El Boca de Alfaro y la vuelta del 4-4-2: entre soluciones tácticas y la identidad

El Xeneize está en la búsqueda de reconquistar a su gente. El recurso táctico es una clave.

Cuando Nicolás Burdisso asumió en Boca como manager tenía en claro que su trabajo iba mucho más allá de que los resultados dentro de una cancha fueran los esperados. Su primera filosofía y proyecto a mediano plazo fue recuperar la identidad futbolística del club. Para cumplir con eso tomó varias decisiones que están a la vista: bajar el perfil, apostar al trabajo, al fortalecimiento del grupo y contrató como técnico a Gustavo Alfaro, quien en su currículum podría tener tranquilamente las especificaciones de líder de grupo y con una identidad clara de sus equipos dentro de una cancha. 

Así, el Xeneize comenzó a trabajar en enero, luego de la caída en la final contra River Plate. Lechuga, como le dicen al DT, impuso y convenció a los suyos de una nueva metodología de juego: de a poco, se venía el 4-4-2 que hacía mucho tiempo no se veía en el club. 

Boca venía de las pruebas de dos directores técnicos con pergaminos en la casa como jugadores. El Vasco Arruabarrena y Guillermo Barros Schelotto ganaron todo en el club como futbolistas de Carlos Bianchi. Y cuando se dice todo, es todo. Como entrenadores decidieron imponer otro estilo: presión, salida clara y, generalmente, un 4-3-3 bien marcado. Las últimas apariciones de una táctica con cuatro volantes había sido en el ciclo del Virrey, aunque se rompía cada vez que aparecía Juan Román Riquelme, obviamente. Anteriormente, Julio César Falcioni también la había utilizado.

2019: La recuperación de la identidad estaba en marcha. 

El hincha de Boca es famoso por identificarse con un estilo futbolístico que se destaca por la entrega, el trabajo en equipo en defensa y las brillantes apariciones en ataque de manera individual. 

Pasó el primer semestre con un estilo extraño, no por la táctica, sino por no terminar de establecerlo: generalmente utilizó un 4-2-3-1, con un centrodelantero marcado, un acompañante, dos por afuera con características bien de ataque y un doble cinco. Pero el dibujo táctico era bien versátil. De hecho, finalizó esa etapa del año ante Athletico Paranaense con un elenco que mostraba a dos volantes centrales de combate y a Bebelo Reynoso que se cerraba para crear juego. Más adelantado, Sebastián Villa y su despliegue, sumado a los dos delanteros. 

Táctica Boca Paranaense
*Posición media del equipo vs. Athletico Paranaense en la Fase de Grupos.

Pero, luego del mercado de pases de mitad de año, Alfaro arma lo que más le gusta y lo que más sabe. Sólido y trabajado, el 4-4-2 brilla por sobre los nombres. La prueba está en el primer partido del segundo semestre, contra el mismo rival, con un 4-4-2 bien marcado: Marcone y Capaldo se repartían la mitad de la cancha, con el juvenil como líder de la presión, mientras Nahitan Nández hizo el trabajo de carrilero llegando al fondo y Alexis Mac Allister jugó por izquierda con características de armador y cerebral. 

Táctica Boca Paranaense
*Posición media del equipo vs. Athletico Paranaense en octavos de final.

El 4-4-2 es una táctica que requiere de colaboración en defensa: un trabajo en equipo para cerrar las líneas, achicar la longitud y no dar espacios a los rivales. El sacrificio debe ser de todos los jugadores para recuperar el balón. Y el despliegue también: cuando tienen la pelota, abrir a los carrileros y laterales, utilizar al delantero de espaldas que tendrá el apoyo del segundo atacante. 

Tal como la identidad de Boca lo pide, en cuanto a la táctica: los mejores tiempos siempre fueron de 4-4-2, como nació allá por 1977, cuando el Toto Lorenzo trabajaba con ese dibujo con un único objetivo, que era ser campeón de América. Y lo logró dos veces seguidas. 

Esa base está estableciendo Alfaro. Un 4-4-2 que soluciona problemas. Un 4-4-2 que brinda solidez como sistema y despliegue por las bandas. No se negocia la actitud. El ADN de Boca así lo exige. 

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