¿Por qué River se encierra lejos de Buenos Aires antes de los grandes partidos?

El entrenador tiene un récord de 49 manos a manos ganados de 60. La costumbre de concentrarse antes explicada por Ponzio. Qué se trabaja en esos días.

“Yo he dicho, a los coach, que en los momentos límites uno se siente arropado con los que van a la batalla”, relata Leonardo Ponzio sobre el césped de una cancha del predio donde se entrena River y se frena. Siente que la frase sonó mal y que, quizás, es un poco mucho. Piensa, se convence y retoma: “Batalla es una manera de decir, pero es estar rodeado de esa gente. Aunque hables de fútbol, estás conviviendo con los que te van a defender”.

Encerrarse, alejarse del foco e irse de la ciudad siempre fue una de las fórmulas de Marcelo Gallardo para enfrentar series de la Libertadores. El récord de leyenda cual boxeador lo sostiene: de 60, ganó 49. La decisión ahora es recluirse en el Hilton de Pilar, a 60 kilómetros del Obelisco. El plan siempre es juntarse días antes en un hotel a más de 50 kilómetros de Buenos Aires. Desde ahí, se trabaja el relajo y la tensión. Porque hay que garantizar el Ying y el Yang. Ponzio lo explica: “Que yo entre a la pieza de un pibe que está hablando con la novia no tiene sentido. Pero sí el día en que Marcelo hace el táctico, el día anterior al partido, soy de hablar ahí. De decirle a los compañeros: “Si nos dice esto, es por algo”. Que cada uno esté en su mundo. Después sí, tenemos 45 minutos antes de la entrada en calor y ahí volvemos.

Gallardo aprovecha esos días para hacer pruebas. Ensaya un rato un equipo. Modifica el esquema. Se ocupa de que nadie pueda ver lo que va haciendo. No demasiado tiempo: contra Boca, en La Bombonera, en la ida de la última final, apenas mostró un rato cómo era jugar con cinco defensores. El equipo recién lo anuncia en la charla previa a salir hacia el estadio. Salvo casos especiales, como en la final de la Libertadores 2015 cuando le anticipó a Fernando Cavenaghi que iría desde el arranque o cuando le aseguró, en esta edición, a Ponzio que sería titular. Un vez, llegó a cambiar de opinión sobre la participación de Sebastián Driussi en un encuentro y, bajando las escaleras de una concentración, decidió modificarlo.

Una delegación arriba de 50 personas se encierra a prepararse. Jugadores, médicos, cuerpo técnico y personal de otras áreas. El entrenador ensaya y dedica ratos a hablar con los jugadores, como sucedió con Lucas Alario, al que encontró solo en una merienda y le preguntó si estaba para ser titular, en la semifinal de la Libertadores 2015 contra Guaraní. La neurocientífica Sandra Rossi realiza ejercicios de concentración para los futbolistas. Se muestran videos del rival y propio, hay juegos, hay descanso, hay trabajo con los fisios sobre músculos específicos y hay un alejamiento de los medios de comunicación. River entra en estado de calma absoluta para salir a la batalla.  

Gallardo mismo confesó que organizó un torneo de truco en la Libertadores de 2017, luego de que River perdiera, de visitante, contra Jorge Wilstermann, por 3-0. Necesitaban descomprimir lo que significaba tanta tensión. La respuesta en la cancha fue arrogante: en el Monumental, ganaron 8-0. Otra fecha fundamental fue en la previa de la Supercopa Argentina contra Boca: el Millonario no llegaba de la mejor manera y, en Mendoza, ganó 2-0.

Podría ser simplemente una formulación azarosa, pero para Gallardo la preparación del espacio previo es fundamental. Para jugar en Madrid, se ocupó de que en el avión en que viajaban pudieran sumarse familiares y así hacer más ameno el recorrido. Para el Mundial de Clubes en Emiratos Árabes, el stress de la final y la alegría posterior no les permitió prepararse del todo con el lugar de concentración para el paso siguiente. En la intimidad, el entrenador considera que gran parte de la derrota inesperada con Al Ain se dio por la falta de tensión en los días previos.

Ahora, desde Pilar, buscará construir, de nuevo, la introducción a una nueva épica.  

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