Jonatan Maidana y el ave Fénix: la salida de un ídolo de River

Llegó con pasado en Boca. Se fue a la B. Se tatuó la fecha del ascenso. Ganó dos Libertadores. El jugador que más representa a Gallardo se va de Nuñez a los 33 años

Aunque parezca imposible la ternura en un pelado de 185 centímetros de largo y más de 30 cicatrices en la cabeza, Jonatan Maidana todavía cree que el mejor plan es tirarse en el sillón de su casa y ver documentales de animales con su hija. El día siguiente a ganar su primer título con River, con Ramón Díaz como entrenador, destinó la mañana a pararse en la puerta del colegio de sus niños para ver si encontraba al padre que, dos años atrás, lo había encarado y delante de todos le había reprochado el descenso. Acaso el tipo ni sabía la bronca que sintió Jonatan, sin hache, en la ida en Córdoba por la Promoción contra Belgrano, cuando escuchó que Juan José López lo mandaba al banco. Una rabia apenas menos brava a la que le palpitó en el corazón cuando al terminar el partido con Barcelona casi ni saludó a Lionel Messi, con quien jugó el Sudamericano 2005, enojado por la derrota en el Mundial de Clubes. Quizás ese sea el secreto de su éxito: juega todo.

La concentración en el juego de lo impensado puede serlo todo. Faltan un puñado de segundos, River gana en Córdoba 4-3 en un partido despelotado, la Copa Argentina está ahí, pero Teo Gutiérrez, jugador de Rosario Central, lanza un tiro cruzado y él aparece con su pierna para que no sea gol. Maidana es el hijo pródigo de Gallardo o más. "Es el jugador que más me representa dentro de la cancha" , dijo una vez el Muñeco, dándole pergaminos a este ganador de 12 títulos -3 CONMEBOL Libertadores, dos con River y una con Boca- que sigue exhibiéndose como el pibito que trabajaba en el Mercado Central repartiendo papas con su padre. En la biografía que escribe Diego Borinsky sobre el entrenador, Gallardo detalla:  “Si vos les preguntás a los jugadores con qué compañero se irían a jugar a la guerra, todos eligen a Maidana. Si uno se equivoca, quedate tranquilo que Maidana te va a dar una mano siempre. Eso genera confianza en los compañeros. Y si tenés que asignarle una marca, olvidate, se ocupa”.

La capacidad de superación es su vértice. Maidana fue titular en el primer partido de Jorge Sampaoli como entrenador de la Selección Argentina, contra Brasil, en Australia, con victoria de 1-0. Jugó en una línea de tres defensores, como líbero. De extremo izquierdo para los de amarillo jugaba Willian, el puntero de Chelsea. Especialista en velocidad, las diagonales del velocistas resultaban incómodas para Maidana -y para cualquier defensor del mundo-. La diferencia, en este caso, es que en cada caso en que fue superado, siempre volvió a su posición, nunca se desordenó, nunca se hundió. Un caso similar al de Gabriel Mercado, que ese día jugó a su izquierda, compadre suyo. 

Maidana nunca se olvida de las cosas, aunque sea escueto con las palabras: "Una conversación entre Messi y yo sería un embole". Es el único futbolista que estuvo en el plantel que descendió y sigue en River. Estaba en Banfield a préstamo y no quería volver a jugar en Ucrania, entonces su representante lo llamó y le mencionó el interés del club de Nuñez. "Hacelo", le pidió y seis meses después, mientras lo miraban de reojo por su pasado en Boca, que incluye haber jugado la final del Mundial de Clubes de 2007 donde padeció a Kaka, voló en el aire para darle con el parietal y ganar un Superclásico en el Monumental. "Fue parecido a un gol que le hice a Temperley", recuerda, a la distancia, el 14 de noviembre de 2004, cuando cabeceó -todavía con pelo- sobre el final en un clásico del sur y lo ganó para Los Andes , donde construyó una curiosidad: llegó a jugar un Sudamericano siendo parte del fútbol de ascenso. Pero el valor de su memoria llega a lugares inesperados: en el conflicto de Crimea en 2014, durante días se ocupó de comunicarse con sus excompañeros de Metallist de Ucrania para saber cómo estaban.

Maidana River

"Maidana ya vendió cuatro centrales", dijo Juan Román Riquelme. A su lado, pasaron Ramiro Funes Mori, Germán Pezzella, Eder Álvarez Balanta y Emanuel Mammana. Es decir: 28 millones de euros que ahora están en las arcas antes desprestigiadas de los Millonarios. Pero más vale que haya controlado a la perfección a André Gignac en los dos partidos de la final de la Copa Libertadores contra Tigres, jugando contra el talentoso francés y contra la posibilidad constante de que errar es perderlo todo. Cuando tenía 19 años y andaba en aquel Sudamericano, Hugo Tocalli, el entrenador de aquel equipo, lo retaba porque no podía hablar tan poco para ser defensor central. Tras ocho temporadas y media y a punto de cerrar su ciclo en Nuñez para partir a México luego de haber ganado la final más importante de la historia del Millonario, difícilmente pueda seguir diciéndolo. 

Gallardo no duda: "Maidana es el alma del equipo". Desde que la vida existe, la palabra alma se usa para explicar una esencia que nadie ve pero en la que todos creen. El Ave Fénix, tan relatado por el historiador griego Heródoto como por J.K. Rowling en Harry Potter, es un animal capaz de resurgir de las cenizas que provoca su propia muerte. Luego de dibujarse en la piel la fecha en que River volvió a Primera, Maidana decidió grafitearse el hemisferio externo de su brazo con ese animal. Porque las marcas de agujas en su cabeza apenas son grietas: nunca hay darlo por muerto.

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