De la apuesta de Pratto a la cruz de Suárez por la Gloria Eterna

Los cuatro delanteros de River pelean por dos puestos. La competencia interna fortalece. Diagonales, cambio de posiciones y compañeros que se alientan.

Pratto deja de calentar, se para detrás del costado izquierdo del arco de Carrizo, se tapa la boca para que la televisión no lo pesque, le habla al oído donde Carrascal tiene tatuada la palabra “familia” y le apuesta el lugar donde Santos Borré va a patear. Mientras el árbitro le explica a los de Cerro Porteño qué cobró, se da cuenta que Suárez tiene las pupilas clavadas en el césped, cambia la forma de sus manos, las vuelve vuvuzelas y le grita: “Dale, Mati, no aflojes”. El Monumental estalla, el colombiano salta las vallas para festejar y, a la vuelta, golpea el puño contra la palma: gesto universal de que pague.

Arzamendia cruza barbaridades con De la Cruz por una falta que polemiza entre patada brusca y lanzamiento de pileta. Larrivey discute con el juez. Los futbolistas de Cerro Porteño ponen las frustraciones del 2-0 abajo en la queja. Santos Borré se suma a la discusión y hay riesgo de que el juez reparta tarjetas. Entonces, Ignacio Scocco, desde afuera, lee la jugada, da dos pasos adelante y grita: “Salí de ahí Rafa, salí que te van a amonestar”.

Dicen que los titulares ganan partidos y los suplentes, campeonatos. El sistema competitivo interno de River es el paso previo a la sed ganadora que escupe hacia afuera. “Acá la teoría de ganar es hasta en los entrenamientos”, explica Ponzio. Cuatro delanteros de elite y Julián Álvarez, un juvenil que cautiva a los scoutings del mundo, son el elenco de un equipo que ataca y demuele. Con 159 tiros, es el que más pateó al arco en la Libertadores. Tiene un promedio de 62% de posesión. Con 1464 pases, es el equipo que más pases puso en el último tercio de la cancha -con 214, Nacho Fernández es el jugador del torneo con más pases de estos-. Con 102 chances creadas, es el segundo conjunto que más generó. Con 135, es el segundo equipo que más centros tiró, detrás de Olimpia, que tiene a Roque Santa Cruz, el mejor cabeceador del continente. 

La pregunta es cómo.

Suárez tiene el número 7 en el pantalón, pero en su gemelo derecho lleva un numero 9 tatuado con una pelota envuelta en laureles por encima. Se la tatuó en Bélgica, tras los ocho años en Anderlecht. Parece un desajuste. Es una representación gráfica de lo que pretende Gallardo de sus dos delanteros: con la pauta de amenazar constantemente con diagonales, uno tiene que atacar el centro y el otro afuera. Una mezcla de solidaridad, de estrategia y de tortuosidad para la defensa opuesta. La clave es no repetirse y rotar para quitar referencias.

La segunda pauta la encarna Borré como nadie. La voz del estadio descuenta desde el 10, saca Cerro Porteño y los puntas se vuelven sabuesos hambrientos por la pelota. Antes de que suene el pitido, se toca las cejas, se acomoda el pantalón, patea el suelo, elonga cada músculo: como si estuviera sobrecargado de baterías. El colombiano es agotador. Presiona, recupera, corta. Los otros delanteros tienen la misma obligación, aunque no llegan a hacerlo como él, que tiene 23 años, contra los más de 30 de sus colegas.   

Es decir: con diagonales o con presión, ser insoportables.

No hay dudas de que Nacho Fernández tiene la manija del equipo, sin embargo los delanteros son las agujas que lastiman e incomodan. Son cuatro competidores por dos puesto. En los cuartos de final de la Libertadores 2018, Gallardo puso tres delanteros, contra Independiente. Esa fue la única vez que no inició con dos. Ninguno tiene las cosas aseguradas y esa competencia fortalece el rol de cada uno.

Suárez, aún así, fue el que más jugó. Su técnica y su visión de juego lo vuelven el único capaz de habilitar como lo hacía el lesionado Juan Quinteros. Es, también, el único que no salió campeón todavía de la Libertadores. Quizás por eso, al pisar el césped, da dos zancadas y, en el momento en que pasa por abajo del cartel que dice La gloria eterna, se hace la señal de la cruz. Eso siente, eso está en juego.

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