Aued y una confianza basada en la superación

Pateó el penal en el último minuto. En Chile, lleva 10 goles. Una vez, erró uno y se rompió la mano en el vestuario de la bronca. Un referente de los Cruzados.

No lo va a errar. Mira los ojos de Jeremías Ledesma y sabe que, aunque sea el último segundo y el San Carlos de Apoquindo se le venga abajo, no se le va a escapar. No se lo va a permitir. Si una vez, ya en Universidad Católica, hace dos torneos, pateó desde los doce pasos, lo erró, entró al vestuario, encaró a una pared, le pegó una trompada y terminó con una mano vendada. Si cuando tenía 13 años y había perdido un partido y los amigos se iban a un cumpleaños, él se encerraba en un cuarto y no iba, masticando bronca. Si, aunque trabajó en una panadería, nunca imaginó ser otra cosa que futbolista y porque el sueño iba por ahí. No, Luciano Aued no lo va a errar. 

A Aued le costó tanto ganarse la titularidad en Racing que, cuando lo logró y le llegaban ofertas desde el exterior, las rechazaba porque quería disfrutar el logro. Después de salir campeón y de jugar la Copa Libertadores con la Academia, decidió ir a pelear a otro costado del planeta. Apareció la Católica. El primer torneo fue más que difícil. Siguió. Las cosas no salían, pero ningún color iba a vencerlo. Y el logro no sólo puede verse en que fue campeón del último torneo local y en que lo premiaron como el mejor jugador del torneo. El éxito está en cada foto que sube de Charo, su hija, su niña crack, a la que viste con la camiseta de los Cruzados, para mostrar lo que siente por los colores del club chileno.

Aued, el Luli, no se resigna nunca a perder con sí mismo. Debutó en 2007 y hasta 2016 nunca había convertido un gol. Decidió superarse. Se fue de Racing con dos gritos en el bolsillo. Fue por más. En Universidad Católica se propuso para hacerse cargo de las pelotas paradas y de los penales. En dos años en el club, ya lleva diez gritos. Muchos de penal. Un tiro que se relaciona con su personalidad. Porque podría perdonarse errarlos, pero nunca se perdonaría no animarse a patearlos. En ésta Libertadores, ya lleva dos. Figura en la tabla de los mejores pasadores de la Copa: en la primera fecha, terminó tercero, con 70, abajo de Víctor Cantillo y Lucas Martínez Quarta. Ésta vez, contra Rosario Central, dio 44 y con 85% fue le que mejor precisión tuvo.

Pero aunque los aplausos caigan sobre él, lo mete y va corriendo para abrazar a José Fuenzalida y a señalarlo frente a la hinchada por el logro. Lo hace por generosidad y porque de grupos aprendió de la mano de Sebastián Saja y de Diego Milito o leyendo sobre Simeone y Guardiola o en el curso de entrenador, que ya completó. Aued tiene 32 años y se acomoda a cualquiera de las posiciones en el mediocampo que Gustavo Quinteros le pide. Sabe que el grupo de la Libertadores es duro, pero luchará. Y, cuando la tenga desde los doce paso y la presión se le venga encima, seguro no va a errar.

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