Apuntes técnicos para pensar a los 4 fantásticos de Boca

Gustavo Alfaro apostó por cuatro puntas de muchísimos nivel. Hubo momentos en que se complementaron brillantemente. Aquí, postales de cómo funcionaron.

Para defender, 4-4-2. Para atacar, 4-2-1-3. Gustavo Alfaro apostó en la victoria de Boca contra Deportes Tolima por un grupo de ataque feroz. Zárate, Benedetto, Villa y Tevez fueron imparables para el equipo colombiano. No siempre es fácil complementarse. En el primer tiempo, les costó más. Con el gol de Mauro Zárate tras el desvío en Marco Pérez, se abrió el resultado y brillaron. Aquí, imágenes para pensarlos individualmente. 

ZÁRATE. 

Al finalizar el partido, todavía con las pulsaciones calientes caminándole por la cabeza, aclara dos situaciones: 

1- “No es por falta de voluntad que no nos encontrábamos en el primer tiempo, lleva tiempo, no teníamos demasiados espacios”. 

2- “Para poder jugar los cuatro juntos lo único que hay que hacer es correr mucho”.  

La tribuna Sur de la Bombonera abre la boca para gritar gol, sin metáfora, cuando abre el pie para impactar la pelota con la cara interna y que sea gol. Todos los tantos pasan por él: en el primero, le hacen la falta y pega un fierrazo que se desvió en Marco Pérez; en el segundo habilita a Emanuel Mas para que tire el centro para que Benedetto cabecee; el tercero es directamente de su autoría.

Aunque su pierna derecha sea la más cómoda, cuando juega de extremo izquierdo, es capaz de rotar el cuerpo a la perfección para amagar que va hacia adentro y termina yendo hacia afuera y tirar -más incómodo claro- el centro de zurda. Ni una vez, en todo el partido, pudieron frenarlo.

De los dos extremos, se podría decir que es el único que es falso. Muchas veces, termina siendo un segundo delantero o un mediapunta por izquierda. Trata de atacar el espacio por adentro, dejándole a Mas el hueco por afuera. En el segundo tiempo, asoció brillantemente.

 

BENEDETTO.

Sabe usar todas las partes del pie para poder descargar una pelota. Incluso con los gigantes colombianos respirándole en la nuca, se las arregla para darle continuidad al juego. 

Cuando van a tirarle un centro, sobre todo cuando el ejecutor es Julio Buffarini, ataca desde el segundo palo, por detrás del lateral derecho. Cuando es del otro lado, busca el primero. Pero lo más llamativo de su juego es cómo no se desentiende de las jugadas cuando Boca tiene la posesión. Amaga hasta para ir a picotear una pelota. Va tan rápido en el entendimiento del juego que -ocurre en el primer tiempo- en dos ocasiones Carlos Izquierdoz no entiende del todo que algunas de sus maniobras son distractivas para que sea Carlos Tevez quien finalmente reciba. 

La jugada de su gol es extraordinaria. Dudoso del todo de si entró, al final del partido le pregunta a un periodista si la pelota ingresó totalmente. Sí: fue el segundo. La redonda le llega a Nahitán Nández, Benedetto da el paso hacia adentro, llevándose la marca, como para recibir o como para que el uruguayo pueda dársela a Zárate. El segundo camino es el que toma. Recibe el puntero izquierdo, se la da a Mas y el Pipa empieza a relojear, a la vez, al lateral y al juez de línea, para no quedar en fuera de juego. “A veces, en esos casos, nos movemos más por intuición que por otra cosa”, aclara, al final. 

Pone la cabeza y la hinchada, a gritos, canta: “Pipaaaa, Pipaaaa”.

VILLA.

Tiene una característica determinante para este equipo: siempre pica al vacío y, por lo tanto, siempre es una opción para poder recibir juego. Durante el primer tiempo, de hecho, es el delantero que más gravita. Incluso en la primera parte, la única opción de gol de Boca -termina en posición adelantada de Tevez- la construye con una gambeta fantástica y con un toque atrás hacia Benedetto, que define algo suave abajo.

El gol de Zárate tiene un gesto técnico de su parte de lujo. En un contragolpe, Tevez lanza en profundidad. Queda contra el defensor, pero siente que no puede ganarle en el primer encare. Se frena. Para ganar un tiempo, engancha hacia adentro. En ese movimiento de cintura, en el que no perdió la pelota, le gana la posición al defensor. Le queda para su zurda, eso sí. Pero no se hace problema. Ve al 10, toca hacia adentro magistralmente y el resto lo hace el capitán. 

Tevez 

El partido ya está liquidado, pero él no pierde de vista en la pelota. Ni en nada. Lleva la pelota en sus pies, tiene delante dos defensores en línea y a Villa en la misma línea, por el costado derecho. Le indica con los ojos y con la voz: “Dale, andá, dale”. Gestos riquelmianos. La tira en profundidad, donde los defensores no van a llegar y el colombiano llega y termina lanzando un centro que golpea en un defensor y se va al corner. Apoya una de sus manos en el aire y, con al otra, traza una línea sobre su palma: “Andá, metete ahí, antes”. Villa le pide disculpas, le choca los cinco y todos tranquilos.

Carlos Tevez pareciera entender todos los ritmos del partido. Cuando, en el primer tiempo, no hay espacios, recibe de frente y la toca, con una parte ínfima del pie, para habilitar a Mas, que finalmente no llega. Pero esa no es su única genialidad. La mayor se da en el gol de Zárate, en el que recibe de Villa y, como si tuviera ojos en la espalda, se la tira al extremo izquierdo para que defina.

Su rol es tan armonizador que, sobre el final, se queda lamentándose en el área rival porque intenta tirarle un buscapié a Wanchope, pero un defensor se lo anticipa. El resto es lo de siempre: va a tirar córner y el público bostero -y los turistas japoneses también- rugen por él y hacen avalanchas para sacarle fotos antes de que lance.

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