El capitán de los espacios al que las luces no lo cambian

Iván Marcone tiene todo claro. La rompe adentro de la cancha, pero maneja un perfil acorde al momento del Xeneize fuera de ella. Un manual de cómo meterse en el corazón del hincha de la forma menos rápida, pero efectiva.

Mueve la cabeza para todos los costados de la cancha. Su objetivo es simple: tener toda la cancha en la cabeza. Su posición es media, a sus espaldas tiene a la línea de defensores y por delante la generación del ataque. Localiza dónde está la pelota y mueve los brazos para dar indicaciones de huecos a cubrir. No llevaba ni un mes como nuevo integrante del equipo, pero Iván se presentaba ante su nueva sociedad como un líder futbolístico.

El Gordo la rompía en México. Fue elegido mejor jugador extranjero. Estaba cómodo. Sólo había pasado seis meses allí. Pero el llamado de Boca movió toda su estantería, quería vestir la azul y oro. Llegaba a ocupar el lugar que dejaba Wilmar Barrios. Pero también su arriba era con la cabeza limpia después de la final de Madrid y con el total conocimiento del nuevo entrenador, al que había tenido en Arsenal, donde habían conseguido el histórico campeonato en 2012. Estampó la firma con la renovada secretaría técnica, que comenzó a comandar Nicolás Burdisso, quien exigió perfil bajo y trabajo. Ideal para Marcone.

“Este Boca va a conseguir resultados. Vamos a darle una identidad nueva al club con trabajo . Vamos a lograr todos los objetivos dejando atrás el pasado, haya sido positivo o negativo”, avisó hace ya casi 10 meses. “Que Boca recupere su identidad, nos planteamos objetivos de pelear todo”, soltó. Algo tan complejo como la identidad de un club. Pero él lo entiende a la perfección. “Ahora toca lo lindo: tratar de rendir” , comentó el futbolista que no quería prometer más , el que quería ponerse la camiseta y salir a estar en el centro de su equipo. Aquel número cinco que usa la 23. Aquel futbolista que no había pasado más de un par de días en Boca, pero que decía conocer perfectamente el mediático el Mundo Boca por haber jugado en contra, por tenerlo siempre cerca en ese sentido. Y, pese a conocer las virtudes y los defectos que eso conlleva, decía: “Si estamos acá, es porque elegimos estar acá”.

Marcone pisó la cancha, comenzó a dar directivas, a realizar sus quites estéticos y a demostrar todo su buen manejo de pelota para meterse en el bolsillo a su nueva gente: la gente de Boca. Y el N°5 no es un puesto más para la identidad de este club. Allí hay que ser termómetro. Hay que meter, hay que mostrar. Iván llegó para cumplir con todas las funciones. Es un volante mixto. Es un jugador versátil . Tan versátil que cuando le dieron a elegir un entrenador, él eligió a Jorge Almirón y a Gustavo Alfaro, dos entrenadores con dos pensamientos totalmente antagónicos sobre cómo jugar al fútbol. Porque Iván la rompió con ellos dos. Porque se acomoda a las circunstancias y es funcional. Porque elige ganar como sea a jugar bien.

Tan versátil como posicional . Se mete entre los centrales para ser salida y dársela a los que mejor la manejan, pero también es el líder de la recuperación y del retroceso ordenado. Tan versátil que lidera las principales estadísticas del Xeneize en la Libertadores . Es el que más veces recuperó la pelota (78), el que más tackles ganó (20), el que más pases dio (467) y el que más veces entregó correctamente la bola (416).

Un futbolista claro, que no quiere copiar a nadie. Su ídolo era Ronaldo, el brasileño. Pero él bromea con que no lo podía imitar porque se iba a lesionar si intentaba hacer su magia. En su posición admira a Sergio Busquets, lógicamente. También mira a Casemiro, de características totalmente diferentes. Miró muchos videos de Claudio Marangoni, un volante mixto, elegante, que jugaba solo en el centro. Que jugó en Independiente y en Boca.

Desde siempre se supo que el volante central mantiene un fanatismo por Independiente, pero no importó en el club. En su primera entrevista le preguntaron por el Rojo. Respiró hondo. Cambió la cara. Se puso serio. Pensó la respuesta dos veces. Quizás, tres. Él ya sabía que esa pregunta iba a llegar. Ya tenía la contestación en mente, no quería equivocarse. Aclaró que debe ser respetuoso: lo más importante es Boca por el “esfuerzo” que hizo por quedarse con él. Y no se desespera por mezclar su fanatismo con el profesionalismo, por vestir esa otra camiseta.

El futbolista va escribiendo su propia historia en Boca a base de esfuerzo, concentración y trabajo. No hay carisma, no hay frases fuertes, no hay trucos. Pies sobre la tierra y claridad para que las luces no lo cambien. Porque realmente las luces, los flashes, no lo cambian. Siendo posicional , cumpliendo funciones tácticas . Siendo defensivo y la primera salida . Siendo el líder del equipo. Un líder silencioso fuera de la cancha. Porque dentro no lo es. Un capitán sin cinta. Un capitán de los espacios. De los espacios que cubrirá en ese retroceso. Un capitán del espacio, como él tiró en chiste, mostrando el recuerdo de su infancia, del conurbano bonaerense, el humor y su humildad. Y, de cierta manera, un líder de la identidad, aquello tan complejo y tan vital.

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