La historia de esfuerzo y superación de Luis Amaranto Perea, aquel futbolista que se consagró y hoy es el técnico de Junior

Vendía helados para poder ser futbolista, algo que consiguió; luego de una gran carrera, su nuevo desafío es crecer como entrenador

Luis Amaranto Perea ve a unos niños caminando por las calles del barrio Belén en Colombia e identifica la oportunidad. Prepara las paletas de helado, busca las de crema y las de fruta y se las acerca sonriendo. Alguna de las dos les va a gustar. El más codiciado es el Capricho y estratégicamente le duplica el valor del costo para tener una ganancia al final del día. Los más chicos se convirtieron en la carnada perfecta para que los padres le compren a este vendedor de helados que intenta ganar algo de plata mientras persigue el éxito futbolístico. La tarea es sencilla, ir a la fábrica, retirar la mercadería, devolver lo que no se vendió y quedarse con la diferencia.

A veces vende en la zona del estadio de Independiente Medellín, pero nunca lo suficientemente cerca como para que alguien pueda reconocerlo. Juega en las Inferiores del club y le da vergüenza que sus compañeros lo vean vendiendo helados, entonces opta por mantener distancia. Perea había abandonado la zapatería, donde sus tareas eran organizar las hormas de zapatos y la limpieza, para vender helados mientras se entrenaba con el DIM.

Fue en el conjunto de Medellín donde debutó como futbolista en el año 2000 a los 21 años y conoció a su primer referente: Víctor Luna. El entrenador le transmitió la importancia de la tenencia de la pelota y le inculcó la capacidad de analizar todas las situaciones de juego. Pensar el siguiente pase, cuidar el balón y evitar el pelotazo. El éxito futbolístico le permitió dejar atrás las changas y abandonó Colombia en 2003 para defender la camiseta de Boca Juniors. El defensor no solo consiguió títulos a nivel local, sino que también bajo el mando de Carlos Bianchi levantó la Copa Intercontinental el mismo año de su llegada (victoria ante Milan por penales en Japón). Atrás habían quedado las paletas frutales y la gloria futbolística ya formaba parte de su vida.

Luis Amaranto Perea

Pasaron solo ocho meses desde su llegada al club de la Ribera cuando a los 25 años cambió la camiseta azul y oro y viajó a Europa. El Atlético de Madrid se convirtió en su nuevo club y compartió equipo, entre otros, con Diego Simeone quien años más tarde sería su entrenador. Durante ocho años jugó para el conjunto español, ganó la Europa League en dos oportunidades y en 2012 firmó su pase hacia Cruz Azul de México. También defendió los colores de la Selección de Colombia y disputó la Copa América de 2007 y 2011.

Tres años y varias lesiones después llegó el momento del retiro a los 39 años y Amaranto contó en una entrevista: “Una de las cosas que duelen es que cuando estás en una situación como esta parece que todo el mundo se aleja. Te vuelves a sentir como en un mundo de mucha soledad. Ya no eres importante para nadie, los dos o tres amigos que siempre he mantenido son los que están, pero hoy comprendo muchas cosas”.

A pesar de la sensación de soledad, se impuso su fortaleza. La misma que lo llevó a trabajar en una zapatería para ayudar en su casa, la misma que lo llevó a vender helados para poder pagarse sus necesidades y quitarle un peso a su padre. Fue cuando Luis Amaranto Perea eligió otro camino: el de entrenador. Un año antes del retiro descubrió su curiosidad por la dirección técnica y entendió que en su etapa como jugador le habían faltado conceptos y formación. “Desgraciadamente los jugadores no entendemos el fútbol. El jugador es egoísta, piensa en sí mismo, si juega está contento, por lo demás casi que le da igual, eso genera dificultad para un entrenador. Tenerlos a todos contentos es imposible pero como mínimo, debe generarse un clima agradable”, contó.

Se formó y emprendió el camino teniendo algunos conceptos como máxima: el entrenador debe convencer al futbolista de su idea, mantener el ego equilibrado e incentivar sus ganas de seguir compitiendo. La gran oportunidad de dirigir a Junior, su primera gran experiencia como DT, le llegó de forma casi inesperada hace pocos días. Perea, de 41 años, asumió en lugar de Julio Comesaña, técnico multicampeón con el Tiburón. El entrenador uruguayo llevó a los colombianos a la conquista de la Superliga de Colombia al vencer a América de Cali el 11 de septiembre último y a las pocas horas se alejó del club. A tres días del regreso de la CONMEBOL Libertadores, Perea fue anunciado como nuevo DT de Junior y cosechó el mejor debut: su equipo le ganó 2 a 1 a Barcelona en Ecuador el jueves último. Atrás quedaron las hormas de zapatos, las paletas frutales y hoy enfrenta su próximo desafío: vencer a Independiente del Valle (campeón de la Sudamericana 2019) por la Fecha 4. 

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