Gallardo: de la declaración en Curitiba al DT máximo ganador de River

Llegó a los 10 títulos en River. Fue tajante en la ida sobre la confianza que tenía en su equipo. Las claves de un conjunto que emocionalmente logra sus objetivos.

La pregunta no fue tan intensa como la respuesta. Deformó sus cejas, tomó aire y levantó las manos como metiéndole un signo de exclamación a su frase. "Mirá si no voy a creer en estos jugadores", ladró, sin que el periodista, en la sala de prensa del Arena da Baixada, hubiera puesto en discusión a sus futbolistas. River acababa de perder contra Athlético Paranaense, en uno de los pocos partidos desde junio de 2014 en que habían superado tácticamente a su entrenador. El respaldo estadístico era un muro: 55 series, 44 victorias y 11 derrotas. "Que la gente se quede tranquila", había dicho, hace un año, tras perder la primera semifinal contra Gremio, en el Monumental. Marcelo Gallardo ya sabe de los poderes de su garganta. El 0-1 era muy poco para decretarlo caído: ahí estaba preparado para incomodar al sueño que brotaba en Curitiba.

Diego Milito cuenta que, en la ida de los octavos de la Champions League de 2010, Inter venció, de local, 2-1 a Chelsea y la sensación, en el vestuario, era que el resultado era muy poco como para sentirse seguros. Apenas con un 1-0, los ingleses, últimos campeones de la Premier League, los eliminarían. Estaba el plantel en silencio en el vestuario cuando, por un televisor, vieron la conferencia de José Mourinho, su entrenador: "Yo estoy muy contento con el resultado. Yo dirigí Chelsea. Yo sé que en Stanford Bridge no pierdo". Respiraron. A veces, las frases de los directores técnicos, como la de Gallardo tras perder en Curitiba, sirven para las emociones: en el convencimiento propio y en la decepción del rival que, pese a ganar, ya no siente el mismo sabor.

Gallardo le entiende todas las huellas dactilares al club. "River es demasiado grande como para que uno se quiera poner por encima del escudo", dice, luego de levantar el trofeo. Acaba de hacer la de Lionel Messi: romper un récord cuando ya tiene el título de campeón más que guardado. Superó a Ramón Díaz en cantidad de títulos: con 10, es el máximo ganador en la historia de esos colores -7 internacionales-. El sello lo logra de local, donde parece imperturbable. Lo hace apostando a una reacción anímica: los Millonarios repiten el esquema con el que perdió en Brasil -con Leonardo Ponzio de titular y casi de tercer central, permitiendo que los laterales aprieten a los extremos descendidos del rival-, pero asfixian más adelante. Los volantes son contenedores por adentro, mientras que los marcadores de punta se convierten en extremos. Le grita constantemente a Fabricio Angeleri y la apuesta le funciona: por izquierda, sus centros agobian a los brasileños. La diferencia con la ida se percibe en la cantidad de disparos al arco: en Brasil, son 7; en Buenos Aires, 22.

El Muñeco, un adicto a la prolijidad y fanático del buen comportamiento, grita un poco en el micro que da la vuelta olímpica y no mucho más. La estridencia no es su estilo: mismo en la final de la Libertadores 2018, se quedó parado sobre el césped, diciendo "no hay más que esto". La clave está en la sed. En que, pese a esa frase, el entrenador de River busca, en la derrota siguiente, un nuevo antídoto para seguir reconvirtiéndose. Athlético Paranaense podía ser un detalle, pero no lo fue. "No sé si alguna vez más en mi carrera viviré algo así", comenta. El estadio corea su nombre. Levanta los brazos. Apenas unos segundos. Y sigue. Siempre sigue.

Cerrar