Racing sufrió para encontrar los goles que necesitaba

Pateó 19 veces dentro del arco y no pudo concretarlo. Tuvo un dominio total del partido, pero convirtió a dos del final.

No es casual que cuando se abra la garganta para gritar goles empiecen a salir a borbotones. Racing inventa variantes como un mago con trucos infinitos y no puede convertir. Patea 19 veces adentro del área de Alianza Lima y recién en el minueto 87 logra que la pelota entre. La agonía parece haber arrancado contra Nacional, hace una semana, en Avellaneda, donde se cruzó con la misma situación. Hasta que Thiago Banega, inesperedamente, penetró el áre, le reventó el arco a Leao Butrón y recuperó la senda de la victoria.

Racing es un plan difícil de explicar. Sus jugadores rotan de posiciones, hacen apariciones en el primer pase y en el final, se abren, se cierran, entran y salen del ritmo enérgico de los demás. Los une que apenas la pierden saltan a sacártela. Después se desordenan para encontrar el juego. Los mediocampistas pueden ser defensores o delanteros. La táctica es una excusa para exponer el estilo. Esa idea oscila entre un post pérdida muy alto y una búsqueda del pase al espacio que hace daño. 

La Academia ganó la posesión de la pelota en todos los partidos desde que llegó Beccacece. Es el resultado de un plan que todavía no encuentra la eficacia para jugar más tranquilo. Cuando no está apurado, Racing se expande y usa eternas porciones de césped donde hacer circular la pelota. La experiencia de Nery Domínguez de defensor central y de Marcelo Díaz de volante hace acordar al Chile que ganó la Copa América de 2015. La calidad de esos dos jugadores permite que todos los movimientos funcionen. Tienen recursos para jugar en corto y en largo, encontrar a los cercanos y a los alejados.

Dice el refrán futbolero que los entrenadores van perdiendo importancia de cara al arco rival. Tiene tiene un problema que repitió con Alianza Lima. Eso se sumó a una pólvora mojada que no salió ni para el penal que Butrón le detuvo a Reniero. Los gritos llegaron desde ecos inesperados. Banega y Garré, dos que salieron desde el banco, trajeron un grito que alivió a todos.

 

Cerrar