Pratto: "No creo que por valer 12 o 14 millones soy mejor que otros"

El delantero recuerda el gol en La Bombonera. Critica que a un chico le den un auto antes que contención. Su paso por Noruega y el valor de su mamá.

- ¿Cómo llegaste a jugar en la primera de Noruega?
- ¿Lo de Noruega? Jaja. Venía de un año a préstamo en Tigre y había terminado jugando. Era jugador de Boca y, cuando vuelvo, estaba, Carlos Ischia de entrenador. Martín Palermo era el nueve titular y Lucas Viatri, el suplente. Hablé con Carlos y me dijo que me iba a tener en cuenta, que me había visto en Tigre y le gustaba cómo jugaba. Que aparte era del club, pero que iba a tener que ganarme el puesto de suplente, compitiendo con Viatri. Porque obviamente el nueve era Martín. Justo en ese momento la dirigencia de Tigre no pensó que era correcto económicamente gastar en mí. Tuve posibilidades de B Nacional. Hasta que me salió lo de Noruega. Un club que estaba bien. Un estilo Lanús, que se nutría mucho de inferiores, que estaba peleando las copas. No sé, decidí irme, era chico. Yo soy una persona que tomo la mayoría de mis decisiones solo. Entonces dije, buen, vamos a ver. Eran seis meses a priori y me fue tan bien que me quedé seis meses más. El segundo semestre fue un poquito difícil por el invierno. El club también había tenido problemas económicos, entonces, ahí ellos ya querían renovarme por un año más, después de nuevo el préstamo y yo no quise.

- ¿Cómo es esa parte de la vida de irte solo a Noruega?
- Yo creo que la mayoría de los jugadores hemos tenido dificultades. Vos pensás en fútbol y pensás en los mejores jugadores del mundo. En Messi, en Ronaldo. No sé, de Argentina, en el Kun o en el Pipa. Son jugadores que tuvieron la suerte, más allá del don que tuvieron, de nunca tener que lucharla. Por eso, muchas veces, cuando se los critica, ellos no saben convivir con eso. Porque nunca les pasó. Parece que se siente o la gente mete más sisaña en eso. Yo creo que ellos, gracias a sus dones y a sus profesionalismo, tuvieron la posibilidad de jugar en equipos muy buenos. Y después los jugadores normales, porque ellos son fuera de serie, que somos el 60 o el 70 por ciento del fútbol mundial, cada uno tuvo su historia diferente. Difícil, propia y no por eso decimos que la sabemos toda o vivimos más. Yo tuve un inicio de carrera muy difícil. Pero a partir de volver a Vélez, fueron todas las mejores decisiones que tomé para mi carrera deportiva y eso me llevó a ser el jugador que soy hoy. Después, irte tan joven a Noruega de tan chico, te hace crecer mucho como persona. También, vivir en una pensión a los 15 o 16 años te independiza bastante. Aprendés o madurás un poco antes. 

Lucas Pratto

- ¿Y el proceso en River te costaron también?
- Mi llegada a River era un proceso obvio después de haber estado tres años en Brasil. Justo ayer hablaba con Lucas Romero, que llegó a Independiente desde Cruzeiro y jugó conmigo en Vélez y somos muy amigos, de la vuelta al fútbol argentino. Yo tuve un inicio difícil. Mis primeros tres años en juveniles jugué en Cambaceres, en un club que hoy está en la última categoría del fútbol argentino, que en ese momento estaba en la B Metropolitana. En un club que, si no estabas en Estudiantes o en Gimnasia en La Plata, querías ir a Cambaceres. Que hoy no pasa. Lamentablemente, es una institución que ha perdido un poco el interés, en la ciudad o alrededor de la ciudad. Y ojalá que pueda volver a tenerlo. 

- ¿Cuánto te formaron algunas carencias que tiene el ascenso?
- No tuve la posibilidad de quedar en Estudiantes o en Gimnasia en la liga que yo pretendía quedar, que era AFA. En ese momento de B Metropolitana, Cambaceres jugaba contra Ferro, contra Almirante Brown. Yo aprendí mucho. Yo no tenía ropa para entrenar, no tenía botines, no me podía bañar. Yo volvía del colegio a la 1 de la tarde, me iba 1 y media, comiendo un paquete de salchichas y volvía a las nueve de la noche. Intento valorar y que lo valore mi hija. Que espero que nunca tenga que pasar eso porque no es fácil. Pero ahí hice muchos amigos. Mis mejores amigos son de Cambaceres. 

