"No vino Francescoli pero vino él", la historia detrás de la frase de Carlos Bianchi ante River, en la Libertadores 2000

Por qué el ex entrenador de Boca dijo eso cuando ingresó Martín Palermo ante su clásico rival

"De Boca no me preocupa nada. Y otra cosa: si ellos ponen a Palermo en el banco yo lo pongo a Enzo (por Francescoli), así que no hay problema", decía entre risas Américo Rubén Gallego, entrenador de River Plate, luego del triunfo que su equipo había conseguido en la ida de los Cuartos de Final de la CONMEBOL Libertadores 2000 ante Boca Juniors, su clásico rival.

Martín Palermo, máximo goleador en la historia de Boca Juniors, llevaba más de seis meses sin jugar por una lesión en su rodilla. Se perdió el partido de ida en el Monumental que River Plate ganó 2-1, pero esperaba regresar y convertir lo que, en ese momento, era el primero de sus goles con la camiseta xeneize en la Copa. Carlos Bianchi, técnico en esos días del equipo de la Ribera, lo pensaba como una opción.

Llegó el 14 de mayo del 2000. En la Bombonera Boca Juniors recibía a River Plate. Tenía que dar vuelta la serie para avanzar a semifinales. Comenzó el partido y el equipo local se puso en ventaja: Marcelo Delgado marcó el 1-0. El momento del quiebre llegó cuando Bianchi llamó a Palermo. La Bombonera explotó con el goleador por salir al campo de juego. Se fue Alfredo Moreno e ingresó él. Allí, Bianchi disparó una frase que se conoció años después: "No vino Francescoli pero vino él". Y el goleador pisó el campo de juego.

Boca Juniors fue muy superior, de principio a fin. Llegó el penal y el gol de Juan Román Riquelme para el 2-0, a seis minutos del final. Pero había tiempo para más.

Y ahí está Martín Palermo con su milagro a cuestas. Recibió el pase, giro, se acomodó y acomodó la pelota abajo, muy lejos de Roberto Bonano. Selló el 3-0 y la fiesta. Corre con los ojos llorosos hasta el banco de suplentes,  hacia un Bianchi estremecido. El Virrey le grita "iAl doctor, al doctor!". Es Jorge Batista, el hombre que lo operó, para su vuelta milagrosa.

El "muletazo" así se conoce al primero de los 23 goles que Martín Palermo convirtió en la Libertadores con Boca Juniors. Esa fue para el xeneize. Y la de 2001 también, como la de 2003 y 2007. En 2004 llegó a la Final y no la conquistó. Un capítulo especial para lo que fue el principio del romance de un técnico, un equipo y la Copa.

Cerrar