Ricardo Oliveira gritó dos veces más y a los 38 años sigue haciendo historia en la CONMEBOL Libertadores

Hizo los goles de Atlético Mineiro y fue una de las figuras del cruce contra Danubio en la ida. En la vuelta repitió la marca.

Ricardo Oliveira juega al fútbol hace tanto tiempo que hace dos años, antes de jugar un partido contra Independiente Santa Fe por la CONMEBOL Libertadores, la voz del estadio pidió por un minuto de silencio por la muerte de Ricardo Oliveira. Sonaron trompetas y todo. Él estaba parado en el círculo central y, luego, aseguró no haberse percatado. La gente rezaba, acongojada. Él estaba allí parado, preparado, para jugar la Copa con la camiseta de Santos. Una competición en la que es especialista: con los cuatro gritos contra Danubio en la Fase 2 llegó a su gol número 18 en 27 partidos jugados por Libertadores.

Oliveira tiene 38 años. Juega profesionalmente desde la temporada 2000. Era tan bueno que Valencia rápidamente puso los ojos sobre él, un desconocido delantero de Portuguesa. La rompió: haciendo sociedad con Pablo Aimar, ganaron la Liga en 2004. Recién en 2014, Atlético Madrid salió campeón y alteró el ciclo que Real Madrid y Barcelona se pasaban desde el día que los valencianos lo lograron. La temporada siguiente obtuvieron la Copa del Rey. Ya no se pudo sostener allí: Milan, un gigante, lo contrató.

Oliveira ya lleva más de 300 gritos en Primera. Su capacidad para definir resulta impresionante. Aún así, Federico Cristóforo, el arquero de Danubio, planteó un duelo de altísimo nivel: le sacó dos mano a mano impresionantes. Igualmente, el delantero brasileño se las ingenió para meterle dos gritos. El segundo fue un buen ejercicio para que vean los novatos centrodelanteros: cabezazo cambiándole la trayectoria a la pelota. En la vuelta hizo lo mismo: el primero de penal tras un movimiento suyo espectacular y el segundo es un golazo en el que recibe una asistencia y su definición es exacta a contrapierna del defensor que llegaba para cerrar.

El delantero asume que parte de su buen nivel no sólo tiene que ver con el entrenamiento sino con su fe espiritual. Es pastor en una iglesia. Esa convicción, sostenida en su talento, lo llevó hasta a ser convocado, con 35 años, por Dunga para la Selección de Brasil, mientras jugaba en Santos y ganaba el torneo Paulista en las ediciones 2015 y 2016.

Oliveira la peleó desde siempre. De chico, lavaba autos para poder ayudar a su madre y a sus cinco hermanos. Su padre murió cuando era un niño. El entrenador Rafa Benítez, cuando lo contrataron en su Valencia, declaró: "Pedí un sofá y me trajeron una lámpara". Iba a jugar un Mundial, Alemania 2006, y se rompió la rodilla, siendo futbolista de Betis. Nunca frenó. Nunca frena. Sigue haciendo historia. Por eso, a los 38 años, sigue brillando.

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