El gran acierto táctico de Thiago Nunes que River no pudo frenar

El 4-2-3-1 complicó muchísimo al equipo de Gallardo. Que Rony arrancara de extremo y fuera de centrodelantero incomodó. La línea de volantes internos desbalanceó el encuentro.

La táctica es un juego de geometría. Una explicación del fenómeno deportivo sin pensar en detenerse en las magias o en los factores del alma. Son dibujos que se hacen en servilletas y que los entrenadores estampan en las libretitas de moda. Una imagen del día anterior mostraba a Marcelo Gallardo dibujando con una lapicera sobre un anotador. Suelen decir los futbolistas que lo tuvieron que esa es su gran virtud para los partidos coperos: saber disponer las fichitas del juego de mesa. Aunque esta vez el acierto fue de Thiago Nunes, el director técnico de Athlético Paranaense. 

En La Bombonera, en el último partido de CONMEBOL Libertadores, el dibujo de los brasileños había sido 4-1-4-1. River intentó contrastar eso con un 4-3-1-2, una de sus fórmulas favoritas, con Nacho Fernández de enganche. Se le desarmó cuando al inicio Paranaense armó un 4-2-3-1, con Lucho González un paso más adelante de Wellington Martins y de Bruno Guimaraes. El mediocampo le quedó descompensado: 3vs2. Eso sumado a la intención de los locales: presionar y ser protagonistas.

Pero ese no fue el mayor problema: el extremo izquierdo, Rony, siempre atacó la diagonal hacia adentro, buscando recibir delante de Lucas Martínez Quarta, quedando como segundo centrodelantero. Marco Rubén estaba con Javier Pinola, su excompañero de Rosario Central. Camilo Mayada quedó sin comprender cuáles eran sus responsabilidades: si acompañar a Rony o quedarse con Renan Lodi, el lateral izquierdo que atacaba. Delante, Exequiel Palacios también dudaba entre equilibrar en el centro del campo o ir hacia afuera. Entre quien tomaba la iniciativa y quien se defendía no había manera clara de cómo equiparar los movimientos para neutralizarlos.

River modificó el dibujo tras el gol de Marco Ruben. Hizo lo que en la jerga futbolera se denomina "igualar": 4-2-3-1 vs 4-2-3-1, con Matías Suárez de mediapunta por izquierda, con De la Cruz por derecha y Nacho Fernández detrás de Lucas Pratto. Pero las catacterísticas del nuevo esquema ya no eran compatibles con las de los jugadores sobre el césped. El uruguayo De la Cruz presionó equivocadamente al central rival en varias ocasiones, tuvo que volver con Lodi en muchas jugadas a destiempo y, lógicamente, el brasileño atacó mejor que lo que él defendió. Suárez, recientemente convocado a la Copa América, se diluyó y terminó como defensor del lateral derecho rival, sin poder producir en ataque. 

La geometría no le funcionó en ningún momento. A River eso le costó muy caro. No pudo siquiera desde la precisión acomodar el partido con contragolpes. Sólo tuvo una ocasión, el cabezazo del uruguayo, en un centro en que el lateral izquierdo no llegó a marcarlo: la única vez en que el protagonista abandonó su rol y, cuando así ocurrió, no pudo hacerse cargo.

Habrá revancha.

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