Historias de hinchas de River en Curitiba: lo que llaman locura, vicio y las marcas que serán eternas

Los hinchas se acercaron al hotel donde se instaló el plantel millonario en Curitiba para afrontar este miércoles la Recopa ante Athletico Paranaense. Ofrecieron su amor a los protagonistas y sus miles de historias.

El chárter que trasladaba al plantel de River despegó de Ezeiza con un rumbo claro: Curitiba y la Recopa. Mientras crecían los pies de altura de la nave, la puerta del hotel en el que se hospeda el plantel iba sumando espectadores. Primero fueron las cámaras, los trípodes, los periodistas de las distintas cadenas televisivas y sus respectivos productores. Todos ubicados para tomar de la mejor manera la corta caminata de los protagonistas desde el bus hasta la puerta del lobby.

Los primeros en llegar lo hicieron a los gritos. La locura de estar donde corresponde. Ahí. Esperando por los suyos. Por esos que les dieron la mayor alegría de todas. Argentinos se mezclaban con algunos brasileños, con camisetas verdes. Eran hinchas de Coritiba Foot Ball Club, el clásico de Athletico Paranaense, que pasaban y les dejaban sus mensajes de aliento a los hinchas que este miércoles serán visitantes.

Tiene 19 años y convenció a su abuelo para ir juntos a Curitiba. Obvio, viste esos colores, esa camiseta. 

- ¿Cuántos lugares te hizo conocer River?
- ¡Uff! ¡Una banda! Todos los que conozco fueron gracias a River. 
- ¿Y cómo hacés con el trabajo?
- Me pedí los días. Pero después vuelvo el viernes a la madrugada y ni duermo, me voy directo a trabajar.

Agarró la mejor época. Desde hace casi dos años, cuando cumplió la mayoría de edad, gasta sus pesos en seguir al Millonario. Es una herencia: su abuelo explicaba que todo el árbol genealógico estaba pintado de blanco y rojo.

Llegó otro más y fue directo a saludarlo. Charlaron un rato. 

- ¿Se conocen?
- ¡No! Bah, no sé. Seguro nos vimos en algún viaje, je. 

Y qué importa, si están ahí por el mismo motivo. Ya había mucho en común, muchos temas que tocar, muchos elogios para repartir si hablaban de River. 

Una madre esperaba ansiosa. Los dos nenes se portaban bárbaro. Cartel en blanco en el piso y ¡a dibujar! "Bienvenidos!", rezaba con tinta roja aquel papel. Juani, de 5 años, puso su firma y desplegó su arte: dibujó el escudo de River, una gallina a la izquierda y un oso a la derecha. "¡Ah! Por el Oso Pratto", reconció su madre cuando todavía no había finalizado. Félix, de 2, también escribió su nombre. La locura de los nenes por sus ídolos se tradujo en calma para esperarlos. "Y... con los padres que tienen", negaba la mujer. Claro, la pareja fue a la cancha toda la vida, incluso con el embarazo avanzado. No había escapatoria. 

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El gemelo de uno lucía la sombra de la Copa Libertadores y una franja roja que la cruzaba desde el vértice superior derecho hasta el vértice inferior izquierdo. Abajo, la fecha de la final de la última Libertadores: 9-12-18. Su amigo -a quien había conocido exactamente en ese instante- había ido por más: el gemelo izquierdo tenía el escudo de su club, la frase típica que imponen desde el marketing y una Copa Libertadores más detallada, teñida de rojo. ¿Más? Sí, más: un escudo diferente en el antebrazo envuelto por la frase de una famosa canción argentina "nada como ir juntos a la par". Y un tercer escudo en la mano derecha, a la vista de todos. 

- Mirá a ese loco, andá a sacarle fotos también

El más increíble de todos también estaba sobre una pierna y tenía a los mismos protagonistas de siempre: Libertadores y River. Una foto de aquella noche en Madrid, la cara de felicidad de Gallardo, el escudo y la camiseta de River con el Muñeco levantando la Copa y posando para la toma. Con un nivel de detalles increíble, hasta puso algunos escudos de las chapitas del trofeo:

- El tatuador es hincha de Boca y me empezó a dibujar el escudo. ¡Casi lo mato! Y mi novia es de Boca, también. Cuando le mostré el tatuaje me dijo "tres son multitud".

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Llegó River para jugar la Recopa. Gallardo le dio la mano a cada uno de los simpatizantes. Ellos le agradecieron "por todo". Llegan los hinchas visitantes. Porque "viajar a ver a tu equipo es un vicio", reconocen. Nada más lindo que sentirte importante. Sentirte parte de los pocos apoyando entre una multitud que quiere lo contrario. Conocer, pasear, disfrutar con los tuyos. Al fin y al cabo el fútbol es la mejor excusa. 

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