Cristian Ferreira lleva la voz de Marcelo Gallardo en el oído

El enganche que rompió los esquemas en el último minuto del partido para marcar el empate de River ante Alianza Lima es constantemente aconsejado por el entrenador de millonario

A Marcelo Gallardo se lo comentaron: había un pibito al que le sobraba talento, pero le faltaba motivación. Cuando hacían mediciones físicas en las pretemporadas, sus números daban por encima de lo que mostraba en la césped. Deambulaba por la Reserva, con una pegada magistral, un quiebre de cintura cautivante y, aún así, el gesto era claro: no terminaba de llegar al área. Su compañero Exequiel Palacios, apenas una categoría más grande, no sólo ya la rompía, sino que lo citaban a la Selección Argentina y llevaba los ojos del Real Madrid en la nuca. Refunfuñaba por lo que no se quedaba. Hasta que el Muñeco, el mismo que un día le preguntó a Lucas Alario si estaba para ser titular, el que tuvo charlas con Sebastián Driussi, el que motivó a Pity Martínez, el que le pidió personalidad a Juan Fernando Quintero, lo agarró y le aclaró: "No tenés que aflojar".

El fastidio por no llegar de Ferreira era lógico. En 1928, un canario llegó a Córdoba y armó un barrio que, como toda civilización en Argentina, construyó un club. En 1933, nació Club Atlético Las Palmas. "Yo jugaba en el club Las Palmas y llegué a River con 9 años. Al principio fue una experiencia muy fea que no se la deseo a nadie, lloraba todos los días porque extrañaba y me quería volver", contó hace un tiempo. Le costó un montón volverse un adulto antes de ser púber. Vivió en una pensión sobre la calle Quinteros, donde ubicaban a los infantes. Su talento lo sostenía. Entonces, fue avanzando. Todos le decían que era el sucesor de Manuel Lanzini, por su estilo. Pero no le alcanzaba. Quería llegar a Primera. Había un problema: Pity Martínez y Quintero eran los elegidos por el entrenador.

"Soy enganche, pero digo que soy volante, porque los enganches no juegan", se define. Fue a la última pretemporada y el cuerpo técnico quedó sacudido por lo que marcaban los GPS: parecía un superdotado. Su aceleración era la más alta de todo el conjunto. Prácticamente no lo vio a jugar, pero mientras se entrenaba con las categorías menores de la Selección Argentina vio a Pablo Aimar y le pidió una foto. Su estilo, claro, es parecido. Le faltaba un detalle más. 

“En mitad de cancha a mí me gusta encarar, pero siempre me reta y me dice que juegue a uno o dos toques, y que a partir de tres cuartos sí me la juegue”, cuenta que le dijo Gallardo. El Muñeco está tan encima del chico que una vez tomó una dura decisión: el enganche de 19 años llegó tarde a un entrenamiento y no lo llevó a Mendoza, contra Godoy Cruz por la Superliga Argentina, como sanción. Todo en función de la educación. De que se comporte como un gran profesional y de que decida correctamenta en la cancha.

Enganche, buena pegada, elegante gambeta, con Gallardo de técnico, en los días en que Ariel Ortega cumplió 45 años, por la misma competición donde River comparte grupo con el Internacional de Andrés D'Alessandro, con Lanzini regresando a jugar luego de una rotura de ligamentos, reemplazante en el plantel del Pity que ahora anda en Atlanta, suplente de Quintero: bienvenido un nuevo artista a la banda roja. En el último minuto, tomó apenas carrera, dio unos pasos y la colgó del ángulo.

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