Walter Montillo: el enganche que vuelve al lugar donde la vida lo puso a prueba

En Santiago de Chile, sufrió el duro parto de uno de sus hijos. Contra Inter de Porto Alegre, volverá a jugar de enganche para guíar a su equipo a la Fase 3.

Fueron casi 70. Los recuerda como los peores días. Su hijo Santino había nacido y dormía en el hospital. Él y su compañera también. Estaba la CONMEBOL Libertadores, acordó pasar la noche lejos de la concentración y fue a jugar. “No podía dejar al club en ese momento”, explica Walter Montillo, más de una década después, con los dirigentes de la U de Chile al lado, flameando cuatro camisetas chiquitas, cada una con el nombre de un hijo del enganche que volvió al equipo donde en 2008 salió campeón y fue feliz.

Fue en 2017. Montillo había decidido dejar el fútbol. Estaba lesionado constantemente y habló con la dirigencia de Botafogo para que le dejaran de pagar el sueldo. Ya era grande y creía que estaba para retirarse. Del club le explicaron que impositivamente era algo que no se podía. Tardó en recuperarse. Pero los superpoderes regresaron y apareció en Argentina, en Tigre, un equipo que estaba por irse al descenso. El club de la zona norte de Buenos Aires personificó la reencarnación de un fútbol noventoso de la mano de Montillo, un enganche tan de los de antes, como había sido su entrenador, Pipo Gorosito. Salieron campeones de una Copa de la Superliga, pero Argentina no lo recibió con los brazos abiertos y él pateó el tablero, aplaudido por la sociedad: "Nunca pensé que en mi propio país iba a ser tan difícil anotar a mi hijo en una escuela. Tengo un hijo con síndrome de down, no una bomba nuclear". Su relato era escalofriante: los colegios tenían espacio hasta que detallaban su discapacidad.

El regreso al lugar donde fue feliz

A los 35 años, entonces, tras un año brillante en Argentina, decidió volver a uno de sus primeros amores: la U. En un momento complicado, en 2019, el campeón de la CONMEBOL Sudamericana en 2011 estuvo muy cerca de descender a la segunda categoría. La Libertadores no será sencilla: ingresa en Fase 2, contra Internacional de Porto Alegre, campeón en dos oportunidades. Hernán Caputo, entrenador de la U, quien fue arquero y debutó justamente en Chile, intenta armar un juego que gire alrededor de Montillo: esquema 4-3-1-2, con Joaquín Larrivey -quien llegó desde Cerro Porteño- y con Ángel Henriquez como delanteros.

Montillo debutó en 2002 en San Lorenzo, donde ganó la CONMEBOL Sudamericana. Este año cumplirá 18 años en el fútbol profesional. Ha brillado en Brasil, también, donde llegó a usar la 10 del Santos, igual que Pelé. Tuvo un paso fructífero por China, donde ganó dos títulos en Shandong Luneng Taishan. La vuelta a Universidad de Chile está vinculada con el amor que quería recibir. El 7 de enero, cuando arribó al aeropuerto de Santiago, lo fueron a buscar hinchas para aclamarlo. Llegó con una camisa arremangada y más que un jugador de fútbol parecía un señor que estaba de vacaciones. A los 35 años, claro, la estética no le importa tanto. La clave es el juego.

Por eso, vale remarcar, a este jugador que resulta de una estirpe perdida, la de los enganches, sus conceptos sobre qué es lo importante en un buen número 10: "El control orientado es fundamental. Te hace ganar unos segundos por los que te podés sacar a un tipo de encima y quedar mano a mano ante los centrales. Y, después, la visión de juego. Porque para jugar ahí hay que tener diseñado en la cabeza lo que vas a hacer. El fútbol de ahora se juega muy rápido. Los chicos vuelan y nosotros estamos grandes. Y sin el control orientado es muy difícil jugar de enganche. De cinco sí, porque tenés más tiempo. Pero de enganche no podés fallar".

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