Paredes todavía sueña como un niño

El líder de Colo Colo fue muy inteligente para encontrar los espacios para jugar. Hizo el segundo gol de los chilenos.

Esteban Paredes tiene 40 años de jugar al fútbol y eso le da algunas facilidades, como entender de táctica. Son fórmulas a las que acude como a una biblia: si juega contra un 4-4-2 y él es el centrodelantero de un 4-3-3, apenas retrocediendo unos metros va a poder recibir a la espalda de los dos volantes centrales. Si los defensores rivales lo siguen, van a dejar un hueco atrás por donde podrán picar los extremos. En este caso, ni Fabricio Formiliano ni Enzo Martínez lo persiguen: entonces, con su técnica para jugar de espaldas, es la solución al gran problema que tiene Colo Colo, que es superar la primera línea de presión de los uruguayos. Desde ahí, gana el partido.

Cada vez que Paredes para la pelota de pecho -algo que hará cuatro veces-, Colo Colo genera una situación de peligro. Un abismo de calma. Los mediocampistas pueden pasar y ganan segundos para pensar. En el fútbol, eso es todo. Qué curioso que la vejez de un delantero sea tan un sinónimo de su capacidad de construir el tiempo para su equipo. Es que la inteligencia mide más que las piernas. Y la técnica para controlar la pelota mucho más.

Paredes lo dijo en el parate cuando le preguntaron qué le quedaba pendiente en su vida como futbolista -descontando que vivió dos mundiales con su Selección-: "Todavía estoy a tiempo de jugar una final de Libertadores". Y aunque se piense y se piense qué es lo que lo hace quedarse en el mundo de la pelota entre tanto despelote: el sueño, la leyenda de Peter Pan en la que vive. Eso es un montón.

Tan fundamental es su aporte táctico que queda por encima en el podio de su gol de penal que, en definitiva, es el justificante del resultado. Paredes patea un penal y se mete en el bolsillo dos estadísticas de esas que algún día brillarán en su mesita de luz: máximo goleador chileno en la Libertadores (23) y máximo goleador de Colo Colo en Libertadores (21). Vale agregarle uno más conceptual: que la Libertadores se reaunude con tanto brillo de un mito es una ratificación, por si alguien se había olvidado, que el fútbol sudamericano es un universo mágico.  

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