Defensa y Justicia: el barrio llega al cielo

Afiliado al fútbol profesional en 1977, en Florencio Varela el debut, pese a la derrota, se vivió como una fiesta, en uno de los sectores más vulnerables de la Provincia de Buenos Aires.

La avenida Novak era de barro y cuando llovía era imposible entrar a la cancha. Detrás de la tribuna, había un matadero de donde salía la carne de la zona. Cuando terminaban los partidos, se rifaba la pelota para juntar un mango más y financiar el club. Los viejos soñaban con, algún día, jugar contra Huracán. Florencio Varela era una mezcla de pobreza y de quintas. Un señor ya grande, a una hora de debutar en la Libertadores, dice que si se lo contara a su abuelo, que ya murió, pensaría que es una broma. Todo es tan real y tan de fiesta que parece de mentira.

Defensa y Justicia apenas supera las tres décadas como un equipo formal del fútbol argentino. Cuando se afilió a la AFA, en 1977, para entrar en la última categoría, Pelé ya había ganado tres Mundiales y el Santos ya era eterno por ganar y gustar en las Libertadores. La historia se da vuelta. El equipo de Hernán Crespo juega con calma y con convicción. No le sale el resultado por dos contraataques, pero es parte del aprendizaje. El realismo mágico que se respira en este pedazo del sur de la Provincia de Buenos Aires convence de que los verde y amarillos son brasileños campeones de toda la vida. El fútbol no saca el apetito, pero la alegría a veces lo gambetea.

El Halcón llegó a Primera en el segundo semestre del 2014. De aquel equipo, sobre el césped ahora están Juan Martín Lucero y Nelson Acevedo, que regresan a su casa después de dar vuelta por otras historias. El club es todavía mejor que lo que era: juega Libertadores, se planta desde el juego, tiene nuevas tribunas y crece en una época en que la pobreza creció en el barrio. En Florencio Varela el 50% de la población no tenga cloacas y un 20% no tenga agua potable. Cómo se explica, entonces, que la ilusión igual tiene otra sustancia. Cuatro horas antes de que arrancara el partido, con más de treinta grados, los vecinos ya se juntan a festejar y a recordar a los que nunca soñaron esto. Nadie sabe hasta dónde llegará esta historia, pero ya va cruzando el cielo.

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