Gustavo Alfaro, el nuevo técnico de Boca: ingeniero químico, Einstein, la lectura, la modernidad y su concepto de éxito

Dirigió quince equipos, ganó cuatro títulos, hijo de una maestra rural, lejos de la modernidad, fanático del conocimiento, estaba por retirarse y le llegó la oportunidad de su vida en Boca.

Gustavo Alfaro sabe de memoria el relato del día en que metieron preso a su papá por ser delegado sindical. Todavía no había nacido. Su viejo cambió de empleo y de ciudad: se instalaron en Junín, dejó la empresa de heladeras Siam en Buenos Aires y entró a los ferrocarriles. Le ganó una interna al peronismo y, por confrontación gremial, lo detuvieron. A los presos los hacían desfilar por la ciudad para mostrar lo que no se debía hacer. El tiempo le demostró otra cosa. Su mamá ponía el alma como maestra rural, dándole clase a la comunidad toba, un pueblo originario. Después nació él en Rafaela, pero por entonces el sacrificio no sólo era cultura, sino su gen: “Mi familia está forjada de la vocación del trabajo, los valores y el sacrificio. Es la única herencia que le puedo dejar a mis hijas y la única herencia que le puedo dejar de mi forma de ser y proceder a mis equipos”.

Alfaro puede sentarse a tomar un café y citar a Maquiavelo, a Fito Paez, a Juan Domingo Perón, al Che Guevara, a Arturo Frondizi, a Mario Benedetti, a Ernesto Sábato, a Camilo Cienfuegos, a Rodolfo Braceli y a varias escenas de películas. Es de los que explica desde esa óptica. Su carta de presentación -y de escudo- la pone en la voz de Albert Einstein: “Es mucho más fácil desarmar un átomo que un preconcepto”. A los 56 años, tras un año más que exitoso en Huracán -lo clasificó a la CONMEBOL Libertadores-, llega a Boca apenas seis meses después de que dijera que estaba en los últimos días de su carrera. 

Quince equipos diferentes dirigió: salvo Al-Ahli, todos en Argentina. Tiene cinco títulos: el Nacional B con Olimpo y el Torneo Clausura, la Copa Argentina, la Supercopa Argentina y la CONMEBOL Sudamericana -eliminó a River en la semifinal- con Arsenal. Nunca fueron un descarte para él los equipos de menor cantidad de hinchas y de presupuesto. Ahí radica una parte de lo que considera éxito: “Lamentablemente nosotros somos más exitistas que exitosos. Valoramos únicamente al que gana. Después hay un montón de cosas. Para mí tiene éxito un equipo que con un presupuesto muy bajo logra permanecer en la primera división y de pronto con recursos muchos más acotados se las ingenia para clasificarse a una copa. Son distintas formas de éxito, obviamente que no tiene lo que deslumbra que es el que da la vuelta olímpica”.

AFP Gustavo Alfaro Boca Copa Libertadores 2019

Su señalamiento descansa en su experiencia. Cuando ascendió con Olimpo, lo echaron y no lo dejaron dirigir la Primera División. Hasta que apareció Quilmes: lo subió y lo clasificó a la CONMEBOL Libertadores. Quienes lo conocen aseguran que su fuerte está en la capacidad de ver el detalle. El 13 de abril de 2005, contra San Pablo, perdió 3-1, pero se sintió realizado: había estudiado que el mítico arquero Rogério Ceni levantaba su brazo en las jugadas de pelota parada en que su equipo tiraría el off-side. Centro al segundo palo, la bajan y entran dos jugadores suyos libres. Lo sabía.

Le gusta lo mecánico, por eso se siente cómodo con el esquema 4-4-2, donde las funciones son más fáciles de internalizar y las responsabilidades más fáciles de respaldar. Lejos está de ser un fundamentalista del esquema: prefiere hablar de jugadores y, desde ahí, diseñar. Habla desde el pragmatismo, aunque eso también es una ideología. Un día le preguntaron por el Barcelona de Pep Guardiola y, como para graficarse, planteó: “Fue muy bueno porque permitió demostrar que el orden no conspira contra el talento”. 

“El liderazgo se ve, fundamentalmente, en los momentos de crisis”, da, como leitmotiv. “Los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para la superación. Así lo han demostrado tanto hombres como mujeres que con el único argumento de la tenacidad y el valor lucharon y derrotaron a las dictaduras más aberrantes de nuestro continente, porque el hombre sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos y a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”, cita a Sábato, para explicar lo que entiende que es una guía.

Le preocupa quedar expuesto como alguien que se tira flores. Evita la apariencia líquida de la modernidad: no tiene redes sociales ni usa chupines ni se cambia el corte de pelo. Su correlación con el tiempo es aggiornarse tecnológicamente y sociólogicamente. Mucho de su estilo pareciera remitir a Timoteo Griguol, aunque no lo cite tanto públicamente: una mañana llegó a Estancia Chica sin avisar -predio de Gimnasia de La Plata- para poder aprender del maestro. Hasta le repite a los jóvenes futbolistas aquel concepto del técnico campeón con Rosario Central y con Ferro: “Compren ladrillos, no un auto, que se pueden romper una pierna en un entrenamiento y no van a tener dónde vivir”.

AFP Gustavo Alfaro Boca Juniors Copa Libertadores 2019

Alfaro dice que un entrenador es un médico clínico: su deber consiste en dar el diagnóstico justo. Esa definición la dijo en una charla en la Universidad de La Plata, en una entrevista pública que le hizo la periodista Viviana Vila y, sobre eso, puso un asterisco: “Lamentablemente en el fútbol no hay derecho de igualdad y no se les dan las mismas posibilidades a las mujeres aunque tengan la capacidad de hacerlo”. Sus particulares observaciones devienen de una mirada que, desde antes de ser jugador, forja en el estudio: quedó a diez materias de recibirse de ingeniero químico. Pero la abandonó por el fútbol. Es que, más allá de que su viejo fue futbolista, a él el juego le apasionaba desde chico: era fanático de Racing, idolatraba al Chango Cárdenas y todavía recuerda con dolor el día en que Chacarita le ganó la semifinal del Metropolitano 68 a la Academia. Antes, fue a la escuela pública, a la que todavía elogia públicamente. 

A Alfaro, que se asume en el final de su carrera, le toca dirigir a Boca después de perder la final de la CONMEBOL Libertadores con River. Inicia su experiencia como técnico de uno de los equipos más populares del continente tratando de dar calma a un espacio eléctrico. Siempre ha sido crítico de muchos vicios de la cultura fútbol. Suele contar que el histórico periodista argentino, Félix Luna, estaba entrevistando al expresidente Frondizi y le consultó cuál era su momento más feliz en la política: “Cuando era oposición, porque podía criticar y exponer mis ideas sin ningún compromiso con la realidad”. Es su momento para demostrarlo y tiene la valentía para lograrlo.

Fuentes: Enganche, El Gráfico, Infobae, Olé y Clarín.

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