El dilema de los laterales de River: un recorrido histórico

No tendrá a Casco y Montiel llega al límite desde lo físico. Gallardo supo poner línea de 5 en una final. Tuvo diversos marcadores de punta. Siempre le mantuvo las funciones.

- La línea de 3, contra Boca, ¿habían entrenado eso?
- No, no, no, no. Tal vez, no sé, si lo había puesto en práctica en algún momento. En Independiente de Santa Fe, lo puso y, también, de la nada. No es que lo habíamos practicado. 

Javier Pinola es sincero para exhibir la metodología. Ya Marcelo Gallardo había explicado que la decisión de armar la línea de 3 en la ida de la final de ida contra Boca fue para tener superioridad numérica a la hora de defender y de poblar el mediocampo. Que los carrileros dialoguen en dos zonas diferentes de la cancha. La fórmula alcanzó hasta que Cristian Pavón se lesionó, Guillermo Barros Schelotto metió a Darío Benedetto, acomodó un 4-4-2 y el plan caducó. 

El central -y ahora capitán- admite que alcanza con que el entrenador vaya al césped el día anterior, lo justifique, dé la orden y el equipo lo hace. Leonardo Ponzio cuenta que en esas prácticas él se pone firme y le pide al grupo que atienda lo que el técnico diga. Que si tantas veces acertó hay que creerle. Mucho más que en un esquema táctico, River se sostiene en la confianza puesta sobre la sapiencia del estratega. Que, ahora, se enfrenta, para la vuelta de la Recopa, con un problema de diagrama de los más complejos: para sostener su típica línea de 4 atrás, no tiene a Milton Casco y Gonzalo Montiel viene relegado por lesiones. 

En la Cumbre de entrenadores que CONMEBOL realizó a principio de año, se exhibió en una pantalla gigante una estadística sobre el esquema que más había usado cada equipo en la Libertadores. Gallardo la vio y lanzó: "Yo no me siento identificado con el 4-4-2 que dice ahí sobre mi equipo". El resumen mostraba una conclusión insuficiente: es cierto que ese fue el dibujo más utilizado, pero la especialidad del técnico de River es cambiarle la forma al mediocampo. Dispuso 4-3-1-2 en la ida de octavos contra Racing, pero 4-2-2-2 para la vuelta de esa jornada. Aunque resulta injusto para con la final: en la Bombonera, fue 5-3-2, y en Madrid 4-3-2-1 (Rafael Borré estaba suspendido e Ignacio Scocco con algunas dificultades físicas, así que arriba estuvo Lucas Pratto solo). 

Quizás, el conjunto de Gallardo no se defina desde los números, sino desde algunas funciones. La de los laterales es clave: en defensa, salvo que le toque jugar contra un esquema de 4-3-3, los marcadores de punta siempre chocan contra los laterales rivales. Nunca el Muñeco los hace marcar a los mediocampistas rivales. Prefiere que la disputa en mitad de cancha sea de los volantes. Eso fue una complicación en la ida de la final de la Recopa: el extremo por izquierda, Rony, se lanzaba como segundo centrodelantero, desordenaba, y Camilo Mayada quedaba en la indecisión de si cerrarse o de ir a buscar a Renán Lodi, el lateral izquierdo que se volvió estrella en ese encuentro. La noticia más fuerte es que Lodi, que iba a marcharse al Torneo Esperanzas de Toulón, se quedará para la final, en Buenos Aires.

Gabriel Mercado y Leonel Vangioni fueron los primeros laterales de Gallardo. Por izquierda, era más profundo, por derecha dependiendo de la situación, en general siendo un tercer central. La organización dependía de las características: el entrenador explotó los mejores años físicos del defensor del Sevilla, que ya en Europa volvió a cumplir las funciones de central, como lo hacía en inferiores en Racing. Luego, fueron Marcelo Saracchi y Jorge Moreira, dos puntos altos en ofensiva, con mayores problemas atrás. Hasta llegar al -primero resistido- Milton Casco y Gonzalo Montiel. Dos armas claves.

Casco salió de un amistoso entre Gimnasia y Newell's en el que Pedro Troglio le sugirió a Gerardo Martino que ese futbolista podía servirle. Brilló en el equipo rosarino del Tata. Pasó a River y le costó acomodarse, hasta que se volvió indispensable. Inteligente y ambidiestro, Casco supo ocupar roles: lateral externo, interno, avanzar como doble cinco para sumar juego o para frenar transiciones rivales. No estará en la vuelta contra Paranaense por agredir a un rival. Fue expulsado. Antes, tuvo una lesión en la clavícula por la que quedó marginado un tiempo. Ahí apareció su sucesor: Fabricio Angeleri, comprado a Godoy Cruz.

Montiel fue, en inferiores, central o volante central. Le encontraron el puesto de lateral, como Mercado, basándose en sus aptitudes físicas. Defensivamente es impecable, ofensivamente no es el mejor finalizador, pero sabe llegar a posición de centrar. Ataca casi siempre por afuera, algo que también le ha servido a Gallardo para poner en esa zona a volantes zurdos que se abran un callejón: especialmente, Juan Fernando Quinteros o Nacho Fernández -pocas veces, Pity Martínez-. Arrastra una distensión en el cuadriceps y llegará al límite.

Si se da la recuperación de Montiel, River tendrá lateral por derecha. La izquierda será para Angeleri, a quien, todavía, sus compañeros y el entrenador llenan de indicaciones en el césped. Nunca es fácil ingresar en un equipo campeón. La variante es Nahuel Gallardo. La otra es cambiar el esquema o que siga Mayada. En River, claro está, nunca se sabe. De repente, aparece el entrenador y cambia los planes. Y ahí, el plan es creerle.

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