- ¿Qué tan importante fue tu familia?
- La mayoría de los jugadores de fútbol, el 70 o el 80 por ciento, somos de familias laburadoras. A veces, con un poco más de plata o con menos o con condiciones prácticamente que no tienen para comer. No soy la excepción ni tampoco es una cosa que digo "ah, lo que logré". Yo valoro mucho a mi vieja, a mi hermano y a la familia que está atrás de mi mamá. Siempre estuvieron, me apoyaron en todo y nunca me pusieron prohibiciones ni condiciones. Dieron hasta lo que no tenían para que yo fuera a jugar a la pelota. Después, yo soy una persona que soy bastante cabeza dura. Cuando me propongo algo lo quiero, lo hago. Mi idea no era llegar a jugar profesionalmente en un club especial. Yo quería jugar en Primera y, bueno, me lo gané. 

- ¿Cómo funciona en la cabeza de los futbolistas ese salto de clase social que, de repente, se da?
- Difícil. No tenemos el acompañamiento. Parece que es fácil porque un día no tenés para comer y al otro día tenés, no sé, vamos a ser brutos, un Mercedes Benz. Yo tuve el acompañamiento de mi familia. Tuve una buena educación pública. Y mirá que yo era vago para estudiar. Pero yo creo que también es siempre lo que te rodea. Más allá del colegio al que vayas o lo que te enseñan en el colegio. Es de adentro de casa. Yo puedo mandar a mi hija al mejor colegio, pero si yo no le enseño cosas básicas. Mi familia me enseñó lo que es la educación. Cómo respetar a la gente. A mí hoy todavía me pasa. Soy un jugador de 31 años y sigo respetando a Marcelo o a Ponzio, como si yo tuviera veinte años. Entonces, capaz se perdió hoy eso.

- ¿Y si no te puede acompañar tu familia?
- Vas acompañándote en lo que puedas. Tengo un grupo de representantes, que me encontré de chico con ellos, hace 15 años. Me ayudaron mucho. No me dieron nada fácil: ni un auto ni una casa, ni nada. Me dijeron que todo me lo tenía que ganar trabajando y mis cosas me las compré yo, mis inversiones las hice yo y ellos siempre asesorándome. Creo que lo más importante hoy para un jugador que termina de subir a Primera no es darle un auto o darle un contrato millonario rápido. Creo que River hoy, por ejemplo, que no sé cómo estarán los demás clubes de Primera, pero sé que en eso es modelo porque tenemos coaching, psicólogos, mucha gente alrededor. Mismo en pensión que los más chicos lo necesitan. 

- ¿Te ocupás de hablar de eso con los más chicos?
- Es muy difícil acercarse a un chico y darle tu punto de vista. Porque sos un compañero. No es que sos el entrenador o un presidente o un psicólogo. Yo intento dar más consejos desde lo futbolístico, que cuiden lo que tienen y que disfruten lo que es River. Porque de River, en Argentina, después, es para abajo. No hay nada más para arriba. Para arriba ya es Europa. En Sudamerica, River es el número uno y después no hay más nada. Y, aunque le duela a los demás, es así. Hoy River consiguió un respeto deportivo e institucional que lo había perdido hace ocho o nueve años atrás. Hoy lo recuperó con mucho trabajo. Obviamente, con problemas económicos como los tenemos en el país. Pero intento que los chicos sepan esto. Que disfruten el lugar donde están. Que trabajen para mejorar. Que, desde lo económico y desde lo social, van a tener muchas facilidades. Que aprovechen los buenos consejos y no los malos. Después cosas puntuales es difícil hablar porque cada persona es diferente. Pero los chicos acá escuchan bastante. Y, en base lo que era el club, no sé si ustedes conocieron lo que era River. Yo tuve la posibilidad de venir de chico, jugando para Boca, y hoy venís a River y tenés veinte o quince canchas. Hay vestuario profesional nuevo, gimnasio nuevo y eso también es bueno para lo que es el fútbol argentino y las inferiores.

