El día en que Enzo Pérez fue papá y ganó la CONMEBOL Libertadores

El 15 de julio de 2009, Santiago nació a las 5.35, en Argentina; por la noche, con Sabella como entrenador, Estudiantes le ganó a Cruzeiro la final; el domingo el volante de River buscará su segunda Copa

Cada vez que Enzo Pérez piensa en el 15 de julio de 2009, se le dibujan dos sonrisas en la cara. Una de esas muecas la recuerda cuando se juntan alrededor de una torta con la familia y le cantan el feliz cumpleaños a Santiago, su hijo más grande. La segunda está en el archivo emotivo de cualquier hincha de Estudiantes de La Plata: ese día, también, el equipo de Alejando Sabella le dio vuelta un partido a Cruzeiro y, de visitante, ganó la Copa Libertadores en el Mineirao.

“El que no conoce el ambiente futbolístico quizás crea que todo es color de rosa, que todo es lindo y que el futbolista es privilegiado. Pero no es así, más allá de que tenemos la suerte de hacer lo que más nos gusta, que es jugar al fútbol, y que ganamos plata por eso. Pero, por ejemplo, yo no pude estar cuando nació mi hijo, algo que tal vez otro padre sí puede”, contó, apenas unos días más tarde, Enzo, en su casa en Mendoza. Su mujer, Florencia, parió en esa ciudad y, desde la Clínica Española, vio el partido. A las 5.35 de ese 15 de julio, nació Santiago Enzo. Enzo, como el padre, que así se llama porque su papá, fanático de River, admiraba a Francescoli. 

Pérez apenas tenía 23 años cuando ganó la CONMEBOL Libertadores. Compartía el mediocampo con Juan Sebastián Verón, con Rodrigo Braña y con Leandro Benítez. Para llegar a esa instancia, habían vencido en octavos a Libertad (Paraguay), en cuartos a Defensor Sporting (Uruguay) y en semis a Nacional de Montevideo. “A esta edad no me imaginaba ser padre, tampoco campeón de la Libertadores”, relataba, por aquellos días, repleto de alegría, siempre recordando el esfuerzo de sus padres para que nunca le faltara nada. Su papá llegó a vender su alianza de casamiento para que pudieran comer. 

“Lo volví loco a mi representante para que viniéramos a River”, contó hace algunas semanas, tras vencer a Gremio, por la vuelta de la semifinal. Desde siempre, fue de River. De chico y de más grande, su ídolo fue Francescoli, ahora manager del club. Se dio el gusto de conocerlo cuando Leonardo Astrada fue su entrenador en Estudiantes. Casi todos los días le decía a su director técnico y a Hernán Díaz, ayudante de campo, que se lo presentaran. Si no, que le consiguieran una camiseta. Un día, se estaba por ir a su casa y lo llamaron. Pensó que era simplemente una charla con el DT. Ahí, apareció Francescoli -campeón de la Libertadores con River en 1996-. “Cuando me encontré con él me temblaba todo, no sabía qué decirle, me pude sacar fotos”, relató. 

Nueve años después, Enzo Pérez vuelve a disputar una final de Libertadores (el domingo ante Boca con la camiseta de River, la de sus amores). El 2018 fue, también, un año especial para él, ya que volvió a jugar un Mundial. Algo que ya había hecho en 2014. Aunque la Selección Argentina no pasó los octavos de final, el mediocampista disputó tres de los cuatro partidos de la celeste y blanca. En los días libres en la concentración de Bronnitsy, cuando los familiares visitaban a los futbolistas, pudo compartir aquel rato que le faltó en 2009 y jugó un ratito al fútbol tenis con Santiago.

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