Entrevista con Carlos Izquierdoz: "Si el fútbol no funcionaba, me iba a dedicar a estudiar"

Volver a empezar después de perder la final. El dolor de sus compañeros por dejar el club. La realidad de Boca frente a otros equipos. El defensor analiza al sistema fútbol.

Dice, molesto, que vio las dos primeras temporadas de Game of Thornes y las abandonó. Le dice, en realidad, Juego de tronos y no porque desprecie el inglés. “El libro es mucho mejor que la serie. Yo me leí dos veces la saga”, aclara, antes de que cualquiera pueda ofenderse por la crítica a una de las series más prestigiosas de la época. Su relación con la lectura comenzó en Lanús. Había cuatro señoras que los cuidaban cuando eran pibitos y les armaron una biblioteca. El primero que agarró todavía lo recuerda: Asesinato en el expreso oriente, de Agatha Christie. 

Podría ser esto un detalle colorido de un personaje, pero a Carlos Izquierdoz, hoy uno de los centrales de Boca, lo define. A los 20 años, no terminaba de despegar en Lanús y le propusieron irse a préstamo al ascenso del fútbol argentino para sumar minutos. No lo dice apesadumbrado: “Si no funcionaba, iba a agarrar los libros y a ponerme a estudiar”. En esos años, en Atlanta, empezó la carrera de Contador Público en la Universidad de Buenos Aires. 

Todo ese recorrido está en la mochila de Izquierdoz, que se sienta en una silla para pensar cómo es vivir en esa locura llamada Boca, cómo se sueña una victoria, cómo se vive después de una derrota y cómo se puede disfrutar con tanta responsabilidad. 

Carlos Izquierdoz Boca Juniors Copa Libertadores

- ¿Qué es lo que motiva a una persona a querer jugar en Boca y vivir toda esta locura?

- Y porque nosotros estamos hechos de la misma locura que está hecha la gente. Nosotros antes que jugadores fuimos hinchas y como jugadores seguimos siendo hinchas. Pese a que hay muchas cosas que tendríamos que cambiarlas porque hay demasiada locura y demasiado fanatismo entonces hay que saber medirlo. Nosotros tenemos dentro ese fanatismo y esa exigencia. Jugamos un picadito y lo queremos ganar.

- Hay algo particular de jugar en Boca: se vive siendo relatado. 
- Conocemos un poco la exposición y sabemos que es muy grande. Hay que manejar un perfil bajo porque cualquier cosa que hacés por ahí tiene repercusión. Lo que menos querés hacer es afectar la vida familiar o algo por el estilo. Yo lo manejo con calma. No me gusta salir demasiado. Trato de estar con mi familia y de disfrutar el tiempo con ellos porque siempre estamos jugando.

- ¿Consumís información de Boca?
- Me gusta estar informado de lo que está pasando. En el fútbol, en nuestro club y en el país. Pero no lo tomo demasiado en serio. Más hoy con las redes sociales, que en un club con tantos hinchas como Boca, te vuelven loco. Habrá comentarios de todo tipo: gente a la que le gusta lo que hacés, gente que no. Nosotros sabemos cuándo lo hacemos bien y cuándo no, y tratamos de dejar un poquito al margen la opinión de terceros.

- Jugaste en el ascenso, en México, en Lanús, ¿qué tan diferente es?
- Lo vivimos parecido. Cuando estás en un club grande, va a haber más gente pendiente. Yo valoro mucho mi paso por Atlanta. Fue mi primera experiencia en el fútbol profesional y cada vez que me cruzo con un hincha de Atlanta o gente que vi cuando me tocó participar ahí lo disfruto porque sé que hubo que remarla. Porque pese a que intentaban darnos lo mejor y teníamos un montón de gente apoyándonos había ciertas carencias que hoy no las tenemos. Me tocó enfrentar por el torneo local a Patronato y me encontré con un compañero que tuve tanto en inferiores en Lanús como en Atlanta y charlábamos y nos reíamos de situaciones que nos tocó vivir.

- ¿Haber vivido eso te cambia la valoración de las cosas?
- Hay muchas situaciones que no son ni parecidas a las que vivimos acá. Estar acá y tener todo lo que hay en Boca o lo que me tocó al estar acá en Lanús o en Santos Laguna, que son clubes muy bien armados, te llevan a hacer todo para seguir progresando. Porque la remaste y no querés volver atrás. Porque la otra realidad, por momentos, es dura. Porque pese a que estás jugando al fútbol y viviendo de lo que te gusta hay mucha diferencia entre un club y otro.

- ¿Eso se lo podés transmitir a los más chicos de Boca?
- Tratamos. Por ahí, estos chicos crecen jugando en las inferiores en Boca, en la Reserva, en Primera, y tienen toda su ropa impecable, se bañan con agua caliente, no se dan cuenta de lo que están viviendo y ves que no se esfuerzan al cien por ciento para mantenerse en una situación como ésta o mejorar. Y ahí es donde a algunos nos toca decirles 'dale, porque si no rendís acá vas a tener que pasar a vivir otras realidades'.

