Román Martínez le devuelve el favor a Almirón

El entrenador lo trajó desde la B Nacional y metió el gol cuando el equipo llevaba 16 partidos sin ganar. El armador de San Lorenzo fue la figura.

Román Martínez veía la vida en Lanús sentado en el banco de suplentes. Tras ser subcampeón de la Libertadores en 2018, Ezequiel Carboni decidió que el mediocampista fuera suplente. Lo querían equipos de tres países diferentes, pero su hijo vivía en Buenos Aires y él no quería alejarse. Fue a Deportivo Morón, del Nacional B y perdió ritmo y continuidad. Seis meses después, con su llegada a San Lorenzo, Jorge Almirón lo rescató y lo devolvió a la Primera. Pero, en su primera semana entrenándose en la segunda categoría, cuando se fue a Morón, no dudó cuando le preguntaron cuál fue el mejor entrenador que tuvo: "No puedo calificar a otro entrenador después de tener a Almirón. Es el mejor. En trato, ejercicios, enseñanzas, en su estilo, personalidad. Es abierto, escucha, y si tiene que cagar a pedos al más chico o al más grande, lo hace. Lo principal es que siempre piensa primero en su equipo en lugar del rival. Puede modificar su manera, pero después el rival. Ojalá sea el técnico de la Selección".

Román guarda en sus pies los días felices de Almirón. Aunque hablar de sus tobillos es impreciso: la cosa, a los 35 años, está en sus ojos. Decía Eduardo Coudet, hace algunas semanas en la Superliga Argentina, en referencia a Darío Cvitanich y a Lisandro López, que la pelota no pide documentos, pero que, entre los 30 y los 35 años, los futbolistas llegan a su plenitud por su capacidad de entender previamente la jugada. El 27 de marzo, el armador de San Lorenzo soplará las 36 velitas. La magia no se la ha ido.

A los 78 minutos, Martínez le devuelve a Almirón lo que le debe. Porque sobre el entrenador de San Lorenzo pesa una dura estadística: 12 partidos sin ganra. Desde el primer tiempo, tiene un jugador de más. Delante tiene a Junior, que llega a Buenos Aires sin Teófilo Gutiérrez, su figura. El gol es indispensable para que el entrenador no pierda el cargo. Los nervios vuelan por el Nuevo Gasómetro. La gente está impaciente. Tanto stress se siente en la claridad. Nada sale, hasta que Román combina con Reniero y meta un derechazo impresionante. Uno que se parece bastante a un gol que hizo por el torneo local, hace algunas semanas, contra Argentinos. 

San Lorenzo ejece, por definición ideológica, un juego de posesión de pelota. El esquema, en general, es 4-3-3 o 3-4-3. Román Martínez es el enlace. Una especie de enganche, pero unos pasos más atrás. "No quiero jugar más de enganche. Porque mayormente jugás de espalda, tenés que ir buscando la posición en la cancha. No digo que más retrasado no la encuentre, pero me ubico mejor de frente. Hay otros que tienen más poder de enganche, que cubren la pelota con la espalda. Hoy me siento un volante que ayuda a atacar y defender", declaró hace un tiempo. Sin embargo, cumple esa función. Es el armador de juego de éste equipo.

Almirón se lo agradece.  

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