Borré, el jugador que supo antes que el resto

Santos Borré le clava los ojos a Andrada, lo espera un segundo, una milésima más, y lo ve caer. El estadio está en silencio y la televisión todavía no dijo nada, pero lo sabe. Calculó ese amague como si su corazón no bombeara sangre y el partido no fuera una semifinal. Trota, abre el pie, la empuja y la boca se le llena de risa. El destino y el gol son suyos.
Entró a la cancha apurado y se dio cuenta que sus compañeros quedaron atrás. El árbitro pitó el comienzo y él corrió con ese empuje tan suyo que es avanzar con el pecho hacia adelante. Antes, se acercó a saludar a Alfaro, a quien conoce de Colombia. Se peleó con Izquierdoz tres veces. Se perdió un mano a mano. Apenas a los once minutos, su frente ya está salpicada de un sudor oceánico.
En un partido tan intenso, de mediocampo que parecen niños deseando una pelota, Borré, el más rápido, saca diferencia. El penal, la llave del partido, es porque acelera el tiempo y le roba a Mas la convicción de que su cierre era perfecto.
Borré es el de los goles importantes: a Racing, a Independiente, a Gremio, a Boca en la otra ida, a Cerro, a Boca de nuevo. 
Aunque le sobra experiencia, busca la pelota como si siempre fuera la primera vez. Como si fuera un perro en una plaza. Suena lógico que sonría cuando la pelota entra y que se golpee el pecho diciéndole a la gente fui yo. 
Fui yo: el que lo supo antes que todos.

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