Néstor Ortigoza: "Cuando ganás la Libertadores, te sentís el mejor de todos"

El volante, de 35 años, charló con Copa Libertadores sobre el momento en que le dio al Ciclón la primera Copa de su historia

“Lo más difícil pensé que iba a ser agarrar le pelota, pero lo más difícil era hacerlo”, cuenta Néstor Ortigoza al recordar el penal de San Lorenzo en la final de 2014 ante Nacional de Paraguay.  Ese remate que hace seis años le dio al Ciclón el título que esperó toda una vida: la Copa Libertadores. El volante, de 35 años, habla desde su casa en la provincia de Córdoba, donde actualmente juega para Estudiantes de Río Cuarto, equipo de la Segunda División de Argentina.

Entre risas relata cómo son sus días mirando series, compartiendo tiempo con su familia y escuchando cumbia. La conquista de 2014 lo posicionó en un lugar de reconocimiento por parte de los hinchas que nunca imaginó. Pero Ortigoza vive con humildad sin importar qué camiseta le toque defender. Asegura que es el mismo que salió de Merlo y que a pesar de haber jugado un Mundial para la Selección de Paraguay, de haber sido campeón local con Argentinos Juniors, de haber conquistado la Liberadores con San Lorenzo y la Copa Argentina con Rosario Central no se olvida de quién es.

Néstor Ortigoza final San Lorenzo 2014

- ¿Cómo llevás la cuarentena?

- Estoy entrenando casi todos los días, pude mantener la constancia y descanso sólo los domingos. Cada vez se hace más pesado, es duro. Es una situación atípica y la estamos viviendo todos en el mundo. En Merlo tengo muchos conocidos que están infectados, pero familiares por suerte no. Psicológicamente es duro también, va a salir más o menos bien el que esté fuerte de cabeza. La verdad es que yo pude sostener el entrenamiento de lunes a sábado y me fue muy difícil. La motivación está, pero la incertidumbre de cuándo vamos a arrancar lo hace muy difícil. Además tengo 35 años, yo sé que, si dejo de entrenarme un mes, después me va a costar horrores. Todo eso te juega la cabeza, es complicado. Hay momentos en que te agarra el malhumor y que querés que pase todo ya. También tengo familiares que viven el día a día y se les está complicando. 

- ¿Qué fue lo distinto que tuvo aquel plantel de San Lorenzo que le dio la primera Copa?

- La unión de ese grupo, la madurez y la ambición. Tenía ganas de salir campeón, de conquistar el título. El club estaba obsesionado con la Copa y quería tenerla. Ninguno del plantel había conseguido salir campeón, queríamos cumplir el sueño juntos.

- ¿Cómo eran los vínculos entre ustedes?

- Yo me llevaba bien con todos. En especial con Buffarini, Torrico, el Colo Cetto, Cauteruccio, Matos, con todos. Con el Flaco Piatti, Mercier.

- ¿Con quién concentrabas?

- Yo concentré en San Lorenzo y en Argentinos Juniors con Torrico. Dormía más con Torrico que con mi señora ja. Nos llevábamos bien, él es más tranquilo, más agua de tanque y yo no soy tan tranquilo, pero nos llevábamos bárbaro. Nos conocíamos todas las mañas.

- ¿Cuánto influyó Bauza?

- Lo tuve en San Lorenzo y en Rosario Central que salimos campeones de la Copa Argentina. Me gustaba su simpleza, hablaba poco pero cuando lo hacía te llegaba. No era un entrenador que te iba a mentir o inventar algo. Te daba todas las herramientas para que resolvieras lo mejor posible el día del partido. Nunca estaba ni gritando ni haciendo gestos, no te fastidiaba. Es muy importante que el técnico sienta confianza en el jugador. Hoy en día los entrenadores son de Play (Station). Lo manejan todo desde afuera y no es así. Tienen que dar herramientas, ayudarlos a resolver. El Patón era uno de esos técnicos.

- ¿No era pasional, no?

- No, para nada. Era muy tranquilo. Nunca lo ibas a ver enojado ni nervioso. Una sola vez lo vi enojado contra Rafaela que jugamos un mal partido y nos retó mal a todos. Imaginate que el Patón se enojaba y no volaba una mosca. Es un entrenador muy táctico, muy inteligente, muy vivo. En un momento estábamos quedando afuera de la Libertadores y nos dijo: “Vamos a clasificar y ahí arranca la Copa”. Para nosotros ya estábamos afuera. Cuando clasificamos me decía: “Vamos a ser bravísimos Orti” y nosotros pensábamos “¿será así?” porque parecía que no se levantaba ni con una orden de un juez. Él nos convenció de que podíamos. No nos gritaba. Si estábamos entrenado mal venía y nos decía “Muchachos, si quieren que nos vayamos nos vamos eh”. Lo adorás como a un papá, yo lo aprendí a querer mucho.

- ¿Cuál fue la fórmula?

- Siempre fue muy peleado. Bauza me decía: “Orti, tenemos que mantener el 0 en nuestro arco. Arriba que se arreglen Piatti, Correa, Villalba, Matos, los de arriba”. Nosotros teníamos que mantener el arco en cero.

- Y lo lograron…

- Sí, hubo un momento en que nos sentíamos re seguros. Sabíamos que íbamos a Brasil y teníamos que ser bravos. Los íbamos a hacer renegar.

- ¿Cuál fue el partido que más disfrutaste?

- Yo me acuerdo mucho contra Grêmio. Ese fue un partidazo. En la ida ganamos 1 a 0 y allá ganamos por penales. El estadio estaba explotado de gente, más de 30 mil personas, fue una locura. Nos dimos cuenta de que este equipo era capaz de pelear con cualquiera, estaba muy maduro. Muy comprometidos, había mucha química entre nosotros. Los más grandes sabíamos interpretar el mensaje de Bauza. Tanto Mauro Cetto, Torrico, Mercier, como yo acomodábamos el partido enseguida cuando tal vez se perdía un poco el objetivo.

