Entrevista con Franco Armani: "Nunca me conformo con lo logrado"

El arquero cuenta su historia: su infancia, su relación con la religión y cómo Gallardo ayuda a River a superarse

- Cuando me tocó vivir eso, pensé que no iba a jugar más al fútbol. Es la realidad, pensé en no jugar más al fútbol. Después de la cirugía, me despierto, estaba mi señora al lado y la veo llorando. Le preguntó qué pasa amor, qué pasa, decime qué pasa. No me decía nada. Le sigo diciendo qué te dijo, qué dijo el médico, te dijo que no voy a jugar nunca más. Tenía ese pensamiento en la cabeza. Y me dice que no, que está todo bien.

Hay dos: el que pone ojos de malo en el césped y el que abre las pupilas vidriosas cuando algo lo emociona. Nadie espera sensibilidad de un arquero gigante que va por su tercera Libertadores, pero Franco Armani se acuerda exactamente de lo que sintió en el último instante de La Bombonera en que le sacó el mano a mano a Darío Benedetto. Lo recuerda y sonríe como si nunca hubiera salido del garaje de su casa en Casilda donde su hermano mayor le pateaba. Su memoria también guarda los días feos: la rotura de ligamentos en Colombia, la operación y el fútbol sin plata del ascenso. La historia explica cómo llegó hasta acá. Entonces, sobre una banqueta del Salón de Honor del Monumental, abre su alma para compartirla un rato y explicar por qué cree en Dios y, a la vez, porque las atajadas no son suerte si no el firme laburo de la semana.

- ¿Qué tan futbolera es la familia Armani?
- En la familia, el fútbol es todo. En frente de casa teníamos lo que era el viejo club Aprendices Casildense. Del barrio de toda la vida. Nos criamos ahí, jugando en esas canchas. Mi abuelo era el utilero de la Primera. Siempre nos llevaba a la cancha. Y encima después el club se mudó y nos quedaron las canchas para nosotros. Veníamos del colegio y ya cruzábamos

- ¿Por qué decidiste ser arquero?
- En mi casa, en el garaje, ya no estaban los portones, había quedado un marco solo, entonces mi hermano más grande, que también es futbolista, se ponía a patear y a mí me ponía en el arco.

- ¿Qué es lo primero que te acordás de ser arquero?
- El arco era mi debilidad. Cuando arranqué en el baby de Aprendices, ya mi función era ser arquero. Me costaba mucho porque, en esa época, como todo pibe, era bajito. Me pateaban arriba, saltaba y no llegaba y me molestaba mucho eso. Me metían muchos goles por arriba.

- ¿Qué quedó de ese pibe en vos?
- Yo creo que siempre siento lo mismo. En ese entonces, como te digo, me molestaba mucho que me la tiraran por arriba en los partidos. Me calentaba que me metieran los goles de esa manera. Y hoy mismo me pasa lo mismo. Viene uno en una práctica y te la tira por arriba o te la pican y me molesta. Cuando me la pican, me saca.

- Hablamos de tu abuelo. Alguna vez contaste que en Colombia te cruzaste con el ángel de tu abuela, ¿cómo fue esa experiencia?
- Fue en Colombia. Apenas había llegado a Atlético Nacional. Fue un momento muy lindo. A ver cómo te explico. Es una canalizadora de ángeles. Tomé la decisión de ir a ver qué se sentía. Fui y bueno tuve el acercamiento con mi abuela. Fue un momento lindo. Lindas palabras, de la vida, de mis hermanos, de que los cuidara. Un recuerdo muy hermoso.

-¿Siempre fuiste religioso?
- Desde Colombia. Después que conocí a mi esposa Daniela, tuve un acercamiento con Dios. Porque la familia de ella es muy creyente. Tuve la lesión de rodilla, que fue una lesión de ligamentos cruzados y me acercó a la iglesia. Recomendada por la esposa de un compañero que tenía ahí en Nacional. Al principio, me decía vamos y yo no quería saber nada. En ese momento, no me sentía a gusto. Tomé la iniciativa de ir a la Iglesia, me acerqué, obviamente desde ese momento que fue duro, las cosas cambiaron muchísimo.

- ¿En qué cambió?
- Me acuerdo que faltaban dos fechas para terminar el todos contra todos de la liga y el técnico, Juan Carlos Osorio, me dio la oportunidad de jugar los últimos dos partidos de la Liga. Tuve un buen rendimiento. La verdad es que volví muy bien de la lesión. Me gané el puesto. Jugué en las instancias finales. Fue a mediados de 2013 y salimos campeones. Desde ahí, fue un cambio muy importante en mi carrera.


