Everton: la historia de Cebolinha

Su historia es como la de un cómic que comenzó en los 60. Las diferencias de su juego en la Selección de Brasil. Su rol en Gremio.

Cebolinha apareció en octubre de 1960 como el personaje secundario de Bidu y Franjinha, una historieta de Mauricio de Sousa en el diario Folha de Sao Paulo. Tardó tres años en ganar el protagonismo exclusivo, hasta que el cómic pasara a tener su nombre. Era un niño con poco pelo y cabezón, que en la década del 80 y del 90 tuvo su auge. En la última Copa América, Tite se acercó a Everton y le preguntó si podía llamarlo con ese apodo. “Hasta mi mujer me dice así”, contó el delantero, al que toda la vida le dijeron que se parecía al dibujito. En Grêmio, donde está desde los 16 años, le costó ganarse el cartel principal, pero lo logró: ahora es el póster central.

“Lo que llamó la atención fue la velocidad y su capacidad técnica”, comentó Francisco Barletta, coordinador de base de Grêmio y quien lo llevó al club. Nació en Ceará, pero su vida grande futbolera fue en Porto Alegre. Debutó en Primera en 2014. Formó parte del título de la CONMEBOL Libertadores 2017, pero el protagonismo en aquella época era de Luan. En 2018, tuvo su bestia negra: ingresó de suplente en la semifinal, quedó mano a mano con Armani, se lo sacaron y no pudo concretar. Este 2019, sin dudas, es su año: ganó la Copa América, con la dura tarea de reemplazar a Neymar y logrando en un altísimo nivel.

Everton  es el máximo gambeteador de la Libertadores. Dejó en el camino a 51 rivales. Al segundo, Nacho Fernández, le lleva más del doble. La diferencia entre su rol en Brasil y en Grêmio es que en la Selección juega pegado contra la banda, mientras que en el equipo ataca por dentro y por fuera, con más libertades para recibir. Junto a Paolo Guerrero, en la Copa América, con tres gritos, fueron los máximos artilleros. En la Libertadores, tiene 4, a dos de los que más marcaron.

La vuelta de los cuartos de final, contra Palmeiras, quedará para la historia como uno de sus partidos de leyenda. Grêmio había perdido la ida, de local, 1-0. La revancha, de visitante, arrancó un 0-1 en contra, madrugador. Hasta que él apareció para resolverlo todo. Primero, la metió. Y, unos minutos después, hizo una de esas jugadas que sólo parecían capaces de lograr Maradona o Pelé. Arrancó desde la mitad de cancha, se sacó de encima tres rivales y terminó habilitando a Alisson para que definiera la serie. Michael Jordan decía que eran más los partidos que él había perdido que los que había ganado, pero aún así prefería ser él el responsable de que eso ocurriera o dejara de ocurrir. Everton se vistió de Jordan, que es como vestirse de genio, y se hizo cargo del partido.

A Everton lo mira el planeta del fútbol y los europeos quieren comprarlo. Esta temporada ha sido maravillosa. El protagonismo en Grêmio es fundamental. Ha ganado los carteles. Como Cebolinha, desplazó a los grandes nombres para quedarse con el cartel. En él, van los sueños de Porto Alegre para vencer al gigante Flamengo y pasar a la final de la Libertadores.

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