La recuperación post perdida y la velocidad para lanzar: la clave de River

El equipo de Gallardo tiene dos fundamentos para atacar rápidamente. Movimientos preestablecidos que le sirven para dañar al rival.

Van 9 minutos y 30 segundos del Superclásico. Bebelo Reynoso cruza un tiro libre en la mitad de cancha. Nacho Fernández le anticipa a Marcelo Weigandt, con la defensa de Boca abierta. Da dos zancadas hacia adelante y lanza a la espalda de Lisandro López. La pelota termina en las manos de Esteban Andrada, pero es un muestreo dos movimientos típicos del River de Marcelo Gallardo: la presión para recuperar y la velocidad para lanzar.

Hay diferentes tipos de presión. La mejor de River es la post pérdida. Cuando la pelota se le va, los mediocampistas y los delanteros se lanzan desesperadamente para recuperar el juego. El volante central, Enzo Pérez, da un paso hacia adelante, Palacios va directo hacia la jugada, De la Cruz pone su velocidad al servicio y los puntas se acercan. Es una decisión táctica: porque en su presión desesperada quedan jugadores libres del rival. Ocurrió, entre otros partidos, contra Cerro Porteño, en el Monumental, que el lateral izquierdo rival y le saltaron Santos Borré y De La Cruz y Santiago Arzamendia filtró hacia el volante central correctamente, dejando parados a los futbolistas millonarios.

“La presión que nosotros hacemos es difícil porque te toca un rival con buena técnica y quedás mano a mano los delanteros con los defensores. La diferencia está en la cancha, en los controles”, sintetiza Leonardo Ponzio, consciente de que el plan de Gallardo no podría replicarse de igual manera en Europa. En Sudamérica, la presión de River se ha vuelto también impresión: apenas Boca saca tras el gol de penal de Borré, otra vez los locales despegan, obligando a los xeneizes a que rechacen largo.

La velocidad para lanzar es un concepto que River aplica a semejanza del Liverpool de Jurgen Klopp. Lanzar el equipo a la presión, cuando la tienen los defensores rivales, permite que, si recuperan los volantes, los delanteros estén adelantados y listos para buscar el espacio. Así le generó situaciones de gol a Boca y, en el torneo local, goleó a Racing con tres gritos iguales en dos minutos y medio; de la misma forma golpeó a Huracán y a Cerro Porteño en la ida de los octavos de final.

“El mejor momento para ganar la pelota es inmediatamente después de que tu equipo la pierde. Cuando el rival todavía está buscando orientarse para dar el primer pase, cuando ha concentrado su esfuerzo en correr para interceptar o para ir al suelo y, distraído en ese gasto de energía, ha desatendido el juego. Ahí es cuando el contrario es más vulnerable”, explica el propio Klopp. River, en eso, es insaciable. Y más de un entrenador del fútbol argentino lo define como una presión con convicción: el caso reflejo es Matías Suárez. quien no se ha caracterizado en su carrera por ser un presionador, pero en los primeros 15 minutos del Superclásico fue al suelo y cortó un pase. 

Lo que une al Liverpool con River es esa decisión de lanzar tras recuperar, optando por un juego directo. Distinto es el caso de los equipos de Pep Guardiola. Allí la presión también es asfixiante, pero los equipos no buscan lanzar directo: giran, construyen posesión y en la zona de confort arman la siguiente jugada. Menos vértigo frente al mismo plan defensivo.

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