- Pero hiciste un clic y de repente ganaste dos Libertadores, jugaste un Mundial, volvés a otra final de Libertadores.
- Nunca me conformo con lo logrado. Obviamente, el club donde estoy demanda eso. Este es un lugar donde ganar es una obligación. Yo pienso eso. Eso lleva a nunca relajarse.

- ¿Cuánto tiene que ver el cuerpo técnico en eso?
- Muchísimo. Es una pieza fundamental. Arranca por el técnico porque salís campeón en un torneo y al otro día él te hace saber que tenés de inmediato otro torneo que tenés que ganar. Que esto sigue y que nunca te podés relajar. En eso, creo que es un punto alto de todo el cuerpo técnico.

- ¿Cómo es tu proceso de perfeccionamiento?
- Cuando me meten un gol, me queda esa sensación, que creo que nos pasa a todos los arqueros. Esa sensación de que podríamos haber hecho algo. De si estabas bien ubicado. Entonces soy exigente con eso. Cuando veo que en algún gol pude haber hecho otra cosa o estaba mal ubicado, trato de mirar rápido el video para poder sacar mi propia conclusión.  

Franco Armani River Copa Libertadores

- ¿Cuál fue tu mejor atajada?
- No me voy a quedar con una. Me voy a quedar con dos. Primero, la de Gigliotti, a Independiente. Porque es una jugada que la mayoría, bah a veces a mí me pasa, que parece que la jugada está perdida. Cuando vamos a achicar la primera jugada, porque da el pase atrás, la damos por perdida porque pensamos que ya no llegamos. Es imposible llegar hasta allá. Esa es una jugada que no me di por vencido. Fue un centro atrás, no me di por vencido y dije voy. Voy y bueno pasará lo que tenga que pasar. Centro atrás, no me doy por vencido, voy rápido y me estiré lo más que pude y la pude sacar.

- ¿Cuál fue la sensación?
- Fue hermosa. Porque, como digo, a veces nos damos por vencidos y ahí en ese momento tomé la decisión rápida de ser explosivo, de ser rápido y jugármela. Abrirme de brazos lo más que pude, estirarme lo más que pude, para sacar esa pelota. Es una sensación hermosa porque sabés que fue una gran atajada para salvar al equipo.

- ¿Cuál es la otra atajada?
La de Benedetto. Era la final. Fueron dos jugadas parecidas, centro atrás y viene el delantero a definir. Son jugadas que uno no tiene que darse por vencido y seguir. Y la sensación en la de Benedetto fue distinta porque fue en una final. Un 3-2 por ahí ya era un poco más complicado. Fue una sensación totalmente distinta.

- ¿Y ahí te sentís imbatible o sentís que salió por azar?

Armani escucha la pregunta riéndose y, de repente, se pone serio. Duda, pero lo dice, sin presumir, aunque dándole razonamiento a tanto sentimiento.

- Que me salió no porque eso se trabaja. Eso es trabajo, es el día a día. Después uno tiene que tomar la mejor decisión en el campo de juego. Esto no sale por salir, esto detrás tiene un trabajo.

- ¿Y la de Gremio?

- Al principio dije salgo y después dije tomo la decisión de quedarme adentro del área porque tengo más posibilidades. Puedo atajarla con la mano, con el pie. Si salgo fuera del área, me queda solo el pie. Me encara y lo tengo que bajar. Por ahí, una expulsión. Dije no, mejor lo aguanto. Después Javi Pinola se recuperó y dije, aguanto atrás que Javi por ahí se la puede sacar. Lo espero dentro del área. Definió y rápido ahí tuve que sacar le pie.

- ¿La de Cruzeiro?
- Fue rápida porque fue un centro, quedó una pelota ahí boyando, quedé medio a contrapié, tuve que reaccionar rápido al delantero que le había quedado el rebote. Y, también, sacar el pie. Me quedó ese recurso. Me pegó, pegó en el travesaño y salió. Gracias a dios la segunda pelota, al que le quedó el rebote, pateó afuera porque me había quedado enganchado con la red. Si pateaba al arco era imposible.

- Sinceramente, ¿sos tranquilo antes de los partidos?

Soy tranquilo. Como me ven todos. Descanso bien. Estoy tranquilo porque, primeramente, tengo un grupo de compañeros que se que van a dejar todo por el compañero. Y porque en la semana trabajamos bien, tanto yo en el tema de arqueros con Tato Montes, el entrenador de arqueros. Hacemos un trabajo excelente. Si estoy tranquilo, las cosas salen bien.

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