Jorge Jesus, el diccionario futbolístico del antihéroe de José Mourinho

Obsesivo de la línea defensiva. Amante de los futbolistas libres. Ganó 14 títulos en la liga portuguesa. Flamengo es su segunda experiencia fuera de su país. Un perfil de un gran entrenador.

Era jugar a pasársela en vez de pasársela para jugar. El toque era sistemático, aunque no se armaban jugadas. Jorge Jesus se cansó y propuso cambiar el ejercicio: en un fútbol de once contra once, cada vez que un futbolista iba a darle un toque a un compañero, debía decir su nombre antes. Era una apuesta educativa: apostar a lo cognitivo -relacionado con el conocimiento incorporado- sobre lo conductivo -repetir un comportamiento porque sí-. Fue en Benfica y, Pablo Aimar, a quien llamaba su entrenador en el campo, acepta que el equipo empezó a jugar mejor. Los futbolistas comenzaron a pensar.

Jorge Jesus es un mito de la pelota. Un entrenador que, hasta su llegada a Flamengo, pareció no haber sido perforado por la globalización. Con 64 años, y con 26 años como entrenador, es la segunda vez que sale de su país para dirigir, con un brevísimo paso por Al-Hilal. Nunca aprovechó la fama de Portugal en la pelota, desparramada en las últimas décadas por Cristiano Ronaldo, por José Mourinho, por Carlos Queiroz o por André Villas-Boas. De hecho, con Mourinho y con Villas-Boas ha tenido muchas disputas dialécticas, de ida y vuelta en conferencias de prensa. Su recorrido fue en la lengua portuguesa -no habla otros idiomas-, en un camino ascendente y brillante en la liga: del Braga que sorprendió en la Europa League, al Benfica más ganador de la historia, hasta llegar a Sporting Lisboa, club al que renunció tras ser agredido físicamente, él y sus futbolistas, por hinchas, en un salvaje y lamentable hecho. 

Jorge Jesus abrió la cabeza en la década del 90. Viajó a Barcelona y se dejó cautivar por los entrenamientos de Johan Cruyff. El Dream Team, con Pep Guardiola como piedra angular, le despertó curiosidades futbolísticas. Incorporó el juego de posesión, de posición y de situación. Aunque no se quedó simplemente en eso. Al igual que Maurizio Sarri, flamante entrenador de Juventus, sorprendió en Europa por su eficaz trabajo sobre la línea defensiva. Un provocador del offside obsesionado con achicar espacios y con que los cuatro marcadores queden en la misma recta, funcionando casi como un regla de escuela primaria. Algo que le dispone un desafío muy grande para el fútbol brasileño: más preocupados por la técnica que por la táctica, aprovechando las capacidades de las gambetas largas, padeciendo algunas altas temperaturas que impiden la coordinación constante de movimientos, la liga de Brasil se carateriza por ser larga y dividir zonas de ataques y de defensas. A excepción del Palmeiras de Felipe Scolari, mejor clasificado a la Libertadores y líder del Brasileirao.

Jorge Jesus ganó 14 títulos a lo largo de su carrera. Pero, cuentan las mitologías, ha sido preso de un gualicho. En 1962, Benfica venció en la final de la Champions League -su antigua versión- al Real Madrid de Alfredo Di Stéfano. Su entrenador, Bela Guttman, pidió un aumento salarial. Se lo negaron. Se fue, indignado, lanzando un maleficio: “Nunca más ganarán un torneo de Europa”. Así fue: perdió las ocho siguientes a las que llegó, dos con Jorge Jesus al mando, la Europa League de 2013, contra Chelsea, y de 2014, contra Sevilla. 

“Le gusta hacer jugar muy bien a sus equipos. Si bien trabaja mucho los movimientos en ataque, también le da libertad al jugador. Y, sobre todo, siempre quiere mezclar a los jugadores con buen pie”, explica Javier Saviola, quien lo tuvo como entrenador en Benfica. La libertad es lo que lo aleja de Mourinho, Jadim o Queiroz. Es una versión artística de la pelota lusa. La cultura carioca le da la bienvenida. 

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