- ¿Te pesó haber sido un jugador caro? ¿Te lo creíste?
- No creo que me haya pasado. Capaz que alguno que me conoce te dice "sí, se pensó". Bah, no sé, la mayoría de la gente me dice que no he cambiado nada. Intento manejarme igual que siempre. Nunca le di importancia. Es muy difícil cuando dicen que un jugador vale tanto. El otro me sorprendía del central de Leicester que ahora fue al Manchester, Maguire, que vale 80 millones. Lo comparaban con Cristiano Ronaldo, cuando lo compró el Real que lo compró a 90. Es una locura que se hable de tanta plata, de tanto dinero. En el fútbol mundial más. Y tampoco creo que los jugadores, en general, los normales, nos creamos que porque valemos 14 o 12 somos mejor que el otro. Eso es una cuestión de negociación entre clubes. De cuánto vale un jugador emocionalmente o como referente para la institución.

- ¿Así fue en San Pablo?
- Lo que pasó conmigo con San Pablo es que habíamos tenido un año muy difícil y éramos dos o tres jugadores que habíamos puesto la cara un poco. Institucionalmente, la gente que trabajaba en el club me quería mucho y por eso también no querían perderme. Les dejé en claro que por lo único que quería volverme era porque River era una oportunidad deportiva muy grande para mí y porque iba a estar al lado de mi hija. Así que, desde ese punto de vista, fue por eso lo del precio. 

- ¿Te presionaba el valor ese?
- Cuando llegué River había quedado afuera de una semifinal de Copa Libertadores, en el semestre anterior. Iba ganando 3-0 en el global y terminó perdiendo 4-3. Ganó una final de Copa Argentina. Después, al club le costaba ganar. Era obvio que la gente se la iba a agarrar conmigo y con algún jugador que la gente no venía queriendo mucho. Y después, cuando el equipo empezó a ganar, yo empecé a levantar el nivel. Tuve la suerte de hacer goles importante, que dieron campeonatos importantes. El fútbol es así. Capaz en un mes mi rendimiento personal baja. No me molesta cuando me critican y tampoco, como te decía recién, no me creo ni el mejor ni el peor cuando me halagan.

- ¿Y el valor social de haber metido dos goles en una final de Libertadores?
- La gente te lo hace sentir. No nos damos cuenta mucho todavía. Pasaron casi nueve meses. Va a ser recordado toda la vida, pero no nos damos cuenta. No te puedo dar una opinión, porque es muy difícil. Fue mi mayor logro deportivo. Tuve la suerte de salir campeón de la liga argentina y de la liga de chile, pero no había ganado nada a nivel internacional. Esto es lo más importante a nivel internacional en Sudamerica. Y contra el clásico rival de toda la vida. Y justo el clásico rival es River-Boca. No era, no sé, Gimnasia contra Estudiantes. Por lo menos, yo lo tomo así. Si no son los más grandes de Sudamérica, están entre los cinco o seis. Entonces, no nos damos cuenta pero la gente sí. Cuando nos retiremos, cuando pase un poco más de tiempo, vamos a ver bien el valor que tiene.

- ¿Qué gol fue más importante: el de La Bombonera o en Madrid?
- El de La Bombonera. Porque fue en La Bombonera. Fue apenas nos hacen un gol. También porque nosotros estábamos jugando mucho mejor que el rival. Pero muchísimo mejor. Es más, terminamos empatando un partido 2-2 que tendríamos que habernos ido ganando por diferencia de dos goles. Fue un valor para la cabeza nuestra muy importante. 

- Vos hiciste dos goles y Benedetto hizo dos goles, ¿es injusto el fútbol en que el reconocimiento no sea el mismo?
- Yo creo que al Pipa la gente se lo reconoció. Yo creo que Benedetto tuvo el reconocimiento que se merecía por los dos goles, por lo que representa él para Boca. En los últimos años, después de Martín, fue el nueve que más se destacó. Pero bueno es así: las finales y perder contra tu rival capaz hace no se valore tanto el gol que hiciste porque perdiste. A mí me ha pasado. Perdí una final en Chile en la que le hice un gol al clásico y no se acuerda nadie. Es así el fútbol. En la final, la derrota o la victoria es lo que marca quién se va a acordar del otro.

- ¿Y vos qué opinás de ese valor social?
- Estamos en un deporte que es re competitivo. Sirve ganar nomás. Sí valoro la gente que llega hasta instancias finales. Pero, cuando estoy en una final y la pierdo, no voy a estar contento. Sí, cuando pase el tiempo, decís "aunque sea llegué a la final". Pero, en un clásico, es muy difícil sentirse contento tranquilo. Yo esa final que perdí en Chile, tuve mucho tiempo con el sabor agridulce hasta que pude lograr otro título con otro club.    

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