Bruno Henrique: el desequilibrio de Flamengo

Su sociedad con Gabigol es fundamental para el equipo de Jorge Jesús. Marcó 4 tantos y dio 5 asistencias de los 17 gritos de los cariocas.

Bruno Henrique trota con la soberbia de los elegantes: hombros hacia adelante, espalda erguida, cabeza levantada, brazos pegados al cuerpo. Con la magia de los brasileños, esa que le da vida a las caderas. Su inteligencia lo adapta a todo: con Abel Braga era extremo, ahora centrodelantero. Su técnica lo vuelve uno de los futbolistas más influyentes de la Libertadores: marcó 4 goles, dio 5 asistencias para gol, fundamental en 9 de los 17 gritos de Flamengo.

Bruno Henrique brilla todavía más en su sociedad con Gabigol. Entre los dos, enloquecen a cualquier defensor. Son delanteros más que completos. Patean con las dos piernas, cabecean, definen de cerca, buscan de lejos, descargan con magia. La temporada pasada ya brillaron en Santos. Ahora, hacen delirar a Río de Janeiro. Su compañero tiene 5 goles. Cada vez que reciben, se buscan. Muchas veces se encuentran. Aprovechan constantemente las habilitaciones de Giorgio De Arrascaeta y de Everton Ribeiro. 

Jorge Jesús le dio más vida a esta sociedad. Les entregó una confianza que les permite buscar por todos lados: la gran demostración es el momento en que Bruno queda a 25 metros del arco, con un defensor delante y, en menos de un parpadeo, busca el palo del arquero y la pelota besa el palo. Insiste, enloquece a Braz y a Kanemmann. Y la confianza mezclada con el talento lo vuelven imparables: De Arrascaeta tira un centro magnífico y a toda velocidad el delantero se come la marca metiendo un cabezazo que sumerge al arquero dentro de la red.

Flamengo tiene un estilo particular para la táctica que plantea. Jorge Jesús pone un 4-2-4, pero no se vuelve un equipo partido de defensores y de ataque. La pauta es jugar siempre con el cercano, al toque corto. Así, con paciencia, juntando pases, avanza en conjunto, sin quedar en larga distancia. Los delanteros, ahí, cumplen un rol fundamental: se mueven, desacomodan a la defensa, buscan el espacio, desordenan y entran en juego en el momento justo. Bruno Henrique, en eso, hace pesar sus 28 años, su experiencia europea y su inteligencia. El entrenador le encontró su mejor versión, al punto que el atacante aseguró que hubiera sido mucho mejor futbolista si lo hubiera conocido de joven. Cuando un crack está bien acompañado, es difícil de parar. Desde ahí, la delantera carioca se vuelve imparable.  

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