Andrés D'Alessandro, ¿el último 10 del fútbol sudamericano?

Venía jugando de extremo derecho, pero ingresó en el segundo tiempo como enganche en el triunfo de Internacional contra Alianza Lima. Le brindó a su equipo cantidad de pases, ataque sostenido. Los rivales hasta lo levantaban luego de hacerle faltas.

Apenas llega al Estadio Nacional, Andrés D’Alessandro, de 38 años, baja del ómnibus con un parlante gigante que entona unas cumbias argentinas, va directo al césped, saluda a Miguel Ángel Russo -todavía vestido informalmente- y se para cerca del círculo central a mirar esa inmensidad de cemento en el corazón de Lima. Odair Hellmann, el técnico de Internacional, no lo tiene en los planes como titular para jugar ante Alianza Lima, pero al finalizar la entrada en calor lo suma a un último ejercicio en el que hace falta un jugador más para ser impares. Aunque nunca jugó en Perú, ingresa al banco de suplentes y todos lo reconocen. Al principio, el público de Alianza lo recibe con cierto rechazo. Cuando sale para el vestuario, le piden hasta fotos: es que a los buenos jugadores es imposible no reconocerlos.

Los últimos partidos, D’Alessandro estaba jugando de extremo por la derecha. Rafael Sobis o Paolo Guerrero hacían las veces de centrodelantero y Nicolás López iba por la izquierda. Esa zona de la cancha le permitía controlar con su pierna zurda hacia adentro y poder lanzarle a los delanteros. Pero en la práctica del día anterior en la Federación Peruana de Fútbol, en un ejercicio informal, se para detrás del punta, como los míticos enganches. Durante muchos años, cuando jugaba en River, a D’Alessandro se lo nombraba como el único jugador capaz de cumplir el rol que Juan Román Riquelme hacía en Boca. El fútbol, en su afán de sumar volantes centrales, extinguió esa posición de armador de juego desde el círculo central.

D’Alessandro ingresa en el segundo tiempo y se pone detrás de Sobis. No juega en demasiados metros pero tres características lo vuelven fundamental: 1- la técnica para controlar y que la pelota no se le escape; 2- su facilidad para moverse y encontrar espacios donde recibir; 3- la precisión para tocar y no perderla. “Un jugador de tanto nivel como D’Alessandro nos cambió el partido”, reflexiona en la conferencia de prensa Russo y es claro que fue así tras la victoria de Internacional en el final por 1-0.

Inter era en el primer tiempo un equipo largo, que no aprovechaba la potencia de sus delanteros ni la capacidad de estar en todos lados de Patrick, un extraordinario volante de los que ahora se denominan box to box, es decir área a área. D’Alessandro cambia eso. Al tocar la pelota, los brasileños no la pierden y eso les permite: primero, tener un ataque sostenido, siendo un conjunto más corto, con el total de los futbolistas volcados sobre el campo rival; segundo, al estar más cerca de la jugada, tener mucha cantidad de jugadores para recuperar más rápido y más cerca del campo rival.

El gol llega de una pelota parada y, en eso, D’alessandro es indispensable. Pese a que el 10 evita el contacto físico, debido a la gran cantidad de golpes que ha recibido en 20 años de carrera, es imposible no hacerle faltas.  No importa el resultado ni quién sea: los enganches como D’Alessandro, aunque el contexto no los ayude, todavía, emocionan.

Cerrar