River le dejó una lección a Liga de Quito

En un primer tiempo donde los de Pablo Repetto dominaron, los visitantes no acertaron en el momento justo y se llevaron la peor parte.

Franco Armani ya tiene la voz gastada pero vuelve a gritar: "Javi, andá a la izquierda". Pinola camina unos pasos y escucha: "Pero no tanto". Le responde, ya fastidiado: "Ya no sé adónde querés que vaya". Marcelo Gallardo, desde un costado, abre los brazos molesto con Milton Casco: "Chanchi, ¿para qué vas para adentro?". River transcurre el primer tiempo incómodo. El arquero está desesperado: Julián Álvarez y Matías Suárez no logran marcar el avance de los laterales rivales, los marcadores de punta locales cuando salen quedan pagando, la ausencia de Martínez Quarta se siente como si fuera agua en el desierto. El primer tiempo tiene atajadas espectaculares. Liga de Quito no aprovecha su supremacía. Eso es mala palabra contra el subcampeón de América: si no le pegás a tiempo, ya no le vas a bajar los dientes.

Nacho Fernández sufre un golpe que lo margina del partido. Entra Santiago Sosa y la historia cambia. River se pone de pie y eso ya es mayúsculas. El equipo de Pablo Repetto adquiere un aprendizaje: a los gigantes, no hay que darle una doble vida. Eso no quita la capacidad para llevar adelante el primer tiempo: amplio en las bandas, juego fluído, ataques profundos. Tiene tres situaciones claras que no resuelve. Armani se luce. Los ecuatorianos no pusieron hacer valer el desconcierto de los locales: una situación que ocurre poco, gritos por todos lados, enojo por el orden de la presión, pedidos de mayor intensidad. 

Saber llevar los momentos es parte del juego. Sobrevivir a eso es fundamental para disputar la Libertadores. River entiende de memoria los abc de esta competencia. La jugó tantas veces que entiende cómo no desesperarse cuando las cosas no salen. El caos existió apenas un rato. Las manos de su arquero son parte del resultado. En este caso, su voz para transmitir orden también sirvió.

El segundo tiempo lo tiene a River certero. Sosa, un futbolista estudiado por los scotus de todo mundo, es originalmente volante central, pero la intensidad de sus 21 años le sirvieron para achicar márgenes. Ser interior derecho y ser volante a la vez. Llegar a capturar ese lejano espacio que quedaba cuando los laterales de Liga de Quito avanzaban libremente. Su incursión en el segundo tiempo levantó el humor de un equipo que no estaba funcionando. La lección es para Liga: nunca dejes vivo a un gigante.

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