Lisandro López: de la charla con Riquelme a las historias con Alfaro

Sus modelos eran Demichelis y Samuel. Fue campeón en Arsenal y marcó el gol del título. Su paso por el ascenso. Por qué se adapta a cualquier defensa.

Iban 38 minutos del segundo tiempo y La Bombonera ardía. Lisandro López jugaba para Arsenal y tiró la pelota a algo más lejano que el cielo. Juan Román Riquelme le pasó caminando por al lado y, aunque el partido seguía, le habló: “Vos sos jugador de Boca, vos tenés condiciones para jugar en Boca”. Su respuesta fue al instante: “Traeme ahora en junio”. Al terminar el torneo, lo fueron a buscar y, desde Sarandí, le dijeron que no. Era imprescindible.

Había pensado en cómo festejarlo. Si hacer el gesto de una bandeja para homenajear a Pedro, su papá, mozo. Si hacer un corazón y dedicárselo a su mamá. Contra Belgrano. Un centro de córner de Luciano Leguizamón, la pelota se le abrió y, en vez de cabecear, le pegó de volea. Pero López, que estaba dándole a Arsenal el primer título en Primera en su historia, sólo atinó a golpearse el escudo, mirando para la platea y para la popular. Desde el banco de suplentes, lo miraba Gustavo Alfaro. Fue en 2012. La fecha 18, la anterior, aquel equipo aplastó 3-0 a Boca en La Bombonera. Pasó tiempo, pero los protagonistas son los mismos. El sueño, quizás, es más grande. La camiseta de aquel día se la regaló a Don Julio Grondona, que la tuvo colgada en su quinta, al lado de la 10 de Lionel Messi en la Selección Argentina.

López, sin embargo, no surgió de Arsenal. Suele decir que sus pasos formativos fundamentales fueron en la Escuela de Ernesto Ducchini, en Villa Constitución, una ciudad al sur de Santa Fe, donde nació el defensor. Antes, también estuvo en el club Riberas del Paraná. El nombre de su cuna de saberes es un homenaje a uno de los máximos descubridores de talentos de la historia futbolística argentina. Una de sus estrellas es haber visto, en un campeonato nocturno, a Roberto Perfumo, campeón de la Intercontinental con Racing, jugador de Selección, ganador de torneos locales con River. Fue en un potrero en Sarandí, un barrio dentro de Avellaneda, donde queda la cancha de Arsenal.

AFP Lisandro López

Lichi, como le apodan sus cercanos, era centrodelantero. A los 13 años, lo pasaron a defensor. Le costó. Le gustaba hacer goles, tener contacto con la pelota y, quizás, las marcas se le iban. Fue perfeccionando. Era notorio que tenía talento. Hasta que lo vieron desde Chacarita y lo llevaron. Ricardo Zielinski lo hizo debutar. Carlos Izquierdoz, su compañero de saga, en su proceso de afianzarse en el fútbol, jugó en Atlanta, en la misma temporada. Esos dos escudos son un clásico histórico del fútbol argentino, sin embargo, en 2009, estaba en categorías diferentes y no llegaron a enfrentarse. Pero allí fue que López cautivó a Alfaro y comenzó esa relación de profunda confianza.

Cuando Lisandro Magallán emigró al Ajax y Leonardo Balerdi al Borussia Dortmund, Boca salió a buscar un defensor central: las primeras opciones fueron Víctor Cuesta y José Luis Palomino. El pase de López era del Benfica, había estado de préstamo en Inter y en Genoa. Una temporada antes de que llegara al último club, Nicolás Burdisso, manager xeneize, había sido futbolista allí. Las referencias eran todas buenas. Entonces, Boca puso los ojos en este defensor central, con capacidad goleadora en el arco rival y una gran virtud a la hora de cerrar marcas. De chico, miraba a dos futbolistas: Martín Demichelis y Walter Samuel. Uno de River y uno azul y oro. Los planetas se alinearon para que llegara a la Ribera.

El día en que debutó en Primera, lo pusieron de lateral por derecha en el primer tiempo y de central en el segundo. También se desmpeñó como lateral por izquierda. Alfaro lo consideró fundamental en Boca, en caso de querer armar una línea de 5. En Arsenal, aprendió a pararse en una defensa retrasada, cercana al arquero. En Benfica, compartió su primera temporada con Jorge Jesús, actual entrenador de Flamengo, posible rival en caso de avanzar de ronda: el técnico portugués es un modelo mundial en el trabajo de las marcas en línea y adelantadas. Su formación le permite adaptarse a la condición que sea.

Volver a Argentina fue una manera de acercarse de donde nunca se fue: Villa Constitución. Allí hay un playón dedicado a la actividad física que lleva el nombre del defensor central. Es que López colaboró para la realización del espacio. Es un orgullo para la ciudad. En una de las tardes que pasó con jóvenes de la ciudad se animó a hablar y les dijo a un grupo de chicos de colegio secundario: “Sueñen, que es gratis”. Y, por más naif que suene, siempre vale soñar: si lo sabe López, que alguna vez le pidió esto a Riquelme.

Cerrar