Carlos Izquierdoz y Lisandro López: los profesionales que no comen vidrio

En el segundo semestre, les convirtieron solamente en tres ocasiones. Modelos tácticos y de responsabilidad en Boca

Carlos Izquierdoz se sube a los aviones y lee. Se peina con raya al costado. Es el encargado de hablar con la prensa en los momentos álgidos. El perfil prolijo que Nicolás Burdisso -cultivado en el profesionalismo europeo durante 13 años- desea que tengan todos los jugadores de Boca. El modelo de futbolista que pierde y no dice barbaridades si no que se promete prepararse para el nuevo desafío. El gran sobreviviente del plantel que perdió en Madrid. El que responde comprometidamente a los desafíos que le plantea el entrenador: era central por derecha, llegó Lisandro López, le pidieron que pasara al hemisferio izquierdo y, tras un año de gestión de la zona, se lució en el Monumental en la ida de la semifinal.

Lisandro López se fue a Europa siendo una de las grandes promesas del fútbol argentino y nunca encontró una continuidad que le diera comodidad ni en Benfica, ni en Inter, ni en Genoa. Alfaro lo había dirigido en Arsenal, donde ganaron el único título local de la institución de Sarandí en la historia, con un gol del defensor central. Lo llamó el entrenador y lo trajo para ser titular. Quería un buen cerrador, un excelente cabeceador, buena salida si hacía falta, gol en el arco rival y profesionalismo. No le falló. Su prolijidad fue tan alta que esquivó los acosos mediáticos frente a la posibilidad de que su amigo Mauro Icardi llegara a Boca y tras confirmar que estaba en pareja con la hija del conductor televisivo más famoso de Argentina.

"Sólo se habla del arquero", deslizó Izquierdoz, en los días en que Boca acumulaba minutos sin que le hicieran goles -le convirtieron tan sólo una vez en lo que va de la Superliga-. Las actuaciones de Andrada obnubilaban a quien lo viera: buenas voladas, belcro en los guantes para agarrar centros, achiques perfectos y juegos talentosos con los pies. Pero la defensa destacaba y no se mencionaba y fastidiaba. El reconocimiento llegó en el momento menos pensado: en la derrota por la ida de la semifinal. Izquierdoz se mostró como un cerrador de lujo: defendió las pelotas cruzadas con clase, sacó de cabeza y con los pies, aguantó la presión de Borré y ganó los tiros hacia la cabeza de los centrodelanteros riverplatenses (en el primer tiempo, el conjunto de Gallardo abusó de ese recurso). López sólo quedó vencido fotográficamente en el segundo gol, aunque no es cierto: cerró correctamente cuando le tocó, jugó de abajo cuando se pudo. En ataque, los dos ganaron de arriba las únicas donde pudo imponerse Boca.

Si la lupa se quedara con los partidos contra River, se podría afirmar que la comodidad de la defensa parte por estar parada muy cerca del propio arco. En poco espacio, los dos se muestran muy sólidos. Aún así, contra San Lorenzo, por el torneo local, llegaron a defender mano a mano, con campo hacia atrás, cada uno con un delantero, sin tener ningún inconveniente. Ambos lograron suplantar a Lisandro Magallán y relegar al banco de suplentes a Junior Alonso.

En el torneo, a Boca le convirtieron sólo una vez y en la Libertadores, en la fase de eliminación directa, dos tantos, ambos contra River. El nivel de los dos defensores es tan fundamental como el del arquero. "No hay que comer vidrio", declaró Izquierdoz, sobre el partido que vendrá de la vuelta de la semi. El desafío será cuidarle la espalda a sus compañeros, en un encuentro que obliga a los xeneizes a ir a buscar de todas las formas. La última línea está preparada.

 

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