Las claves del Superclásico para River

El problema para convertir goles. La presencia de Martínez Quarta. El diamante en el mediocampo. Gallardo perfila la etapa que se viene.

“Sólo nos queda masticar la bronca por el resultado”. Gallardo dice que lo que lo diferencia de Bielsa en la gestión de un grupo es la cercanía con el futbolista. Sin embargo, lo tuvo como entrenador y lo admira. El 3 de mayo, en la Bombonera, River perdió contra Boca por la liga local, 2-0, cuatro días después se jugaría la ida de los octavos de final de la Libertadores 2015. Un mes antes, el Olympique de Marsella había caído 3-2 contra PSG. Bielsa universalizó una frase y el entrenador riverplatense la emuló en la sala de prensa, tras aquella derrota: “Traguen veneno, al final se equilibra”. El ensayo había terminado: iba a lo importante. Como ahora.

Pero las conclusiones existen. Excepto contra Racing, en el 6-1 del campeonato local, a los delanteros de River les ha costado convertir. Lucas Pratto, el delantero más emblemático, usó la pretemporada para recuperarse de una fractura en el hueso sacro. Ignacio Scocco volvió de una serie de desgarros. Santos Borré no traía el mejor rendimiento. Matías Suárez fue siempre indiscutido. En el comienzo de la Libertadores, por estos motivos, fue titular Julián Álvarez. Salvo el colombiano, de penal, contra Cerro Porteño, ninguno convirtió tantos. Esa fue la primera clave del Superclásico local: es indispensable mejorar la relación con la red de los atacantes. La dupla Suárez-Borré fue la que más se repitió, pero no es titular indiscutida.

La expulsión de Pinola contra Talleres impidió saber qué preferencia tiene Gallardo para la saga central. De las tres series de Superclásico que se jugaron -una Sudamericana y dos Libertadores- será la primera en la que no estará Jonatan Maidana. La segunda clave es que Lucas Martínez Quarta parece el único indiscutido. El segundo central es duda entre Robert Rojas, Paulo Díaz y Pinola (la lesión en la ida contra Cruzeiro le hizo perder el puesto). El seguro se acomoda a jugar con ambos perfiles y ha demostrado cumplir el requerimiento de Gallardo de conducir la salida, con pelota al pie, acelerando y ganando espacios -a veces, hasta gambeteando-.

Aunque Gallardo se ha caracterizado por modificar el esquema en partidos trascendentales, la tercera clave es la forma de diamante en el centro del campo es la que más rendimiento le da. El 4-1-3-2 le da el poder a Enzo Pérez. Consolidado como volante central -supo ser mediapunta en sus orígenes- es el paso inicial a River: los defensores le ceden la pelota y él mira el campo pudiendo ejercer pase corto o largo. Al mantener la columna vertebral del equipo, Exequiel Palacio, siempre una línea delante, puede cumplir dos funciones claves que exigen desorden: presionar y ser el volante que llega sobre el área rival para recibir el centro atrás -entre los dos partidos de Cruzeiro, los de Cerro y Boca, pateó 8 veces y no pudo convertir-. Nicolás De la Cruz y Nacho Fernández demostraron ser los volantes de banda consolidados, rotando las puntas, depende del partido, incluso dentro de los 90 minutos.  

El primer partido será en el Monumental y es difícil pensar que River vaya a ceder el protagonismo que ejerció el último domingo. Tuvo la posesión el 63% del partido. Remató 17 veces contra 5 de Boca. Aún así, no logró convertir. La precisión en el disparo justifica la ausencia de goles porque las llegadas han estado. La decisión de qué delantero esté más fino será fundamental de cara al Superclásico de Libertadores. Esa es la bronca a masticar. Desde ahí armará las nuevas causas el entrenador.

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