El discurso de la épica y las decisiones motivadas por los sentimientos

Llega una final más para River, un equipo que vive las definiciones de una manera muy particular.

La final está en marcha. Quedan 90 -o 120- minutos de fútbol. Pero el partido se empieza a jugar mucho antes. En River comienza cuando Gallardo toma decisiones, cuando decide realizar una concentración extensa, cuando declara en tono épico, cuando ya se empieza a sentir ese cosquilleo que genera toda final.

El resultado en Brasil no fue el mejor (derrota por 1-0 el miércoles último). Y comenzó la semana que más le gusta a Gallardo. Cuando hay que tocarle esa fibra íntima al futbolista, cuando hay que tomar decisiones y motivar. Cuando tiene la posibilidad de que un título internacional venga de la mano de una historia con un tono heroico. 

Todo empezó en la conferencia de prensa en Curitiba. Admitió que los niveles individuales de los jugadores fueron todos bajos. Que de esa manera era imposible sostener un planteo. Lo volvió a admitir en la conferencia en Buenos Aires. El Muñeco criticó a sus futbolistas porque tiene la autoridad para hacerlo y porque sabe que eso genera una reacción positiva.

"Se los dije a los futbolistas esta semana, no deben naturalizar acostumbrarse a jugar partidos importantes, a jugar finales; eso no suele pasar, no es natural. Nosotros en los últimos años hemos vivido esas situaciones. Y ese es el privilegio de sentirnos que tenemos esa posibilidad", comentó este martes. La idea es clara: no es un partido cualquiera. No se tiene que correr como en cualquier otro: hay que meter más. Y su función desde lo discursivo es que sus jugadores lo sepan, convencerlos y que sientan lo mismo que él.

Y, sobretodo, un patrón común en las finales de Gallardo como entrenador de River es tener la emoción a flor de piel. Las emociones y los sentimientos que justifican las decisiones. Como cuando puso a Fernando Cavenaghi para jugar la final de la Libertadores 2015. Esta vez es con Ponzio: "Tal vez no esté para todo el partido, pero sí necesito su experiencia, su espíritu, sus ganas. Han pasado varios partidos en los que no le ha tocado jugar, pero lo veo con muchos deseos de estar y entiendo que puede ser muy importante desde ese lugar. Necesitamos al mejor Ponzio. Está con muchas ganas, lo vi bien y se lo comenté". Las emociones, la justificación de las decisiones, por más que desde la táctica sea lo lógico agregar a un volante central defensivo después de la superioridad mostrada por Paranaense en la ida, justamente en ese sector. 

Ahora, a encerrarse. 

El plantel permanece en la concentración del estadio Monumental desde el entrenamiento del martes por la tarde hasta el partido. Como en cada situación límite. Como lo hicieron tantas veces en Cardales. Como antes del 8-0 ante Willstermann, como antes de las finales internacionales en Buenos Aires. "Es un hábito de costumbre. Ya sabemos que jugamos octavos o cuartos o semis y tenemos un refugio. El grupo lo espera. Yo he dicho, a los coach, que en los momentos límites uno se siente arropado con los que van a la batalla. Batalla es una manera de decir, pero es estar rodeado de esa gente. Aunque no hables de fútbol, estás conviviendo con los que te van a defender", comentaba Leo Ponzio en entrevista con el sito de Copa Libertadores, hace ya unos meses.

La épica está a la vista. El discurso así lo demuestra. Los sentimientos explican las decisiones, puertas hacia afuera. La táctica está, pero puertas adentro. La energía se contagia de adentro hacia afuera. 

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