Boca y el dilema de las velocidades

Los carriles de los costados vuelan. Los mediocampistas equilibran. Tevez encuentra espacios. El horizonte de equilibrio que pretende el entrenador.

No es fácil jugar de mediocampista en éste Boca. Porque no es fácil custodiar ni organizar zonas cuando todo va tan rápido. En la Física, se considera a la velocidad como al desplazamiento de un cuerpo a lo largo del tiempo. Si la cancha se divide en tres carriles, los costados son autopistas donde hay un piso del mínimo muy alto: Julio Buffarini, Eduardo Salvio -por derecha-, Frank Fabbra y Sebastián Villa -por izquierda- viven en la aceleración. Invisible, la columna vertebral encarnada en Jorman Campuzano y en Pol Fernández realiza una labor impresionante para la condición que se le ofrece. Miguel Ángel Russo suele usar la palabra equilibrio como el horizonte en la vida. Su dupla de volantes ponen sus músculos y sus ojos para que eso no se rompa.

Carlos Tevez habla en el campo de juego: "Cuando nos marcan afuera, vamos adentro y cuando nos atacan adentro, vamos afuera". Lo suyo es diferente. Porque el 10 entiende el espacio como nadie y, aunque a los 36 vaya más lento, se despega muy rápido de las marcas y se ocupa de recibir solo, ganándole a la desconcentración de los medios que se quedan mirando la pelota. La mirada es clave: "Cuando vos dejás de correr y tener esa explosión, empezás a ver. Antes no veía. Antes agarraba la pelota y sabía que la explosión te daba la ventaja de que acelerabas y le sacabas un par de metros a los defensores", decía hace algunos meses.

Pol tiene 28 años y anécdotas en la espalda. No le desespera que algunos hinchas lo critiquen. No ven la incomodidad de ser un volante de posesión que se la pasa corriendo, que reparte y no recibe. Los pases juntan líneas y hacen que un equipo viaje en conjunto, si los de afuera aceleran no queda otra que ser un resorte. Campuzano se impone mejor porque esas son sus condiciones. Iván Marcone, camino a los 30 años, un mediocentro cuyas mejores versiones fueron con dos interiores delante y la pelota en los pies, padecería esta nueva fórmula y por eso es suplente. 

Boca no es el único equipo que apuesta al 4-2-4. Flamengo hace lo mismo, con la premisa de que todos los pases son cortos, para no desengancharse. El plan de Russo -y quizás su gesto sobresaliente desde el estilo- es que su equipo se une desde la recuperación posperdida. En eso, la labor de los mediocampistas, la intensidad de los extremos y, sobre todo, el esfuerzo extraordinario de Franco Soldano -que con 19 toques fue el que menos rozó la pelota, incluido el arquero- le dan estilo a un conjunto que no tuvo esa tenacidad con los dos entrenadores anteriores. 

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