Pellerano: "Si nos animamos en el Arena Corinthians, cómo no lo vamos a hacer en el Maracaná"

El mediocentro dio la clave de cómo pensaron el partido: en cada jugada, ver cómo están parados ellos. Es la voz de Miguel Ramírez en el cesped.

Cristian Pellerano lleva el partido en sus labios, en sus pies y en su cabeza. Independiente del Valle pone a sus centrales dentro de su área, los laterales bajos y él en el vértice. Lo acechan nada más y nada menos que Bruno Henrique, Diego, Everton Ribeiro y Giorgian de Arrascaeta. Pinos, el arquero, lo mira y espera indicaciones. Entonces él, que hace con las manos el gesto de tranquilos, hace de la valentía una bandera y le dice: “A Richard”. Que es Shunke, uno de los centrales, que recibe con la pelota por el piso, arriesga el alma y le sale bien.

Miguel Ángel Ramírez grita desde el banco de suplentes, pero el mandato lo tiene Pellerano. La ideología es del entrenador y él es el mejor intérprete. Juega con los tiempos. No le tiene miedo al campeón de América. Acaba de cumplir los 38 años hace 20 días y juega hace dos décadas profesionalmente. Independiente del Valle se ha vuelto su casa. Tan es así que cuando el partido se muere y hay penal y pueden empatar, él va y agarra la pelota desde los doce pasos, la clave contra un palo y celebra tirándole besos a la platea desde donde lo alienta su familia.

Le habla al juez. A sus compañeros. En cada pelota, hace las veces de un base de básquet y decide el rumbo que tomará el conjunto. Su clave es la administración del tiempo: cuando todos gritan, él levanta las manos, grita más fuerte e inventa una paz. La paz construye paces. Y lleva de maravilla un plan diagramado con complejidad: vaciar el mediocampo para que el volante Lorenzo Faravelli pueda recibir. La experiencia es un bolso que sirve para haber sufrido cosas como éstas y decidir desde ese lugar. Pellerano lo entiende todo, respira fútbol y lleva a Independiente del Valle tan lejos como el destino lo hace posible. Al despedirse, en el vestuario, deja en claro qué pasará en Río de Janeiro: “Si nos animamos en el Arena Cortinhians, cómo no nos vamos a animar en el Marcaná”.

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