Boca: un culto al orden para defender y para atacar

Mejoró defensivamente por el esquema preestablecido a medida que pasan los partidos. Empeoró en ataque ya que carece de creatividad.

Iván Marcone resulta el diferente. Su capacidad está superando el esquema táctico. Su juego corto está teniendo una alta dósis de imaginación para encontrar pases: el 4-4-2, con tres líneas horizontales sin diversas alturas, evita por geometría la construcción de triángulos. El triángulo -conformado por tres jugadores o dos que se movilizan en tocar e ir a buscar- fue la piramide de Cruyff para avanzar desde la posesión: el tercer integrante siempre es el hombre libre, el que construye la superación. Carlos Tevez, al terminar el partido, es quien mejor funciona como cronista de la debilidad crónica del esquema en la ofensiva: "Estamos tocando mucho para los costados y poco para adelante". No es una crítica al volante centrales, sino a la realidad que aqueja a un conjunto atado al culto del mismo orden para atacar y para defender. 

Alfaro planifica un equipo que hace un altar al orden. Podría parecer un concepto vacío éste, pero se basa en la teoría de Marcelo Bielsa de que el fútbol es componer para defender y descomponer para atacar: proteger las zonas para que no puedan convertirte; descontinuar la dirección de movimientos para que la arquitectura del rival tenga problemas para agarrarte. Boca no realiza ese corte: todo es organizado. El 4-4-2 parece biblia en este equipo. La variante de los últimos cinco años del 4-4-2 es el 4-2-3-1: en definitiva, uno de los dos delanteros que sea más mediapunta, como Carlos Tevez, su esquema favorito. Puede variar, a lo sumo, la posición de los volantes centrales. Pero es muy poco frecuente que los mediocampistas se desprendan o que los opuestos hagan diagonales. Más si quedan parados por derecha o por izquierda futbolistas con orientación en su pierna hábil, incómodos para hacer lío hacia el medio.

La línea de defensores agradece esta disposición del orden. Han mejorado mucho en los últimos partidos, incluso a pesar de algunos flojos rendimientos individuales. La organización defensiva se hace mucho más sencilla, ya que no hay que adaptarse acorde a cómo termina la jugada. Todos los futbolistas saben a qué lugar ir y a qué espacio volver. El 4-3-3, por ejemplo, de Guillero Barros Schelotto permite alternar movimientos entre los interiores y los extremos. Pero los últimos equipos de Boca han sufrido mucho en sus laterales y eso es algo que Alfaro no se va a permitir. Con un detalle exhibido fundamentalmente contra Defensa y Justicia por la Superliga: de a ratos, contra el equipo de Sebastián Beccacece, los de Florencio Varela atacaban con 10 y Boca se defendía con 7, producto de la poca ocupación defensiva de sus tres delanteros. Ese día se cortaron los tres puntas.

El que sufre este esquema es Darío Bendetto. Uno de los futbolistas más desequilibrantes del torneo queda aislado del equipo, recibe menos que lo que lo hacía antes, tiene menos situaciones de gol y queda muy obligado a disputar con los centrales rivales, en vez de tener múltiples opciones. No es un centrodelantero como Wanchope Ábila, que saca ventaja por la capacidad de ganar posiciones físicas con los rivales. Tevez, hace unos años, sería más que feliz con esta disposición, aunque -por su edad y por sus movimientos- queda en peores condiciones, ya que necesita más toques y, por lo tanto, más receptores y no los tiene. Benedetto, por ahora, lo padecerá: han bajado notablemente la cantidad de situaciones de gol que tiene.

"No vinimos a buscar el empate, vinimos a ganar". Gustavo Alfaro tiene paciencia para recibir las preguntas que le llueven desde la conferencia de prensa. Los ojos del mundo futbolero -que no incluyen sólo a los hinchas de Boca porque es sabido que los xeneizes son materia de opinión constante donde sea- pretenden un equipo voraz en ataque. Quizás, si fuera demasiado ofensivo, lo criticarían por eso. Si fuera equilibrado, lo mismo. La vida en la Ribera fueron, son y serán exageraciones. Ahora se le exige que apabulle, que presione, que tenga protagonismo, que le dé primer plano a la pelota y, sobre todo, que tenga más situaciones de gol. Pero eso no va a ocurrir porque de eso no se trata esta nueva versión azul y oro. 

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