- En la final te tocó patear el penal ¿qué pensaste en ese momento?

- Lo primero que dije fue: me sacan la pelota. Así que empecé a correr. Pero por suerte siempre confiaron en mi y nunca me la sacaron, estuvieron bien ja. Ahí dije: “¡Bueno, ahora hay que hacerlo!”. Lo más difícil pensé que era agarrar le pelota, pero lo más difícil era hacerlo. Ahí la agarro y empezaron a discutir y discutir… no terminaban más. Miro a la tribuna y decido que lo mejor es pegarle un fierrazo fuerte al medio. No puedo ser tan cagón de traicionarme a mí mismo. Siempre me fue bien pateando de una misma manera, ahora no puedo cambiarla. Apoyo la pelota, seguían discutiendo y el tiempo no pasaba más. Miro al arco y cada vez lo veía más chiquito. Camino para atrás y lo veo todavía más chico ¡no sabía a dónde pegarle! Me empecé a tranquilizar y a autoconvencerme de que lo paseaba. “Estás listo amigo, estás listo”, le decía al arquero por dentro mío. Pateé. Le jugué la pulseada. Miro a la cancha y digo: “esta gente está de mi lado”. Son segundos en los que pensas todo eso. Si esa gente está de tu lado te autoconvences. Todo pasa muy rápido.

- ¿Y cuándo lo metiste?

- No sabía como festejarlo ja. Tenía la popular atrás del arco. Pasó todo muy rápido.

- ¿Creíste que ese penal iba a tener la dimensión que tuvo?

- No, nunca pensé que ese penal iba a venir con tanto amor. Salimos campeones de la Libertadores con un penal mío y encima fui mejor jugador del partido ¿qué más podía pedir?

Néstor Ortigoza final San Lorenzo 2014

- ¿Cómo entrenás los penales?

- Es mi fuerte, siempre los entreno. Yo jugaba mucho por plata antes, de ahí viene cómo aceité el patear penales. Ganaba para poder viajar, para comprarme botines. Eran campeonatos que se hacían los viernes en Merlo, arrancaban a las 10 de la noche y terminaban a las 6 de la mañana. Habían 100 parejas. Yo arranqué a jugar así a los 15 años. Era a todo o nada. Esa fue mi facultad.

- ¿Cómo te describirías a vos mismo?

- Soy un tipo alegre que le gusta estar con la familia, los hijos. Yo fui siempre igual. A veces me preguntan si cambié y no. No cambié. Mejoré cosas, pero siempre me manejé igual. Traté de siempre ser divertido, gracioso. También soy calentón ja. El fútbol me permitió vivir cosas que tal vez en otro trabajo no hubiese podido vivir. Cumplí mi sueño de jugar en Primera y el sueño de comprarle una casa a mis viejos. Eso es impagable. A la facultad no llegaba ja, no tenía las condiciones para agarrar los libros.

- ¿Estás haciendo el curso de entrenador? ¿Te gustaría ejercer?

- Si, voy 2 años y medio. Lo estoy haciendo con el Colo Cetto. No es que me gustaría, voy a ejercer ja. No hay duda acá. Si me vendo bien, tal vez me contratan eh ja.

- ¿Qué estilo te gusta?

- El del Patón, pero es muy diferente a mí. Me gusta el Bichi Borghi, el Tata Martino. Yo creo que soy más como el Bichi Borghi en personalidad, macanudo, descontracturado, pero sabías que, si te desubicabas, te planchaba.

- ¿Qué representó haber conseguido la Copa Libertadores?

- Todo lo que te diga va a quedar chico. Es una sensación única. Te sentís el mejor de todos. La gente te sube arriba de una manera impresionante. A mí si me piden fotos yo me saco, hay jugadores que no quieren, pero si te piden fotos quiere decir que hiciste bien tu trabajo. Es tanto el sueño de un pibe conocer a un jugador profesional como para uno llegar a Primera y ser reconocido. El que te dice que no es Pinocho.  Me acuerdo de que donde iba había gente esperándome. En un momento me aturdí y agarré y le dije a mi señora: “vamos al subte un poquito” y agarramos y nos fuimos en subte.

- Para bajar un poco toda esa fama, ¿no?

- Y claro, porque después te sube rápido y te caés eh. Por eso también yo aterrizo en mi señora, es macanuda, sencilla y la pasamos bárbaro. Esa es la idea.

- ¿Jugaste varios torneos, cómo definirías a la Copa Libertadores?

- Mirá yo no jugué Champions ni en Europa, solamente jugué Mundial de Clubes, Copa América y Mundial. Solamente te digo, ja. Pero la Libertadores es especial, jugar con otro público, me permitió jugar en el Maracaná, en el Defensores del Chaco la final. Es espectacular. Llegás de traje, los viajes son espectaculares, vas a los mejores hoteles, es otra cosa. A mi me tocó jugar por primera vez la Copa y la gané. Eso no es poco.

- ¿Te costó irte de San Lorenzo?

- Si, me costó muchísimo levantarme. Yo quería firmar por dos años, ellos me ofrecían uno. No me cerraba. Yo venía rindiendo hace años y llegando a los objetivos. Hoy sigo sosteniendo que tenía que firmar por dos años. Terminamos bien, se decía que me peleé con Lammens que era el Presidente, pero no fue así. No llegamos a un acuerdo nada más. Costó, pero es fútbol y había que levantarse.

- ¿Volviste a ver  la final?

- Ahora en la cuarentena lo vi mil veces. Los periodistas también me lo hicieron ver y la pasé espectacular.

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