En Parque Patricios, del cielo cayeron agua, truenos y 31 centros

El equipo del Turco Mohamed buscó siempre desde afuera hacia adentro. La cancha mojada no ayudó a la elaboración de juego tampoco.

El grito de la popular y de la platea en el Tomás Adolfo Ducó explota de fondo. Hay canciones, pero sobre todo hay montones de letras uuuuuu que se repiten. Llueve y los vendedores de pilotines blancos y rojos han juntado una buena moneda. Huracán debuta en su cuarta CONMEBOL Libertadores. Cruzeiro gana desde los 30 minutos del primer tiempo. El césped junta espejos de agua. No está fácil de armar juego. Por eso, el plan termina siendo uno solo: tirar centros. La estadística final es clara: 31 centros. Ni un gol.

El 4-4-2 que dispone Antonio Mohamed en la cancha predispone las llegadas desde afuera hacia adentro. Por el costado derecho, Christian Chimino y Carlos Auzqui. Por el izquierdo, Omar Alderete y Andrés Roa. Dos delanteros, Lucas Barrios y Lucas Gamba. El segundo de los puntas siempre buscando por afuera. Dos volantes centrales como Iván Rossi y Israel Damonte, más de contención que de ataque. El césped empapado. Una imagen repetida constantemente: desde tres cuartos de cancha o desde raya de fondo, siempre buscando el área por el aire.

Barrios invita a eso: sus 187 centímetros de largo son un faro. Pero no pudo conectar demasiadas veces. Cruzeiro no llegaba a marcar por los costados. Sobre todo Chimino y Alderete quedaban cómodos para lanzar. No estuvieron precisos y costó. El más impreciso fue Gamba: tiró 19 y apenas tres pudieron se conectados por sus compañeros. Chimino tiró siete y uno sólo bueno. Alderete tiró cinco y uno bueno. 

La tarea, entonces, para Huracán es triple: mejorar la precisión de los centros, llegar al área con más futbolistas para cabecear y planificar otra manera de atacar. Ya que pocas veces logró construir de otra manera y casi no tuvo mano a mano con el arquero o disparos de larga distancia.

Claro que Cruzeiro tiene responsabilidad. Sobre todo, sus dos defensores centrales: Leo despegó en 12 oportunidades y Murilo Cerqueira en 14 ocasiones. No fallaron casi en ninguna ocasión. Cada pelota, mojada, puede ser complicada. Pero, aún así, pudieron resolverlo con facilidad.

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