este es su manual.

- Desde el momento en que decide ser el técnico de Boca, ¿cuánto y cómo piensa la primera charla con los jugadores?
- La imagino. Hay que tener los conceptos y la forma muy claras. Porque, más allá de que en el fútbol nos conocemos todos, en realidad no nos conocemos hasta que compartimos situaciones. La idea es meterte lo más rápido posible. Es la etapa más difícil. Después viene todo lo demás, que es buscar el conocimiento de cada uno a nivel grupal e individual.

- ¿Cuál es la clave para que le crean?
- Ser de una manera y no cambiarla. Mantener una línea y un equilibrio. El respeto por sobre todas las cosas. Y después, manejar como nos manejamos, con simpleza.

- ¿En qué momento de su carrera usted sintió que podía organizar gente?
- Mi club, Estudiantes, me preparó. Tuve grandes entrenadores: Carlos Bilardo, Eduardo Manera. Mi club es formador de entrenadores por doquier. Es la escuela de Osvaldo Zubeldía. Una formación humana y de vida. Yo ni mi cuenta me di y me fueron formando.

- Dirige hace tiempo, ¿cómo se adapta a hablarle a los pibes?
- Es una etapa difícil de la sociedad. Especialmente en Argentina, con muchos cambios sociales. Te tenés que adaptar, lo tenés que entender. El futbolista es alguien igual que el resto del mundo. A ver, la gente a veces pretende que no sean iguales al chico de 15, 18 o 20 años. Es igual que el que camina por la calle, el que va a la secundaria o a la facultad o trabaja en un banco o en una fábrica. Está en nosotros inculcarle lo que es esta profesión, lo que es la forma y cómo son los manejos. Que es lo más difícil. Ni todos los días podés hacer todo, ni todos los días podés hacer nada. Encontrar el punto de equilibrio es lo más difícil porque para eso tenés que meterte en un tema más social. Tenés que preguntar. Ilustrarme de muchísimas situaciones con gente que sabe más que yo de tratar problemáticas sociales. Esto va más allá de hacer un entrenamiento bueno, otro tipo de planificaciones. Entender los momentos y los tiempos es una de las claves en las sociedades y han tenido una constante evolución o involución, depende cómo cada uno lo mire. Y los jóvenes que juegan al fútbol no están exentos a nada de eso. Al contrario. Son los que, a lo mejor, más lo representan a todos los demás. 

- ¿Cambió más el juego o la sociedad?
- La sociedad ha pegado grandes cambios y el juego también ha cambiado. El juego ha cambiado y es mucho más rápido, mucho más vertical. Mucho más impreciso también. Cuesta mucho entender y manejar los tiempos. En definitiva, lo que más ha cambiado es que vivimos una sangría permanente que no es bueno para un nivel que pueda tener un fútbol como el argentino, aunque hablo también de todo Sudamérica. 

- Y si se vive en esta sangría, ¿por qué los entrenadores tienen esta adicción a esta locura?
- Yo no sé si los entrenadores tenemos locura o algo. Cada uno tiene su manera, su forma. Sé que el entrenador argentino vive produciendo situaciones. Hay equipos que, principalmente los europeos, mantienen una línea.Son muy pocos los cambios. Acá cada seis meses tenés que armar un equipo nuevo. Y se te van y la posibilidad económica y el hecho de Europa te seduce o si no te seduce China o si no Arabia. Hoy hay muchos mercados que te juegan en contra. Nosotros necesitamos organizarnos cada vez más.

- ¿Pero por qué usted elige esta sobreexigencia?
- Porque me gusta. Porque amo esta profesión. Amo el fútbol. Mirás toda mi vida y siempre he estado detrás de una pelota. Es mi vida, pero mi vida en un plano de profesión, de trabajo, de que me gusta, de que ha tenido grandes cambios y hay que saberlos entender. A esta profesión hay que saberlo entender en forma y en lugar. Esperar los tiempos. Nada es de la noche a la mañana y en esto hay que tener mucha tranquilidad y mucha cabeza fría.

- ¿Podría elegir un lugar más tranquilo?
- Y pero no sería yo. ¿Sabés lo que es no ser vos? Uno tiene que tratar de intentar ser uno. También me ha tocado armar clubes y no he tenido problemas. Siempre era yo. En ese sentido me ha tocado ir a Central a pelear un ascenso. Estaban fuera de la lógica, pero entendía lo que había que hacer. Estaba convencido de que ese era el momento para eso. Si no, digo que no. Me ha pasado de decir que no. 

- Nunca parece Russo un tipo desesperado, ¿trabaja en eso?
- No te creas. Cada uno tiene su catársis propia en eso. Normalmente la demuestro para adentro. Si uno dijera todo me da lo mismo es mentira. Uno gana y pierde. Y te duele perder y te gusta ganar. Esto es así. Cuando pierdo, agacho la cabeza y digo en qué me equivoqué. Y cuando gano hago exactamente lo mismo.

- ¿Se esfuerza en esta tranquilo al lado de la cancha?
- El hecho de tener mucha exposición marca las diferencias. En esto, cada uno lo siente como quiere. Ni el que esté parado no lo siente ni el que camina lo siente distinto. Tenemos mucha exposición hoy en día y es normal y natural. Si yo pretendiera dirigir a Boca y no estar expuesto me miento a mí mismo. Pero es normal: lo exige la circunstancia y la forma de ser.

- Dice que la vida y el fútbol cambiaron, en 2007 ganó la Libertadores con Ever Banega como volante central y con Juan Román Riquelme como enganche, ¿hoy los volvería a poner?
- Si tuviera a Banega de 5 y a Riquelme de 10 los pondría. Pero no me gusta hacer estas comparaciones con el pasado. En esas charlas de café, que yo viví, la gente con más edad que yo me decía "No, antes sí jugábamos al fútbol". Y yo decía: "¿Cómo antes sí? ¿Y ahora a qué jugamos?". Eran esas discusiones eternas de barrio, que a mí me encantaban, la cual adoro y a veces extraño. Pero uno tiene que saber los cambios y mirar y no decir lo que yo hacía.

- ¿Qué es ganar la Libertadores con Boca?
- No tiene, a ver, no tiene una palabra que te la defina. Ganar la Copa Libertadores no tiene un slogan ni una definción. Son cosas que, con el tiempo, le pondría un nombre distinto. Sería bello, lindo, hermoso. Cualquier frase de cualquier cosa. Es algo difícil, que gracias a dios me ha tocado ganarla. Le toca a muy pocos. Somos privilegiados.

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