Marcelo Gallardo nunca dejó de pedir goles

El entrenador de River se mostró frustrado en el primer tiempo, dio indicaciones para que los jugadores centraran y exigió hasta el último minuto a sus futbolistas.

Es difícil ver a Marcelo Gallardo de jogging y campera en un partido de Libertadores, aunque la lluvia obliga a lo impermeable. El ambo suele darle más seriedad y quienes lo conocen marcan que es un obsesivo de la prolijidad y un antibarba. En el Monumental no hay nadie y la lluvia hasta pone en duda el partido. Sin embargo, lejos está del relajo. Sufrirá los dos penales errados, la que no entra de Borré, una a la que no llega Suárez y se comerá las uñas por los centros que no salen. Hasta en el minuto 48 del segundo tiempo sacará un papel del bolsillo y revisará la pelota parada. Mientras el partido esté parado por la lesión del arquero rival, ya con goleada en el bolsillo, llamará a Enzo Pérez para darle indicaciones. La adicción a ganar, explica, es lo que exige esta camiseta. River gana 8-0 y, otra vez, se arremanga a darle pelea al torneo.

La exigencia es su vocabulario. El resultado le tira un 5-0, agarra de la cintura a Quintero y le exige. La tormenta levanta frío y cuando termina el partido manda a Ponzio, a Pratto y al resto de los suplentes a que hagan ejercicios físicos. Hasta a un empleado de seguridad le reclama la falta de ayuda para con el arquero rival lastimado. A Nacho que se meta para adentro y que Montiel reciba. A De la Cruz que no la suelte y encare. A Casco que tire el centro. A Rafa que haga la diagonal. A Paulo y a Robert que no se desesperen. Serio y sin gritar, apuesta la doble victoria: golear para recuperar la diferencia de gol perdida en Quito en un grupo apretado y tener el mentón en alto luego de haber perdido el último fin de semana el torneo argentino.

Sabe que el partido lo tiene como candidato y sale a jugar prácticamente con cuatro delanteros, ya que los laterales son y nunca dejarán de ser extremos. Quiere que la pelota le llegue rápido a Montiel. No va a dejar de dar indicaciones en ningún momento del encuentro. No aflojar es la tarea. Al final, se dará tiempo para reír y para felicitar a sus jugadores. Pero al entretiempo, ganando ya 1-0 y con pleno control, se irá cabizbajo, mirando enojado las líneas de la pista de atletismo de River, preguntándose qué no salió. O por qué si grita centro los jugadores no la están tirando. Algo que remediará para el segundo tiempo y que será la llave para la mayor parte de los goles, sobre todo desde la zurda rasante de Nacho.

Es su segundo 8-0 en River. El primero fue contra Jorge Wilsterman, dando vuelta una serie. Ésta vez arranca con dificultades, pero con el mismo apetito insaciable. Puede cambiar el esquema, las posiciones de los jugadores y hasta el estilo de la presión, pero pueden seguir cambiando las páginas de su libro riverplatense y la exigencia seguirá siendo el título de cada página.

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