- Quizás, suena un poco trillado, pero suele decirse que algunos futbolistas viven en una burbuja, ¿es así?
- Sí, pero todos tenemos familia. El futbolista viene de un entorno de clase media y de clase baja, donde hay muchas carencias. Todos conocemos la realidad y no podemos engañarnos porque jugamos en Boca o porque tenés un buen auto o vivís en un buen lugar. Nuestras familias lo viven, nos toca compartir esa experiencia y tenés que darte cuenta de que, si tuviste la oportunidad de jugar a la pelota y hacer lo que te gusta, cuidalo. No porque lo que haga nuestra familia está mal, porque, si lo tuviéramos que hacer, no tendríamos problemas, pero, si tenés una oportunidad de crecer, aprovechala.

- Si no hubieras sido jugador, ¿qué habrías hecho?
- A mí me gustaba estudiar. SIempre intenté tener buenas notas en la escuela y de ser un alumno aplicado. Obviamente, estaba después todo el día en la calle jugando a la pelota. Mi mamá no me exigía, pero sí me aconsejaba que me fuera bien en la escuela. Cuando fui a a Atlanta, ya tenía pensado probar uno o dos años en el ascenso y, si no funcionaba el fútbol, me iba a dedicar a agarrar los libros y a estudiar. Había arrancado la carrera de contador público. Hice el CBC en la UBA. Arranqué por ahí y, cuando vi que se me complicaban los tiempos, me fui por el fútbol, pero no tenía problemas en retomarlo.

Carlos Izquierdoz Boca Juniors Copa Libertadores

- Asumiendo toda esa realidad, ¿cómo se hace para vivir con las exageraciones del fútbol? Por ejemplo, ustedes jugaron una final (Boca-River) de la que se habló sin parar en el mundo.
- Pasa. Esas cosas, quieras o no, nos van marcando. No resultó como queríamos y, sin embargo, nosotros tenemos que seguir viviendo, seguir creciendo y pensar en nuevas oportunidades. Eso es lo que pensamos. Pensamos en qué tenemos de acá en adelante: partidos importantes por copa local, por el torneo local, por la Libertadores. Nuestro nuevo desafío es ganar la Libertadores. Entonces nos preocupamos y nos preparamos para lo que viene. Lo que pasó ya no hay modo de cambiarlo. Intentamos gastar nuestra energía en eso y en lo que nos conviene. Tratamos de vivir con nuestras familias y, ahí sí, de meternos en una burbuja para que todo lo que pasa alrededor no influya y no genere nada en nuestras familias porque son los que están siempre y tenemos que cuidarlos.

- ¿Te da bronca que, después de esa final, algunos compañeros tuyos se hayan ido sin poder disfrutar del todo?
- Yo creo que sí lo disfrutan. Si le preguntás a los últimos que se fueron, a Nahitan o a Pipa o a Cristian Pavón, ellos lo disfrutaban y les dolió. Porque lo hablamos y nos decían: “Nos cuesta mucho irnos”. Esto es lo máximo. Yo me volví de México porque quería jugar en este club. Pero se terminan yendo por lo que hablamos. Hay veces en que no tenemos que pensar tanto en el egoísmo personal y sí en nuestras familias. En la posibilidad de crecer, en dar una vida mejor. Todos sabemos las situaciones que se viven en Argentina. En Europa se vive mejor. Se pueden dar otros gustos.

- ¿La felicidad está vinculada con ganar?
- Cuando ganás siempre estás feliz y cuando perdés siempre estás triste. Yo lo relaciono de esa forma. Me cuesta comprender al que pierde y lo ve como si no hubiese pasado nada. En México había veces que terminábamos de jugar y había compañeros que estaban como si nada. Acá, a veces, con alguno pasa y no lo entendés. Pero en general acá da bronca perder. Te esforzás al máximo para ganar y ahí llega el momento de plenitud y de felicidad y parece que todo está bien. Y cuando perdés llegás a casa y hacés el clic antes de entrar para no transmitir la bronca.

- ¿Cómo lo hablás con tu familia?
- Me pasa que tengo dos hijos chiquitos, hermosos, que llego a casa y los veo y ya está. Te dan un abrazo y te olvidás de todo.

- ¿Te escapás del mundo del fútbol con alguna otra cosa?
- Me gusta mucho leer. Ver series. Ahora está muy de moda ver series. Tanto en casa como en las concentraciones matamos el tiempo con eso. Pero la lectura es algo que me gusta mucho. Me gusta la ciencia ficción. Los policiales. Lo que tiene hechos históricos. Agarro de todo un poco.

- Y si tuvieras que sintetizarlo, ¿se disfruta jugando al fútbol en un nivel tan exigente?
- Por ahí, cuando estás jugando te olvidás de todo y lo único que querés es ganar. No tomás dimensión de qué estás jugando y qué no. Simplemente lo querés de la mejor forma posible y querés ganarlo. A diferencia de cuando jugaba con mis amigos que quería ganar y lo disfrutaba. Hoy, adentro de la cancha, no se disfruta porque tenés tanta responsabilidad que tratás de estar lo más concentrado posible. Eso lo vivo yo. Otros jugadores dicen que sí. Que entran a la cancha y disfrutan y sienten. Pero para mí esos tipos son los superdotados. Un tipo como Riquelme, que vos lo veías en la cancha y ves que disfrutaba. Estaba haciendo lo que realmente sabía. Después hay tipos como yo, que entramos a la cancha y tratamos de estar concentrados y de aportar lo mejor al equipo. 

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