Los autógrafos, los intrusos y una Asunción que suda una final

River se entrenó a puertas abiertas. Al terminar, los jugadores se sacaron fotos con los hinchas. A unas cuadras, hinchas de Cerro Porteño también alentaban.

La piba llora y grita colgada de un fierro de una valla y el novio la sostiene detrás. "Ahí va, quedate tranquila", le dice Pratto, pero causa el efecto contrario: escuchar su voz y su promesa le sacude aún más el alma. La seguridad deja que los nenitos pasen y se saquen fotos. Hay hinchas de River que viven en Asunción y hay otros que viajaron. El entrenamiento es abierto al público y Marcelo Gallardo, el primero que salió del hotel, avisó que después iban a frenar a firmar autógrafos y a sacarse fotos. El amor y el fútbol son dos historias que van de la mano.

El césped brilla. La práctica es más una activación física que un ejercicio táctico: hasta Armani y Lux hacen jueguitos y tiran gambetas. A 300 metros, hay hinchas de Cerro Porteño cantando para asustar al rival. La Libertadores es un juego emocional: la ida fue 2-0, pero por algo al estadio le dicen la Olla. En el Barrio Obrero, desde temprano, se venden camisetas del Ciclón por todos lados. Asunción huele a fútbol y el cuartos de final se vive como una locura.

Santos Borré ayuda a sacar selfies. De la Cruz, que por la mañana tuvo que ir a declarar a la Justicia, se entrena a toda potencia, tirando paredes con Palacios. Gallardo habla con Paulo Díaz, con el médico del plantel, alienta a los jugadores, exige que nadie se relaje. Nadie sabe la formación y es costumbre del entrenador de River darla en el micro rumbo a la cancha. Desde un costado, Celso Ayala, Nelso Cuevas y Enzo Francescoli miran, atentos al equipo y recordando los días en que fueron gloria. 

En el medio de un loco, dos hinchas entran corriendo. Uno vuela hacia Armani, para darle un abrazo, mientras el arquero le duvuelve el cariño. Otro le cruza el brazo a Pratto, que le palmea el hombro. Aunque fue una irregularidad, se toma como un rato de cariño y los futbolistas lo reciben sin problemas.

A las 18, el sol baja y comienza el atardecer. El pronóstico anuncia que a esa hora, al día siguiente, harán más de 30 grados. Que no haya sol es un alegría para los futbolistas que saben que tendrán algo más de aire. En un estadio que explotará de hinchas de Cerro Porteño el calor estará en la gente. Asunción ya está sudando.

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